Operación Femme Fatale Chapter 1 #31
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Chapter 1 #31

Tuve que inventarme un proveedor aquí para que la historia de quedarme toda la semana tuviera algún sentido.

No hubo problema, pero James quería verme más, por lo que me dijo que, por favor, le avisase cuando hubiese terminado o para comer (os digo que algo le estaba pasando por dentro, y no miento cuando escucharlo también me hacía removerme un poco a mí).

Quedé en avisarlo una vez, tuviese más o menos planificada mi agenda.

Lo primero que he hecho al llegar al hotel es escribir a Elías. Lo último que le había dicho es que, quizás, tuviese que venir por trabajo, por lo que le he confirmado que estoy aquí y que me gustaría verlo y tomarnos un café.

El pobre me ha respondido superrápido. Debe de estar fatal, y me ha dicho que sin problema, que nos vemos mejor si puedo para comer.

Así que he llamado a James para explicarle que me había contactado un amigo que tiene problemas familiares y que quedaré con él para comer, pero que, si le parece bien, nos veíamos por la tarde, que terminaría pronto.

Al principio, se ha puesto un poco celosillo y me ha preguntado quién era, a lo que le he respondido con total transparencia, porque tampoco sabe lo que pasó entre nosotros y yo tengo muchos amigos aquí.

Me había olvidado de que, al final, somos del mismo círculo y resulta que lo conoce, aunque de vista, menos mal, y había oído que estaba de vuelta, pero no sabía la causa. En fin, que previo sustito superado (al ver que no tenían relación alguna), he quedado con los dos mañana sin problema.

Ahora toca descansar. Ojalá pueda dejarme el día visto por la mañana y así no estaré pendiente del “pipi” infernal de mi móvil del trabajo cada vez que me entra un mail importante.

Bueno, chicas. Tras una mañana ajetreada, me he levantado a las seis para adelantar trabajo.

Como os comentaba, me voy a comer con Elías.

Deseadme suerte… No sé qué me voy a encontrar, hace mil años que no nos vemos.

Lo nuestro fue algo muy breve, pero está claro que conectamos.

Él está deseando verme y creo que quiere desahogarse conmigo.

Lo cierto es que me esperaba algo peor. Bueno, la cosa no es buena, pero me esperaba encontrármelo de luto, pero se trata de otro disgusto un poco menos definitivo.

¿Recordáis que os dije que se había puesto la foto de perfil con su madre y eso me sonaba a algo chungo? Pues bueno, por suerte, su madre no ha fallecido, aunque, por lo que me ha contado, ella se siente fallecida en vida. Lo que le ha pasado es digno de todo un culebrón.

Elías se casó, como sabéis, con su novia planificada de toda la vida y se fue a vivir lejos con la familia de ella, que, además, eran amigos de los padres de Elías.

Pues bien, hacía poco más de seis meses que Elías, en una de esas visitas de sus padres, que cada vez eran más frecuentes (él pensaba que era para verlos y ayudarles a ellos, porque están buscando un bebé y también les está costando), pero ¡NO!

Resulta que su padre se había liado con su suegra, llevaban así unos cinco años (que eso dicen ellos, pero vete tú a saber) y tenían una relación paralela a espaldas de sus respectivos cónyuges. ¡Muy fuerte!

Elías fue el que los sorprendió una mañana cuando regresó a casa sin avisar y los encontró acaramelados en el sofá. Por supuesto, él es el ojito derecho de su madre y aquello era una deshonra hacia la mujer que le había dado la vida y que se desvivía por él incluso ahora con cuarenta.

Montó en cólera, hizo las maletas, la suya y la de su madre, y se vinieron a su casa familiar, jurando y perjurándole a su padre que no intentase volver, porque la cerradura sería otra y pondrían una orden de alejamiento en cuanto entrasen en el país.

Además, para más inri, su esposa no había tenido la reacción esperada por Elías.

Al parecer, ella no lo veía mal, porque su madre hacía precisamente cinco años que se había quedado viuda, pero claro, ¿qué pasaba con su madre?

Porque ella estaba viva y bien viva. Para Elías aquello era imperdonable y se vino con su madre sin dudarlo.

¡Menuda papeleta! Realmente no me lo esperaba.

El pobre estaba hecho polvo y superfalto de hablar con alguien de confianza de estos temas. Nosotros, como sabéis, estuvimos poco tiempo juntos, pero siempre me dicen que se me da bien escuchar, por lo que para Elías fui como un soplo de aire fresco en aquel momento.

Además, a veces yo también me sentía así. Él había hecho su vida fuera y, al volver de repente, se encontraba sin amigos. La gente ya tenía su vida hecha y no le estaba siendo muy fácil el retorno.

La comida fue muy agradable y, al saber que me quedaba toda la semana, me pidió «por favor», os dije que era supereducado, si podíamos repetir. Le dije que claro, que iba a cuadrar mi agenda y le llamaba por la noche o al día siguiente.

Ahora me tocaba ver cómo me planificaba con James.

Yo creo que Elías querrá seguro algo más, aunque solo sea por los buenos tiempos y por su actual estado de ánimo y falta de cariño. Pero tengo al otro pimpollo dándolo todo y a ver cómo cuadro agendas sin que nadie salga mal parado y yo no me muera en el intento.

Esta noche seguro que duermo con James. Voy a ver cómo respira, pero preferiblemente en su casa, luego yo tengo tiempo y no quiero que en el hotel se crean que soy una chica de compañía, porque ya vieron a Miki.

¡Hecho! Me voy a casa de James esta noche, y he llamado a Elías y quedaremos a comer de nuevo mañana.

Le he dicho que, si quedamos una hora más tarde, sobre las tres, podré librar la tarde y así, si él puede, nos da más tiempo a vernos más.

Le ha parecido perfecto y el también intentará dejarse la tarde libre.

Acabo de conocer el piso de James. Se trata de un ático en una de las calles principales de la ciudad con vistas al puerto, como no podía ser de otra manera.

Es precioso, el edificio es de esos señoriales con balcones y cristaleras de forja, tejado de pizarra y todos los pisos tienen los techos altísimos y suelos de madera originales.

¡Me ha maravillado! Si viviera en esta ciudad, sin duda esa sería mi casa ideal.

Es muy James, cuadros superbonitos, alfombras amorosas y muebles de madera maciza, pero con un aire vintage moderno.

Y lo mejor, aparte de su cuarto, que es increíble, su bañera.

Siempre he dicho que hay que tener al menos una bañera en casa para esos días en los que no hay prisa y necesitas media hora en remojo.

En el tema casa, me ha convencido, es mi alma gemela.

Cena ligera y cama de plumas. La noche perfecta y, por la mañanita, un desayuno hogareño. Es tan mono que, cuando he salido de arreglarme, ya tenía la mesa preparada y un suculento desayuno esperándome.

—Te puedes quedar si quieres, me encantaría que estuvieras aquí a mi vuelta.

Tentador, pero había quedado para comer con Elías.

—Tengo que volver al hotel, debo asistir a varias reuniones online , pero ¿quieres que traiga la cena?

—No, tranquila, eres mi invitada y eso corre de mi cuenta. Como seguro terminarás más tarde que yo, te espero aquí.

Recogimos nuestras cosas y nos fuimos. En el ascensor, además de un millón de besos de los nuestros me dijo:

—Podría acostumbrarme.

¡Ejem! Creo que yo también, pero, por supuesto, no se lo dije.

A eso de media mañana, Elías me envió la ubicación de donde nos veríamos a las tres. Pensaba que sería en un restaurante como el del día anterior, pero esta vez era en una planta cuarta.

Cuando llegué, se trataba de un edificio antiguo de apartamentos y se notaba que el ascensor lo acababan de añadir en el hueco de la escalera de la mejor manera posible, porque era mínimo y solo cabían dos personas (y considero que no demasiado entraditas en carnes).

Cuando abrí el ascensor, él me esperaba con la puerta abierta.

Entré y aquello era un pequeño apartamento con una habitación y un salón, estudio y cocina todo en uno, muy cuco puesto.

Me explicó que se trataba del apartamento de soltero de su padre:

—Me lo he apropiado para trabajar desde aquí, ¡que se joda!

Nunca había oído un taco salir por la boca de aquel muchacho y creo que él tampoco, porque, cuando se escuchó, enseguida se dio cuenta y se excusó mientras me daba un abrazo. Pobre, qué buen chico, y qué mal lo estaba pasando.

—He pedido comida china. ¿Te importa? Como trabajo aquí, no me gusta que todo huela a frito, tú ya me entiendes. Normalmente como con mi madre en casa.

—No te preocupes, me parece perfecto.

Comimos y me propuso ir al cine. Se notaba que estaba supercortado y quería romper el hielo de alguna manera, así que le dije que, por mí, perfecto.

Tras el café, decidimos ir a los cines del centro.

Son los más antiguos, pero están en pleno centro, por lo que puedes ir andando y no te tienes que meter en ningún gran centro comercial lleno de gente.

Nos pusimos el abrigo y rumbo a por una buena película o, al menos, un buen rato en buena compañía.

Como os dije, el ascensor era mínimo y, una vez que se cerraron las puertas, estábamos tan cerca que, sin poder evitarlo, nos besamos.

Fue de esos besos que se nota que él estaba soltándolo todo por la boca, superapasionado y superdeseado.

Yo, por supuesto, me dejé llevar y, cuando llegamos abajo, le di al botón del cuatro y volvimos a subir. Le dije:

—Creo que el cine puede esperar, ¿no crees?

Y entramos en la casa como alma que lleva el diablo, directos al que fue el cuarto de su «infiel y asqueroso» padre.

Qué mono, todo siempre con Elías era como de cuento, superdulce, superamoroso. El pobre estaba deshecho, se notaba, y se notaba que necesitaba un desahogo no solo verbal, sino físico. Era casi como la venganza hacia su mujer y su propio padre (aunque nunca lo fuesen a saber).

Por mi parte, yo, además de hacer una buena obra, porque Elías lo necesitaba (con deciros que me dijo «Gracias»), había conseguido lo que venía a buscar, y era semen de buenísima calidad.