Chapter 1 #20
Todos estaban ya bajo las mantas, menos Unai y yo, que estábamos pensando quién subiría primero a la cama.
Tras varios intentos, la cosa no era fácil y, además, no podíamos encender la luz para que no se despertasen el resto de habitantes de la residencia.
Conseguí subirme arriba, pero cuál fue mi sorpresa que, cuando estaba arriba intentando ayudar a Unai a subir, nos dimos cuenta de que en la litera de enfrente, la de arriba, ¡había una chica durmiendo! ¡¡Oh, Dios!!
Me di tal susto que me caí de la cama y pegué un grito. La chica se despertó, así que, antes de que nos pillara, cogí a Unai y salimos corriendo de la habitación, descalzos, hacia los baños.
El suelo estaba helado, pero no nos quedaba otro sitio. Acabábamos de ser descubiertos y yo rezaba para que la chica, con el susto de mi grito, la oscuridad del cuarto y el aturdimiento de su sueño desvelado, no se hubiera percatado de la presencia de Unai.
Nos metimos los dos en un cubículo (WC) para que no nos viesen y, tras unas buenas risas recordando el momento, enseguida nos pusimos a tono y se nos olvidaron los miedos.
Fue un polvazo en toda regla, y el hecho de estar en un metro cuadrado y con el riesgo de ser pillados, todavía nos había puesto mucho más «receptivos». Vamos, que salieron chispas.
De buenas a primeras se abre la puerta del baño y se oye una voz de una señora mayor:
—¿Hay alguien? Juraría que he oído algo… ¿Hay alguien?
Unai me tapó la boca y, enganchados como estábamos, levantamos los pies para que nadie nos pudiese ver por debajo. Tras varios minutos manteniendo el equilibrio encima del WC, parece que la señora, imagino que era una monjita, decidió volverse a la cama.
¡Puff, por qué poco! Nos miramos, miramos el reloj y todavía quedaba más de una hora para que saliese el sol, así que… repetimos.
Justo cuando estábamos saliendo del baño salían los demás en nuestra búsqueda con los zapatos en la mano. Teníamos que sacar a los chicos de allí antes de que se despertasen las monjas.
Bajamos y Marga les abrió la puerta. Unai y su amigo con el que se había liado Sofi se iban al día siguiente a su ciudad, así que ya no nos veríamos más, pero Marga le dijo a Teo que hablarían más tarde.
Nos habíamos librado de una buena cuando, subiendo las escaleras, aparece una monja y nos dice:
—Señoritas, menudas horas de llegar son estas, ¿no? Noches alegres mañanas tristes, ya me lo dirán luego.
Nos reímos y corrimos a la habitación. ¡Por los pelos!
Marga tenía que volver a casa para comer con sus padres y quedamos en vernos por la tarde, así que yo me coloqué en la litera de abajo y así me evitaba tener que ver a esa chica frente a frente.
La pobre, cuando entramos, ya se había vestido y se iba a misa.
Nos preguntó si habíamos visto u oído algo raro aquella noche y lo negamos todo.
Nosotras éramos dos y estábamos en la cama de abajo, lo habría soñado.
Pudimos echarnos una cabezadita bastante larga, porque la chica no volvió a aparecer. Nos duchamos y salimos a comer por ahí, porque habíamos quedado con Marga sobre las cinco.
Quedamos en el centro, pero un poco antes de reencontrarnos recibo un mensaje de ella diciendo que, por favor, le siguiese el rollo, que casi la había tenido con su novio.
Yo no sabía a qué se refería, pero, si la tenía que salvar y estaba en mis manos, estaba claro que no lo dudaría.
Llegamos a su encuentro y no os perdáis la estampa, Marga, su novio y Teo (¿Hola? ¿Qué nos habíamos perdido?).
Marga, antes incluso de dejarnos decir nada, con sus artes de persuasión, suelta:
—Qué bien que ya estás aquí, el pobre Teo como no sabía llegar a tu hotel ha venido a buscarme para poder volver a verte. Se ve que le supo a poco lo de anoche, ¿no, Teo? (¿Hotel? ¿Lo de anoche?).
Pero ¡qué tía!. Lo suyo era la interpretación. Yo me sonreí y, de repente, Teo me coge de la mano y me dice susurrando:
—Sígueme el rollo, no hay problema está todo hablado.
Pues nada estaba todo hablado, a seguirles el rollo, la cara de Sofía ni os la cuento, y el novio de Marga no se estaba enterando de nada. Madre mía, ¡menudo panorama!
Total, que mi amiga había quedado con Teo para decirle que, por favor, se olvidase de lo de la noche anterior, que tenía novio y que eso no podía salir de allí.
Y justo cuando lo estaban dejando claro, aparece su novio.
Lo primero que se le ocurrió fue lo que os acabo de contar, pero claro, no se podía esperar la reacción de Teo que vendría después.
Pasamos la tarde todos juntos y, supuestamente, yo me había liado con Teo en la fiesta y decidí quedarme mientras Marga y Sofía volvían al «hotel» (os recuerdo que el novio de Marga se creyó que dejábamos la fiesta cuando él se fue).
Yo, como siempre, quedando de la culpable de todas las fechorías de Marga, pero ya estaba acostumbrada a encubrirla.
Con lo que no contaba Marga era con el orgullo de Teo, claro.
De repente, se estaba sintiendo superutilizado, pero el chico, que de tonto no tenía un pelo, decidió darle la vuelta a la tortilla.
Toda la tarde no se soltó de mi lado e incluso me daba besitos que al principio eran como piquitos, que yo pensaba que eran para seguirle el rollo a la bola que había contado Marga y parte de su interpretación, pero, con el paso de las horas, el chico se estaba emocionando y los picos cada vez duraban más.
Claro, yo no sabía qué hacer, Marga tampoco decía nada, porque no podía ni respirar con su novio presente, con lo que la más normal y la que no daba crédito de todo aquello era Sofía, que, tras la cena, dijo que prefería volver al «hotel».
Yo estaba atada de pies y manos, Teo no estaba dispuesto a irse y yo tenía que hacer como que me gustaba.
Nos tomamos unas copas y la cosa se animó, en mi caso para bien, en el caso de Marga, no lo tengo yo muy claro.
Llegado a aquel punto en el que la trama seguía su curso y con un par de copas encima, ya nos daba todo igual, Marga se puso cariñosa con su novio y Teo hizo lo propio conmigo, así que yo me dejé llevar.
El chico era muy mono y resultó ser encantador.
Pese a que lo había empezado todo para vengarse de Marga, luego me dijo que se lo estaba pasando superbién conmigo y terminamos él y yo en su casa.
Creo que al final mi noche fue mejor que la de desquite de Marga, al menos más larga y en mejor cama.
El mosqueo de Sofía ya os lo imagináis. La pobre sola en la residencia de monjas a 300 kilómetros de casa, llorando porque se sentía mal por haberse liado con otro cuando todavía estaba colada por su ex.
Y Marga, contra todo pronóstico, no estaba enfadada, y menos mal, la lianta era ella. Yo solo le había hecho el favor, ¿no?
Nunca más volvimos a vernos ni con Unai ni con Teo.
Unai era AMABLE, SIMPÁTICO, GRACIOSO, GUAPO, SEXUAL y CARIÑOSO.
Y Teo era LISTO, INTRÉPIDO, GUAPO, ATRACTIVO, INTELIGENTE y, aunque no lo parezca, DULCE.
Los voy a catalogar como:
Unai SIMPÁTICO y TRAVIESO.
Teo MONO y ATREVIDO.
V
Vincent – Este es ya de mi época algo más madurita, pero no menos rocambolesca.
Estaba trabajando para una gran multinacional y me habían invitado a presentar un gran proyecto en la sede de Asia.
Yo estaba encantada, era la promesa de la empresa y encima me sabía la presentación de memoria.
Estaba feliz por el viaje a gastos pagados y, aunque no conocía al equipo de Asia, muchos eran españoles, por lo que no tendría problema por sentirme sola o desplazada.
El viaje fue un poco largo, la verdad, pero, en cuanto vi el hotel, un resort paradisiaco se me quitaron todos los males de repente.
Tenían todo planificado: primero, había un evento en el hotel para conocernos y una cena informal; al día siguiente, la gran presentación en la oficina y, tras ella, una gran fiesta de nuevo en el hotel, esta vez de etiqueta y a todo lujo.
El evento resultó ser un cóctel de pie y, pese a que era informal, yo siempre intentaba ir mona, que no dijesen que la española no sabía estar a la altura. Me puse mi vestido verde estilo pareo y la verdad es que en aquel entorno iba que ni pintado.
Intenté fichar a los compañeros para ver quiénes tenían cara de español.
Teniendo en cuenta que estaba en Asia, no pensaba que me fuese a costar mucho, y cuando más o menos había localizado a una mesa que parecía que se lo estaban pasando bien y me dirigía a acoplarme a ellos, se interpone en mi camino el grupo de los jefazos.
Como os decía, mi presentación del día siguiente había creado muchísima expectativa, iba a significar el antes y después de cómo entendíamos el negocio hasta el momento y ese grupito de señores maduritos estaban deseando que les anticipase algo de mi presentación.
Por supuesto, cosa que no hice, tenía que guardar la emoción y el misterio hasta el día siguiente; pero me cortaron totalmente mis intenciones de unirme al grupo divertido y me tuve que quedar con ellos mientras duró el cóctel.
Como estaba entre jefes, no podía ni beber mucho ni dejarlos plantados por otro grupo, pero, cuando ya las conversaciones se volvieron demasiado formales y aburridas, decidí poner la excusa que siempre cuela del jet lag .
Todos lo entendieron e incluso me aconsejaron que me fuese a la sauna antes de dormir, que me ayudaría a limpiar mi cuerpo de las toxinas del viaje, ya sabéis como son estos asiáticos.
Lo dicho, que me pude escapar y me subí a la habitación.
Pero, mientras subía en el ascensor, había una pantalla en la que se anunciaban las instalaciones del resort y teníamos el spa , piscina climatizada y sauna disponible en el ático, así que me picó el gusanillo de hacerles caso a los jefes y limpiar mi cuerpo de toxinas.
Entré en la habitación que era increíble, todo enorme y lleno de detalles. Y, además, mi empresa me había dejado una cesta de bienvenida llena de fruta, botellas, chocolates, flores… Increíble.