Chapter 1 #19
La fiesta era en un sitio enorme en el que normalmente había un ambiente un poco rarete, mucho pastillero y música techno , pero aquella noche la habían transformado y estaba lleno de color, glamour e ilustraciones de diseño, incluso un fotocol a la entrada, supongo que para los galardonados.
Como la entrada incluía barra libre, nos pusieron una pulserita en la entrada y directas al ropero a dejar el abrigo para empezar a brillar (lo digo por las lentejuelas).
Había de todo: mucho friqui, ya sabéis que los de publicidad creativos suelen ser muy friquis; y luego gente muy mona y emperifollada; otros más estirados… Lo dicho, había de todo un poco, variadito.
Decidimos pedirnos una copa, más de uno se hacía el gracioso con lo de «¿Te invito a una copa? ¡Que no te falte de ná!». Graciosetes por lo de la barra libre…, y el ambiente empezaba a animarse un montón.
Tras varios intentos de entablar conversación, nos dimos cuenta de que todos estaban como metidos en sus burbujas de gente «guay».
Todos hablaban de rodajes, de spots y de no sé cuántos palabros más que a nosotras ni nos iban ni nos venían, y fue entonces cuando nos miramos e hicimos un parón de «nos tenemos que ir al baño», porque aquello tenía que dar un giro.
Nuestras profesiones nada tenían que ver con todo aquello y, cada vez que alguien nos preguntaba qué hacíamos allí, la respuesta sonaba aburrida o fuera de lugar, así que se me ocurrió el plan perfecto.
Había puesto mi mente a trabajar y aquello era imparable.
Decidí, que aquella noche, las «guays» seríamos nosotras y acabábamos de cambiar de profesión.
Greta se acababa de convertir en actriz PORNO, muy demandada en Francia, y yo era su productora. ¡A tomar por culo (perdón por el taco, pero lo sentimos así)! Quién iba a fardar ahora, ¿eh?
Dicho y hecho. Después de varios minutos de risas incontrolables en el baño por ambas partes (ya os dije que de la risa de Greta era imposible escapar), salimos de allí siendo las divas de la noche.
Además, habíamos quedado en que, si nos acosaban petardos, diríamos que éramos pareja para espantar a moscardones.
El plan estaba hecho y éramos imparables, era como si esa falsa identidad nos hubiese subido la autoestima a los cielos.
Empezamos a bailar y a darlo todo y parecía como que nuestra reciente seguridad atrajese a los chicos, porque en un momento estábamos en un lateral de la pista en el centro de una nube de chicos dándonos bolilla.
Claro, ahora cada vez que nos preguntaban a qué nos dedicábamos o por qué estábamos allí, los tíos se quedaban como descolocados, pero de asombro y curiosidad. Parecía que les encantaba y nosotras nos tronchábamos por dentro y por fuera.
En un par de horas ya se había corrido la voz entre los tíos y, de vez en cuando, nos venían a presentarnos a otros.
La de veces que dijimos lo de que estábamos ahora preparando planos para una nueva serie francesa o buscando nuevos emplazamientos para un rodaje (no teníamos ni idea de nada, pero colaba todo el tiempo).
Otra cosa no, pero lo que nos pudimos reír esa noche. Greta y yo nos alargamos la vida unos cuantos años (dicen que la risa lo provoca).
Entre unos y otros, se acercaron dos chicos que resulta que eran cámaras, pero eran de lo más normal que habíamos conocido esa noche: pintas de tíos normales, ropa normal, modales normales, sin mucha tontería, así que empezamos a hablar con ellos.
Uno se puso a hablar con Greta y la verdad es que se notaba que le gustaba un montón, aunque bueno, aquella noche Greta tenía un morbazo para todos, imaginaos, actriz porno a la francesa.
Yo me quedé con el otro, que era Sergi, y, en cuanto hablamos un poco, me dice:
—Así que vosotras sois las que tenéis a todos revolucionados por el tema del porno.
Claro, cuando escuché aquello, me salió una carcajada que no podía dejar de reír (no tengo que decir que lo siguiente fue ver a Greta desternillada también sin saber el motivo). Y cuando el aire me permitió tragar saliva y pronunciar un par de palabras seguidas, le dije:
—¿Nos sacáis de aquí, porfa?
Y eso hicieron. Nos fuimos primero a almorzar y luego acabamos en su casa tirados cada oveja con su pareja.
No sé qué tal Greta, si estuvo o no a la altura de las expectativas.
No, es broma, les contamos la verdad cuando salimos de allí y a los tíos todavía les moló más habernos rescatado de aquella panda de flipados.
Eran muy simpáticos. Les parecimos muy ingeniosas y creo que les gustó muchísimo la trama que nos habíamos montado, más incluso que que nos dedicásemos a la industria del porno.
La noche, bueno, mañanita, estuvo muy bien y, tras un rollete majo, nos despedimos de los dos.
No volvimos a verlos, eran cámaras y estaban viajando continuamente, así que la cosa se quedó ahí, pero siempre nos acordaremos por lo divertido del asunto.
A Sergi apenas lo conozco, pero era GUAPO, AMABLE, TRABAJADOR, DIVERTIDO.
Lo voy a catalogar como NORMAL y AGRADABLE.
T – U
Teo, Unai
En este caso, da la casualidad de que los dos cayeron en el mismo fin de semana y os aseguro que no estaba planeado.
Era la graduación de mi amiga Marga, que había estudiado en otra ciudad y me llamó para que, por favor, fuese a la fiesta.
Como había sido todo tan repentino y yo estaba en el máster hasta muy tarde, la única forma de ir era que me buscase ella dónde quedarme. En su casa no había sitio, porque estaban sus padres, y me buscó hueco en una residencia de monjas donde vivían algunas de sus compañeras de carrera.
Estaba claro que no me iba a hacer 300 km sola en un autobús de mala muerte, porque tampoco quedaba tren ni avión, así que pude convencer a mi amiga Sofía de que la fiesta iba a ser increíble y que, por favor, que se viniese conmigo.
Con mucho esfuerzo, finalmente, Sofi aceptó (aunque ya os anticipo que luego se enfadaría un poco por cómo transcurrió la cosa).
Lo dicho, nos fuimos en el último autobús y llegamos cuando la fiesta ya estaba empezada. Nos tuvimos que cambiar en la estación de autobuses y salir pitando con las bolsas directas a la fiesta, porque tampoco sabíamos dónde estaba la residencia de monjas ni por quién preguntar allí.
Llegamos a la fiesta y estaban todos superanimados. Claro, acababan de terminar una carrera larguísima y estaban desatados.
Los padres se habían ido tras la entrega de diplomas, y menos mal, porque la cosa empezó a degenerar por momentos.
Nosotras, pese a las prisas, llamábamos la atención, porque se notaba que no estábamos encorsetadas como alguna que parecía que iba de boda, ni se nos había corrido el rímel por la emoción de la entrega de diplomas. Nosotras éramos libres y veníamos a disfrutar.
Aún tardamos un par de copas en encontrarnos con Marga. Había venido su novio el cortarollos y no sabía cómo quitárselo de encima. El chico era demasiado formal para la locura de mi amiga, pero bueno, los polos opuestos se atraen, o eso dicen. Mi amiga no lo tenía muy claro en aquellos momentos.
Una vez liberadas de cualquier agente externo que pudiera frenar nuestras ganas, empezó el cachondeo. Marga mandó a su novio a casa diciéndole que ella nos tenía que acompañar al hotel, porque al día siguiente nos quería enseñar la ciudad y nos íbamos ya a casa. ¡Ja!
Como había barra libre, era supergracioso, porque nos llovían las copas y todos los chicos se nos querían presentar (éramos la novedad y Marga también se aprovechaba de ello).
Bailamos como nunca y nos lo pasamos increíble.
Mi amiga Marga es la bomba y yo siempre me parto con ella.
Sofía estaba un poco más cortada, lo acababa de dejar con su novio y le costaba arrancar, pero bueno, como le había dicho yo en mi momento de convencimiento para el viaje, esto le iba a ayudar a olvidarse de aquel chico.
Finalmente, las tres chicas de Charlie, como nos terminaron llamando, rompimos la pista.
Hubo un momento en el que teníamos a varios detrás y había que decidirse.
Yo me quedé con Unai, tenía un nombre exótico y, además, estaba cañón, morenito, rollo un poco surfer , pero en moreno, muy yo.
El chico era majísimo, era vasco y también se había graduado ese día.
Tras darle un empujoncito y un concurso de chupitos previos, liamos a Sofi con su amigo, que, además, como eran más menuditos los dos y de la misma estatura, quedaban muy bien.
Y bueno, Marga no se iba a quedar atrás. Ella agarró a Teo, que, al parecer, era su amor platónico de la carrera (como os he contado, ella tenía novio), y esa noche se quería desquitar, así que ya veríamos qué pasaba al día siguiente, pero esa noche ni se lo planteó.
Cuando nos echaron de la fiesta, decidimos irnos a una alameda enorme del propio campus y allí, como los románticos, o los salidos, podemos verlo desde diferentes prismas, nos liamos cada una con el suyo a lo loco.
En nada, apareció un conserje que nos gritó que nos buscásemos un hotel, así que pillamos la indirecta y recogimos el campamento.
Marga, que para aventuras es la primera, propuso que nos fuésemos a la residencia, que seguro que las monjas ni se enteraban. Total, nos fuimos con los chicos y nuestras maletas al sitio donde supuestamente dormiríamos ese fin de semana.
Llegamos, Marga tenía una llave y nos hizo descalzarnos a todos por lo que pudiera pasar y nos dio las instrucciones de que, si nos pillaba alguien, los chicos dijesen que nos habíamos emborrachado y que nos estaban llevando a la cama (qué ironía).
Total, que subimos por las escaleras los seis en fila india. Llegamos a la habitación y era una habitación de esas con dos literas, por lo que cada pareja se agenció una cama.
Como no estaban para muchos ascensos, Marga y Sofía se cogieron las de abajo sin pensarlo y a mí me tocó la de arriba.