Chapter 1 #29
Como era de esperar, una copa. Esta vez él estaba detrás de la barra charlando con gente y se hizo un poco el interesante al principio (pero forma parte de nuestro juego, somos los dos bastante perrillos, pero creo justamente eso era lo que nos enganchaba tanto).
En una de estas, vino a invitarme a otra y me dijo:
—Hoy no te me escapas.
Pues lo dicho, hoy no me voy a escapar como el otro día. Es más, mi plan es, sea en su casa o en la mía, terminar la noche juntos para poder tener pie a charlar del «otro» (ya sabéis).
Entre copa y copa, me fui al baño y me sorprendió por detrás diciendo:
—Hoy aquí no puedo, pero luego te recojo, porque ese modelito… es de mi propiedad, y lo sabes.
¡Lo veis! Le vuelve loco este vestido, no lo puedo entender, tengo otros mucho mejores, pero para gustos…
Ese día el local estaba a rebosar y no era fácil estar con Chus como el primer día, pero, como sabíamos ambos que hoy no nos escapábamos, esperé a que viniese a por mí y nos fuimos a su casa (mejor a su casa por si, en un despiste, se me había olvidado algo de mi plan a vista de cualquiera, ya me entendéis).
La noche transcurrió como era de esperar, pasión a saco y me quedé a dormir.
Como prometí, no me escaparía. Por la mañana desayunamos juntos y nos dio pie a charlar sobre nuestras vidas.
Yo saqué justamente el tema de nuestro pasado y cómo nos habíamos conocido para que saliese a la palestra el nombre de Rodrigo.
Le pregunté que qué tal le iba, que ya sabía que era todo un padre de familia y que, por favor, le diese la enhorabuena de mi parte.
Esa era mi táctica. Yo los conozco y, aunque amigos, los piques entre tíos y, sobre todo, si hay tía de por medio, no fallan.
Sabía que él, por darle celos a Rodrigo, le daría mi mensaje y automáticamente Rodri le preguntaría que dónde me había visto.
Seguro que el próximo sábado o, si me apuras, el jueves aparecerá por el local de Chus a echar un ojo. Lo conozco.
Nos despedimos y quedamos en vernos de nuevo si me dejaba caer por el pub . No era muy tarde, pero me tenía que preparar, ya que en nada tenía que coger un tren para mi semanita universitaria.
El trayecto se me ha pasado volando. Estoy como nerviosa e ilusionada por ver a todo el mundo. Y, por supuesto, por seguir pasando fases de mi plan maestro.
Lo primero, aterrizar en el hotel y prepararme para la gran cena.
Tras una buena ducha, momento maquillaje y peinado, estoy lista para desplegar todo mi encanto. En un rato os cuento como ha ido.
El sitio es estupendo, muy agradable y la comida, como siempre por aquí, espectacular, aunque lo mejor es el vino blanco afrutado y muy frío, como a mí me gusta.
En un principio, lo típico, saludas a todo el mundo, hay a personas que no ves casi desde la carrera y lo cierto es que casi todos hemos evolucionado y madurado.
No sabía dónde sentarme, porque tampoco quería ser muy obvia e irme directamente con los chicos, así que decidí sentarme con mi pandilla de chicas, pero la más cercana a los demás.
Era una gran mesa corrida, pero, como no podía ser de otra manera, mi gran «amor», mi «prefe», como yo llamaba a Juanma, se vino a sentar a mi lado, y claro, «culo veo, culo quiero».
Miki corrió a sentarse en el mismo sitio, pero del otro lado, enfrente de Juanma y, por tanto, de mí.
Son como niños, hay cosas que no cambian y estos dos son como Zipi y Zape, los adoro.
La cena fue estupenda. Además, esa situación estratégica me permitía hacerme la coqueta y conscientemente mirar a Miki como yo sabía hacer para resucitar la chispa.
Hablamos un montón, teníamos que ponernos al día, y lo típico: trabajo, casas, coches, viajes, familia…
Sí, casi todos tenían familia, pocos eran los que, como yo, habíamos priorizado nuestras carreras, por lo que había sido un acierto aquella cláusula de «NO PAREJAS».
Pese a ello, se notaba que la gente estaba liberada de cargas y venía con muchísimas ganas de pasárselo bien.
Tras la cena, nos fuimos todos a nuestra discoteca favorita, aunque ahora el público había cambiado, claro.
Seguía siendo un lugar de moda para universitarios, así que ya os imagináis.
Al principio, nos miraban con cara rara, pero, cuando vieron que aquellos «puretas» teníamos más marcha que los jóvenes, la pista se convirtió en una verdadera fiesta sin control.
—¡No me lo creo! —Mi amiga Elena, casada y requetecasada, de repente estaba tonteando con César de nuevo…
¡Ala! Estuvieron juntos hasta el último curso y aquella ruptura fue sonada… Madre mía, a lo mejor hoy también reviven viejas pasiones (ya no me siento tan mal, la gente está desatada)…
De momento, mi plan era bailar con Miki hasta forzar lo que sea y que terminemos juntos, pero, por otro lado, intentar quedar con Juanma mañana para tomar un café y poder sonsacarle algo de James.
Lo primero espero conseguirlo, pero para eso hay que emborrachar a Miki (y en su justa medida, os recuerdo el KO técnico de nuestra primera vez).
La noche estaba superanimada: mil copas, mil bailes y mis dos chicos cerca como en nuestros mejores tiempos.
Me voy al baño un segundo y… mira que soy planificadora y analizo los riesgos, pero este no lo vi venir.
¿Os acordáis de que había puesto un anuncio en el tablón de la universidad?
Pues bien, había funcionado y, cuando salgo del baño en medio de la pista, me encuentro a los «tres mosqueteros»: Miki, Juanma y ¡¡¡James! !!!
¿Qué hacemos ahora? Miki se va mañana, por lo que o cae hoy o no será posible, porque regresará con su familia y se acabó posibilidad alguna de rememorar los viejos tiempos.
Es hoy o nada. Pero conociendo a James, a ver quién lo para o qué excusa le doy para que hoy no pase nada.
Si está aquí y con ellos, está claro que es por mí.
¡Ay, Dios! Voy a pedirme una copa y ver cómo capear el temporal.
He pensado que sí o sí la noche tiene que ser de Miki, se lo merece y tenemos derecho a quitarnos aquella espinita. Además, ya ha sido padre, por lo que sé que sus bichitos funcionan.
Voy a intentar encontrar un momento para charlar con James y decirle que esta noche comparto habitación con alguna compañera, pero que, a partir de mañana, estaré aquí hasta el viernes (que no se me vaya la pinza, que tengo que ver a Elías también, y el viernes gym con Dani).
Pero no nos liemos y vivamos el presente, que ya bastante liado está.
En cuanto me fui a la barra, James el magnífico se vino también a pedir. Seguía igual de cautivador, con ese aire bohemio y con esa luz en sus ojos que te hipnotizaba. Alguna arruguita que otra, pero todas «líneas de expresión»., Estaba tremendo, como siempre.
Me preguntó qué plan tenía para después y le dije que creía que lo tenía complicado por lo de mi compañera de cuarto, a lo que contestó que eso no era problema y quizás mi compañera dormía sola…
, pero claro (¿qué contestas a eso?), le dije que era complicado, porque era la cena de la escuela y no quería dejarlos, que me diese su nuevo móvil, os recuerdo que no lo tenía, y que, si podía escaparme, lo llamaría, pero que, si no, seguro mañana quería verlo.
Inmediatamente, sacó su móvil y me lo dio para que marcase el mío y poder guardarlo. Automáticamente, me hizo una perdida y yo lo guardé. ¡Perfecto! Ya lo tenía localizado.
Mi respuesta le sirvió a medias. Puso un poco de cara de pez, pero, al decirle que me quedaba toda la semana, se le pasó de inmediato.
La noche continuó muy bien, aunque, con mis ahora tres guardaespaldas, motivar a Miki me estaba costando un poquito.
En otra de mis visitas al baño, tras haber terminado de mear (hacer pis queda más fino, perdonad), cuando ya salía a lavarme las manos, entra James y me aborda sin medida.
Me encierra de nuevo en el cubículo del que acababa de salir y nos enrollamos como si hubiera sido ayer la noche en la playa totalmente calados.
Pudimos llegar a la fase dos, pero yo lo paré a tiempo.
No podía tirarme a James en un baño a la desesperada.
Viendo sus intenciones, tenía toda la semana (aunque tampoco sé si tiene familia, pero ganas no le faltan, por lo que seguro que saca hueco).
No quería ser una golfa justo antes de poder tener mi noche con Miki.
Eché a James del baño, enredé un poco y, cuando salí, me fui directa a pedir para disimular.
Miki vino a mi encuentro y pidió conmigo.
Su sonrisa era especial y sus ojos de pícaro me recordaban tantas buenas cosas.
.. Me preguntó que dónde me quedaba. Él tenía su casa familiar en la ciudad, por lo que la cosa pintaba mal.
Y Miki no era de los de un «aquí te pillo, aquí te mato» en el baño.
Se me acababa de caer el mundo encima. Pese a nuestra complicidad, nuestra amistad, nuestro cariño nos hacía controlar mucho nuestros movimientos.
Además, él era padre de familia. No sabía qué iba a pasar, sus miradas me indicaban su todavía presente atracción por mí, pero, quizás, era demasiado formal a estas alturas, no se iba a atrever a venir a dormir.
En fin, lo había intentado y mis cebos estaban por toda la pista, pero no podía fastidiar nuestra amistad si no salía de él.
Continuamos bailando y riendo, la única que tramaba cosas en aquellos momentos era yo mientras el resto lo daba todo.
Decidí olvidarme y unirme a la marabunta. ¡Qué risas! ¡Qué simpática la gente! Y qué cogorza más maja me acababa de pillar. Después de todo, mi idea de la cena había sido todo un éxito y poder ver a todos mis compañeros fue genial.