Operación Femme Fatale Chapter 1 #32
86%

Chapter 1 #32

Estuvimos abrazados toda la tarde charlando hasta que ambos decidimos irnos, porque él debía volver a casa con su madre y yo tenía que pasar por el hotel, ducharme e irme a cenar con James.

Como creo que, por parte de Elías, aquello no fue planeado, nos fuimos sin dar mucha explicación y sin decir nada más, por lo que yo no iba a provocar un segundo encuentro si él no lo demandaba. Sabía que estaba hecho un lío y yo no quería liar todavía más su agitada actual vida.

Me duché y me cambié de ropa, no quería que hubiese intercambio de energías de unos y otros y me fui a casa de James.

James era como un mosquetero, de esas personas superactivas, superleales y con el que te sientes protegida. Cuando estaba subiendo a su casa, me di cuenta de que no podía repetir con Elías por el bien de ninguno de los tres y, quizás, ni siquiera iría a ver a Dani a su gimnasio.

No os he dicho que he recibido un mensaje esta mañana de él soltándome una de sus nuevas ordinarieces en plan «¿Cuándo te veo, bombón?

», y eso me tira mucho para atrás. Creo que no se merece una repetición de la jugada, por mucho ADN deportista que tenga.

Además, ahora estaba un poco calvo, creo que su muestra me la iba a saltar, aunque baje mi porcentaje de éxito.

Lo había decidido, me volvía el viernes a casa y lo que me quedaba de tiempo se lo iba a dedicar a James, porque de verdad me apetecía. Dejaba el modo femme fatale al menos hasta que me fuese de allí.

Cuando llegué, como me suponía, todo estaba preparado, pero esta vez James había encendido velas y dispuesto la cena en la mesa baja de la sala de estar, al lado de la chimenea (¿qué se puede hacer con alguien así?

, ¿me lo llevo a casa?). Bromeo, pero, a cada paso, James me dejaba más abrumada.

Algún defecto tenía que tener, porque no entendía que a estas alturas siguiese solo (porque creo que lo estaba, no habíamos hablado del tema, se lo tenía que sacar).

La noche fue fantástica, como siempre, y no quise sacar el tema para no romper la magia. Pero por la mañana desayunando sí que le pregunté. Le dije en tono de humor para quitarle hierro al asunto:

—Jaimy, yo entiendo que hace mucho años, cuando no pude venir a aquel viaje en barco, te rompiese un milímetro de tu corazón, pero no me creo que un tiazo como tú no haya estado con nadie después… No tienes pareja, ¿verdad? —Y se echó a reír.

—¡Ja, ja, ja! Qué va, no estoy con nadie.

Bueno, literalmente, contigo, «tú verás».

Pero, bromas aparte, tuve una relación muy larga, prácticamente me casé, aunque la boda duró seis horas, cuando pillé en el propio banquete a mi supuesta mujer follándose a mi mejor amigo en el baño del salón de bodas.

—¡Qué me dices!

—No hice nada, hice como que no lo había visto, pero, cuando la fiesta terminó, me cogí mi coche y me fui a la casa de la playa.

A la mañana siguiente fui directo al registro civil a cancelar el matrimonio que ni siquiera les había dado tiempo de registrarlo, así que mi boda puede decirse que legalmente fue invisible.

—¿Y tu mujer? Digo, ¿ex-mujer?

—Ni siquiera lo fue. Por la mañana tenía mil mensajes y llamadas de ella, a lo que contesté con un mensaje diciéndole que lo nuestro había terminado, que les había visto en el baño, pero que, por respeto a los invitados, no había dicho nada.

Que no la quería volver a ver y que, por supuesto, se fuese de luna de miel ella, si le apetecía, porque no la quería ni ver delante.

A su vuelta, nada mío estaría en su casa y tendría todas sus cosas en cajas trasladadas desde la mía.

Lo último que supe es que se fue a la luna de miel con mi exmejor amigo.

Figúrate, qué par de sinvergüenzas, a saber desde cuándo duraba la farsa.

Y, por suerte, no nos habíamos decidido a comprar casa, porque no nos poníamos de acuerdo.

¡Gracias a Dios! Un episodio muy desagradable de mi vida y para olvidar.

¿Entiendes que esté solo? Bueno, contigo…

Pobre, claro que lo entendía, menuda faena, con lo buena gente que es James, porque él iba de ligón, pero nunca se había portado mal con nadie. Me acababa de quedar estupefacta. Cuántas infidelidades en el ambiente…

Lo que os decía, ahora ya razón de más para que no se me ocurriese dar ningún otro paso de mi plan en su presencia. Quería estar con James, aunque, como él decía, ya lo estaba...

Tenía tres días por delante y, aunque ya tuviese muchas muestras de otros en mi ser, con quien quería compartir fluidos de aquí hasta el viernes era con James.

Nos sentíamos súper a gusto y esa noche, de repente, él me dijo:

—¿Qué te parece si pasamos por tu hotel?

—¿Y eso? ¿Prefieres que durmamos allí hoy, o es que no quieres que me quede esta noche?

—No, no, me gustaría que fuésemos a por tus cosas, me gustaría que te vinieses a casa hasta que te marches si no tienes otros planes.

¡Qué mono! Pues claro que me apetecía venirme a semejante palacete y tener a este chico adorable a mi disposición… Sin dudarlo, le di un beso y salté gritando:

—¡En marcha!

Recogimos mis cosas, hice el check out y regresamos a su casa.

Esa noche dormimos como dos bebés. Yo, no sé por qué, sentía que me había quitado un superpeso de encima.

Los tres días que nos quedaban fueron fantásticos. Ambos trabajábamos por las mañanas y comíamos tarde para tener el resto del día para nosotros.

Una tarde quedamos con Juanma, que, como suele ser habitual en él, además de echarme en cara que lo había abandonado por su vecino una segunda vez, en un momento en el que James estaba al teléfono, me agarró del brazo y me dijo:

—¿Sabes que lo ha pasado fatal, verdad? Por favor, no lo destroces.

Eso, me hizo sentir un poco mal, Juanma sabía que era una loca y que siempre había vivido a mi aire, pero estaba claro su mensaje.

Ambos le importábamos, pero James no se merecía otro golpe.

Juanma era consciente que esto lo había buscado James, por lo que quizás era lo que necesitaba para volver a sentirse libre y confiar en alguna mujer.

Quizás conmigo, que estaba lejos, le sería más fácil.

La cosa se quedó ahí y me hizo ver lo buenos amigos que eran y éramos.

El viernes llegó y, como me pasó hace mil años, la última vez que dejé a James en la estación, me daba una pena que me moría irme. Creo que él estaba igual y ninguno de los dos quería sacar el tema.

Creía que se despediría de mí por la mañana en su casa antes de irse al trabajo, pero, como mi tren salía a las doce, me dijo que se había cogido el día para aprovechar al máximo ese rato conmigo. Jooo…, la cosa cada vez se ponía más chunga.

Odio las despedidas, no lo puedo soportar y, en este caso más, porque me hacía volver a mis veintipocos años, cuando en realidad tenía cuarenta y se suponía que era una mujer fuerte y fría.

James era mi héroe. Como sabía que estaba triste, se puso a hacer el payaso por todo el piso y, de repente, cogió el mando de Alexa y empezó a sonar la cantante Italiana y la canción que más me gustaba del cd que, hacía casi veinte años, me había regalado.

En ese momento, abrí la boca como una loca y comencé a saltar como él, abrazándolo.

Una cosa llevó a la otra y tuvimos el sexo más bonito y más apasionado de toda la semana.

Casi por los pelos, llegué al tren. Esta vez ya James no pudo bajar al andén y, siento decirlo, pero casi se me cae una lagrimilla por la mejilla cuando bajaba las escaleras mecánicas que conducían al tren.

Puff, ¡qué intensidad de semana! Había tenido de todo y, parándome a pensar, me daba cuenta de que los hombres con los que me crucé en aquella época y en aquella ciudad fueron fantásticos y lo siguen siendo.

Haciendo balance, Miki era un amor y un superamigo y, pese a que le había puesto los cuernos a su mujer (conmigo), su mejor amiga de la carrera no contaba. Fue una espina que nos teníamos que quitar y la cosa no pasaría de ahí ni trascendería.

Elías era encantador, me alegro de haberlo visto, porque sé que le vino muy bien un rato para sí mismo y poder escupir todo aquello que le estaba minando por dentro.

Me llamó estando ya en casa de James por si quería quedar, pero le dije que creía que no estaba bien, que debía poner su vida en orden y pensar qué quería de verdad.

Gran amigo y no habría dolor en nuestros actos.

James, qué gozada de semana a su lado. Me había removido por dentro y ahora estaba hecha un lío.

Era maravilloso y, después de todo lo que había pasado, tenía hasta remordimientos de este plan femme fatale .

Pero bueno, no me iba a volver loca, porque vivíamos muy lejos y él no me había propuesto amor eterno, ni siquiera si volveríamos a vernos (no sé si por miedo precisamente a escucharlo).

Ninguno de los dos hablamos de si habría una tercera parte.

Lo dicho, que me vuelvo a casa encantada, pero con varias horas de tren para seguir rallándome acerca de lo que voy a hacer en los próximos días.

Hoy es sábado y me he levantado de superbuen humor tras la intensidad de la semana pasada. Esto ha sido casi peor que la semana de cierre de resultados en mi empresa… Al menos, he dormido poco por buenas razones…

Esta noche, siguiendo mi plan, iré a ver a Chus, no con ánimo de nada, porque el domingo vuelo a Shanghái, pero al menos quiero ver si Rodrigo ha hecho acto de presencia o sabemos algo de él.

Tengo la maleta más que preparada, así que creo que el resto del día se lo voy a dedicar a mi peludo amigo, que hacía un montón de días que no lo tenía entre mis brazos, me da la vida.

Lo malo es que otra vez lo vuelvo a dejar en casa de Greta.

Ella está encantada y sus hijos más, pero el pobre Rufo debe de tener un lío mental con tantos viajes.

¡Oh, oh…!

Acabo de recibir una llamada de James…