Operación Femme Fatale Chapter 1 #34
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Chapter 1 #34

El vuelo ha ido a las mil maravillas y, como dos enamorados, nos hemos ido al hotelazo de lujo que he reservado.

Estaba entre dos. Esta vez no me he ido a la costa, como la vez que vine a la convención, sino que he decidido reservar algo en el centro de la ciudad, ya que, como mi viaje era en realidad ocioso, quería poder hacer un poco de turismo.

Por suerte, me decidí por el Bellagio (no me preguntéis el pastizal que me he dejado), pero me lo merezco, estoy muy estresada y para eso tenemos el dinero, ¿no?

Para disfrutarlo de vez en cuando. Además, tiene vistas a toda la bahía y, sabiendo lo que le gusta a James el mar, es perfecto.

Espero poder salir del hotel en algún momento, pero es tan espectacular y él tan pasional que ya veremos.

Ay, chicas, me siento rara, porque me lo estoy pasando realmente bien.

James es encantador y superculto. Estamos teniendo unas conversaciones de lo más interesantes.

Sabe un montón de cosas sobre la cultura asiática.

Con eso del comercio internacional, ha viajado varias veces a diferentes zonas y me está dando unas clases…

interesantísimas (reconozco que mi vida ha estado tan centrada en el trabajo y focalizada en mi sector que me he perdido mil cosas interesantes.

Me siento hasta un poco ignorante en estos momentos).

He decido ver a Vincent para saludarlo, es feo escribirle desde el avión para vernos y luego no cumplir.

Le he explicado a James que me gustaría poder ver a un excompañero de trabajo y le ha parecido estupendo, ni me ha preguntado y ni siquiera le ha extrañado lo de mi viaje a Asia.

Lo que no le ha parecido tan bien es que quisiera ir sola, pero le he explicado que no contaba con viajar acompañada y a los asiáticos los cambios de última hora les rompen los esquemas y que, como solo sería algo rápido (y no penséis mal), lo he dejado en el gimnasio del hotel disfrutando de la piscina. En un rato estaré de vuelta.

La comida con Vincent ha sido estupenda, me alegro de haberlo hecho, sigue siendo majísimo.

Qué bueno, ¡me ha ofrecido trabajo (ni que me hubiera estado espiando)!

Me ha dicho que por qué no regreso a la empresa.

Mi proyecto fue tal éxito que me echan muchísimo de menos y que, si quiero formar parte del equipo de Asia que él dirige ahora mismo (y un poquito gracias a mí), que siempre tendré las puertas abiertas.

Hemos quedado en un restaurante chulísimo.

Aquí en Shanghái te citan en un edificio que a simple vista es de oficinas, subes a la planta que te indican y te encuentras con unos restaurantes increíbles, muy rollo Nueva York.

Eso sí, siempre es mejor ir con una persona local que sabe dónde te dan bien de comer de verdad. Estaba todo exquisito.

Como os digo, la comida fue de maravilla y Vincent un cielo. Intentó tantear el terreno (sabía que en caso de necesitarlo esta presa era fácil), pero, al decirle que había venido acompañada, pilló la indirecta.

—Quizás en otra ocasión, cuando te vengas a trabajar conmigo.

He decir que otra cosa no, pero tenaz sí era.

Nos despedimos muy cariñosamente y decidí volver al rescate de mi rubiales favorito.

Todavía seguía en la piscina, arrugado como una uva pasa, así que le dije que saliera del agua, que nos esperaba una noche de fiesta asiática.

Había aprovechado mi encuentro con Vincent para que me diese sitios interesantes que visitar en la ciudad y teníamos que aprovechar los días que nos quedaban para disfrutarlo al máximo.

La semana se nos estaba pasando volando.

Era increíble la complicidad y el buen rollo que existía entre nosotros, pero yo me empezaba a preocupar.

¿Qué significaba aquello? Os recuerdo que vivimos en ciudades alejadas y tenemos nuestras vidas y casas cada uno en una punta.

No quiero pensar más allá, pero ¿qué va a pasar?

No me quiero pillar si luego se queda en un viaje de desenfreno sin más…

Uff, me empiezo a rayar y se supone que yo soy la femme fatale .

Hoy algo ha sucedido. James, mientras paseábamos por los aledaños del hotel, me ha cogido en brazos y me ha dicho:

—Creo que debemos de ser los primeros que se han ido de luna de miel sin casarse primero, ¿no crees? Quizás haya que solucionarlo.

En ese momento me bajé de sus brazos asustada, preguntándole que a qué se refería. Me dijo que no quería que volviera a desaparecer de su vida, que estaba feliz a mi lado y que quería ir más allá. Que si yo quería, nos casábamos ¡ese día y allí mismo!

Pero ¿qué locura es esta?

Uff, creo que, por mi cara, se dio cuenta de mi agobio repentino y me dijo que tranquila, que mejor a la vuelta, pero que era algo que teníamos que pensar y que él estaba dispuesto a dejarlo todo y venirse a vivir conmigo, que no me dejaría escapar (esta frase empieza a ser recurrente).

¿Y ahora qué hago? ¿Estoy segura de que esto saldría bien? ¿Se va a acostumbrar al ritmo de la gran ciudad y dejar de lado el hecho de que no hay mar? Y, lo más importante, ¿lo tengo claro yo?

Madre mía, qué liada. Esto sí que supera cualquiera de los planes preestablecidos. Yo iba a ser madre soltera de un niño y un perro. ¿Qué hago?

Tras un par de gin-tonics , imaginaos lo mal que estaba, que me había dado a la ginebra, que la odio (bueno, lo cierto es que no había ron), decidimos no amargar el final del viaje y pensar las cosas con calma una vez volviésemos.

El plan era que él regresase a su casa, pensase fríamente si sería capaz de dejarlo todo lejos del mar y yo, igualmente, si estaba dispuesta a compartir mi vida con él.

Si os soy sincera, creo que sí que estaba dispuesta, James era espectacular y creo que funcionaría, pero, si al final eso pasaba, nos tendríamos que mudar.

Mi casa era un pisazo, pero quizás no estaba enfocado a un plan familiar y, si quería hacer feliz a James lejos del mar, teníamos que vivir en una casa que nos gustase a los dos.

Alquilaría mi piso y buscaríamos algo acorde a los dos.

Además, con el buen gusto de James encontrando y decorando casas, ese tema no me preocupaba lo más mínimo.

Madre mía, las vueltas que da la vida. Cuando les cuente a Emma y a Greta que he pasado de mi plan folloamigo a estar a punto de casarme con alguien, se van a caer de culo.

Pero bueno, no adelantemos acontecimientos, que ahora la decisión está en manos de James. Al fin y al cabo, es el que más tiene que perder y el que a más cosas renuncia en todo este nuevo plan.

Por si acaso, le he dicho que esta vez, por favor, nada de sorpresitas y de silencios, que me dijese las cosas muy claras, porque el tema era serio.

Volvimos a Occidente e hicimos lo acordado: él se iba a su casa, tomaría la decisión definitiva y en dos semanas hablaríamos de en qué quedaba su preluna de miel. Antes me pidió venir a casa para ducharse y emprender el resto de su viaje. La verdad es que era una paliza.

Tras su ducha y un último revolcón, se fue definitivamente hasta nueva orden. Sabría el desenlace en quince días… ¡Qué nervios y qué barbaridad! No sé ni lo que estoy haciendo. Eso sí, estoy muy feliz. Hasta me da por llorar, ¡será posible! Debe de ser esta locura que ni yo me la esperaba.

He ido a recoger a mi peludín y, de paso, le he contado a Greta un poco por encima lo que acababa de pasar (no daba crédito, claro). Según ella, acababa de romper cualquier estadística o probabilidad posible, estaba alucinada.

Rufo y yo nos volvimos a casa. Estaba derrotada y ahora sí que notaba el jet lag , así que caí rendida en la cama. De hecho, ni me puse el pijama, porque no me dio ni tiempo.

Esta mañana me he despertado con un ligero dolor de cabeza y ¿sabéis cuál era la causa?

Además de que caí encima de la cama como un saco de patatas, mi querido James (no sé cómo llamarlo de momento) me había dejado una sorpresa debajo de la almohada, que era eso lo que se me había clavado toda la noche.

Aparto la almohada y me encuentro un pequeño paquetito con una nota.

La nota decía « No me hacen falta dos semanas, y sí, te lo dije.

Te quiero » . Y debajo de esta nota que ahora os explico había ¡¡¡un anillo precioso! !! Pero ¿cuándo lo había comprado?

Estoy alucinando, es ideal, ¿o no? Resulta que lo de que sí me dijo se refiere a que no sé si recordaréis que por teléfono se le escapó un fugaz Te quiero .

Pues bueno, yo le vacilaba en China todo el tiempo con eso, porque tan grandullón como es le daba un poco de vergüenza.

Entonces ahora lo reconoce abiertamente, que sí que me lo dijo, ¡qué mono!

Esto se supone que es una pedida en toda regla, ¿no?

Bueno, se sale de cualquier regla, pero como todo en mi vida estos últimos meses.

Creo que ya puedo decir que me lo puedo tomar en serio, ¿no os parece?

Ay, ahora mismo lo llamo. ¡¡¿Cómo puede ser tan perfecto y además ser casi mío?!! Digo «casi», porque hasta que no lo tenga aquí conmigo no será del todo cierto (por si las moscas).

Puff, chicas, qué paz siento. Creo que me empiezo a creer que voy a tener un final de película romántica. Quién me ha visto y quién me ve… Menuda femme fatale .

Ayer hablé con James y ya está preparando todo.

Tiene la decisión tomada y, además, no tiene que dejar la empresa del todo.

Hay parte del negocio que puede hacer a distancia y podrá viajar de vez en cuando.

Ha sido menos complicado de lo que parecía todo.

En diez días se viene definitivamente a instalarse conmigo. Madre mía, no me lo creo.