Chapter 1 #14
Lo gracioso es que no hay un año que este chico no me felicite el cumpleaños (Greta sigue diciendo que no lo ha superado). Pero mira, para una vez que no sufres con un tío, que me quiten lo bailado, ¿no os parece?
Que conste que es muy buena gente y le deseo lo mejor, y estoy segura de que, si lo llamo, no tengo ni que decirle lo del semen, porque el polvo está asegurado, pero bueno, sigamos con la agenda.
Por cierto, él sería GUAPO, DEPORTISTA, CAÑÓN, SEXUAL y BUENO.
Lo catalogo como BUENO y FOGOSO.
K
Kendal – Uy, mi pobre Kendal. Cuando os digo que mi nivel de despiste por las noches es elevado al final os lo vais a tener que creer.
Estábamos de fiesta un sábado y esta vez, que no era muy común en nosotras, nos decidimos a explorar la zona guiri.
Normalmente, salíamos siempre por zonas en las que la mayoría eran gente como nosotras, estudiantes o trabajadores que vivían aquí (la zona pijilla nos encantaba, siempre los locales son muy divertidos y menos trascendentales: beber, bailar y ligar con mucha risa de por medio, sin pensar en si eso que bailas es tu rollo o no.
Al final, el reguetón es lo que más anima la noche, no hay que avergonzarse, ¡ya tú sabes!), pero esta vez nos sentimos creativas y con ganas de mezclarnos con turistas.
Entramos en un local y había una fiesta de estas internacionales en las que te pegan al entrar la banderita de tu país en el pecho y nos pareció divertido.
Como siempre, copa y pista, y lo cierto es que la cosa se empezó a animar: italianos, franceses, americanos…
Había de todo y no nos costó mucho empezar a practicar idiomas.
Cuando ya nos íbamos, en la puerta del local (en la calle), unos chicos ingleses nos abordaron y empezaron a charlar.
No querían que nos fuéramos y nosotras no sé qué bola les contamos.
Uno de ellos, Kendal, se había fijado en mí y me pidió el teléfono.
Creo que ya os he comentado que, aunque me lo proponga y diga que le voy a dar un número falso, finalmente se me va la pinza y pongo el real, y así fue.
Cogí mi pintalabios (rojo) y le escribí mi número en el brazo pensando que, en cuanto se metiese en la cama, se le borraría.
Pues NO, no fue así. A las diez de la mañana ya tenía el teléfono lleno de mensajes de Kendal pidiéndome quedar para tomar un café antes de irse a Inglaterra. ¡Qué locura! ¿No os parece?
Aunque penséis que soy una femme fatale , en el fondo soy buena gente y por aquel entonces todavía era una pardilla, y me sentí mal por vacilar a los chicos de aquella manera, por lo que me armé de valor y me fui a tomar un café con ese desconocido inglés, que, por otro lado, ni recordaba muy bien cómo era.
Como no podía ser de otra manera, me invitó a un pub inglés de esos en los que están todo el día retrasmitiendo fútbol. Nunca he entendido esa obsesión, se vienen a conocer otro país y se meten en un bar a ver el fútbol inglés… No comment .
El rato fue muy agradable, me estuvo preguntando sobre mí y sobre si conocía el fútbol inglés (cómo no) y que qué jugador me gustaba más.
Claro, yo de fútbol, y sobre todo inglés, poquito, pero salí airosa diciendo que me encantaba Beckham (que no era del todo falso, porque el tío estaba buenísimo y nos gustaba a todas).
Lo acompañé al metro dirección aeropuerto y, cuando ya nos despedíamos, el pobre chico me lanzó un pico. Me pareció tan ñoñi ... El pobre no se había atrevido a nada más, pero al menos no quería irse sin catar, aunque fuese fugazmente, casi un roce.
Yo creía que había hecho mi buena obra del día. Se había ido contento y la cosa acabaría ahí, pero NO, chicas, la cosa no acabó.
Los mensajes se sucedían y, como yo no siempre contestaba, porque no le veía sentido al tema, dejé de escribir.
Cuál fue mi sorpresa que el finde siguiente Kendal ¡¡había regresado!!
Esto ya me rompió los esquemas. Este chico estaba loco del todo. Igual se creía que esto era un flechazo de cuento. Yo solo había sido amable, nada más, y no tenía ninguna intención de alargar esto, fuera lo que fuera.
Bueno, como el chico se había gastado un dinero en venir a verme, le dije que solo podría verle un poco ese viernes, porque me iba a una boda fuera de la ciudad y ya no volvería hasta el domingo por la noche. No podía hacer de niñera otro finde y que el chico se encaprichase más aún.
Bueno, pues ahora vais a flipar. Apareció Kendal por la puerta de la cafetería con un paquete para mí y una rosa. Yo me quedé muerta de vergüenza y, sobre todo, alucinada del nivel de locura que estaba cobrando la situación.
Abro el regalo y… ¡Tachán! La camiseta oficial de Beckham del Manchester United.
¿Cómo os quedáis? El tío se había gastado una pasta en una tía que no conocía más que de un café en un pub y de haberle escrito mi número con carmín en el brazo.
El carmín fue el causante, no lo he vuelto a repetir, imaginaos la liada.
Me la tuve que quedar, no me dejó que la devolviese. Le expliqué que tenía novio, que no la podía aceptar, pero no hubo manera. No quería darle falsas esperanzas, porque veía que el chico era buena persona.
Quedamos como amigos y nos seguimos escribiendo de vez en cuando.
Creo que me contó que había encontrado a la mujer de si vida y se había ido a vivir a su país.
¿Lo veis? Se hubiera venido a España sin dudarlo, madre mía.
Nunca hagáis estas cosas a no ser que veáis claro que es el hombre de vuestra vida.
Imaginaos que es un psicópata… Cada vez que lo pienso… Qué cabeza de chorlito tenía entonces.
Está claro que a mi ángel de la guarda lo he tenido bastante entretenido.
A Kendal apenas lo conocí, pero os puedo decir que era DULCE, CARIÑOSO, ENTREGADO Y APASIONADO, eso está claro. Aunque quizás sea peligroso, es muy enamoradizo y sería difícil quitármelo de encima. Ya no soy la pardilla de antes y mi plan es claro.
Lo definiremos como OBSESIVO Y BUENO (y, por cierto, que no sé si lo he comentado, pero no era nada mi tipo).
L
Luis – Otra de mis conquistas nocturnas. Aunque esta fue casi una pelea de gatas, sin llegar a las manos, más bien KO psicológico.
Nos encantaba pasarnos, antes de ir a nuestra discoteca fetiche, por un local de copas de unos amigos (vamos a decir «conocidos», la amistad en la noche está sobrevalorada). Eran amigos de Julia, pero las demás nos aprovechábamos de la situación para entrar allí como Pedro por su casa.
Lo cierto es que la pandilla de los dueños era estupenda y los tíos ligaban a muerte. La verdad es que todos eran muy monos, por lo que a cualquiera que se te acercase no le harías un feo.
Había uno muy simpático, del sur, que, aunque no era el más guapo, sí era el alma de la fiesta, y me hacía gracia, oye. Esa noche parecía que él pensó lo mismo, y también le hice gracia.
En un momento en el que me levanté a pedir a la barra, él estaba detrás y, además de invitarme, me dijo:
—¿Qué tal si nos la tomamos dentro? —Y señaló la puerta que iba como al almacén o trastienda, detrás de la barra.
Como os podéis imaginar, vi la luz, ni me lo pensé un momento.
Ni copa ni leches, nos liamos en el almacén como salvajes.
No hubo fase B, porque podía entrar cualquiera, pero los preliminares fueron suficientes como para que me diera su teléfono y la hoja de ruta de esa noche para encontrarnos más tarde y seguir con lo que habíamos empezado.
Cuando salí de allí, las caras de mis amigas sentadas en línea en las butacas del local eran un poema, más bien, la inquisición, en plan «¿qué has hecho?
», «¿y de dónde sales?», «¿y con quién?», «¿no nos habrás dejado mal?
Que nos conocen…». Pobrecitas, no daban crédito.
Si os soy sincera, yo tampoco lo había pensado mucho.
Como yo para los nombres soy un desastre, no sabía cómo se llamaba Luis, y estuve un buen rato intentando explicarles quién era hasta que salió del almacén (habíamos quedado en que saldría en un rato para no levantar sospechas ante sus socios).
Cuando lo vieron, Julia empalideció y dijo:
—¡¡¡NOOOO!!!
Yo pensé «hombre, es un poco tirillas, pero el chico es una monada y te ríes con él una jartá ».
Al parecer, Rocío, una chica conocida, pero no amiga (había quedado con nosotras alguna vez, pero no era de nuestro grupo, sino de otro grupo que tenía Julia de gente de su universidad), estaba coladísima por él.
Oye, ¿y yo que culpa tenía? Ni lo sabía ni me importaba demasiado, la Rocío esa encima era una estirada que nos miraba siempre por encima del hombro.
Bueno, pues Julia ya estuvo rayada toda la noche por si aparecía la otra y se llegaba a enterar, lo cual me enfadó un poco, porque me estaba quitando el apoyo a mí, y era como si no pudiera tener yo algo con ese chico. ¿Y si era el hombre de mi vida?
Entre nosotras, creía que no lo iba a ser. Era el típico fiestas que hoy había sido yo, pero igual mañana era otra, pero bueno, no podían fastidiarme mi momento, ¿no os parece?
Así que yo a lo mío y a disfrutar de la noche.
Sin decirles nada, me encargué de seguir la ruta de locales que me había dado Luis y en el último local apareció.
Claro, ellas no sabían que habíamos quedado en que nos iríamos a su casa al final de la noche , y se lio un poquito porque apareció Rocío.
Imaginaos el cuadro, mi amiga Julia haciéndole la pelota a Rocío (para variar) y las demás (sobre todo yo) dándolo todo.
Pues bien, Luis se acercó a mí y me susurró algo al oído. Bueno, me dijo:
—¿Sigue en pie lo de antes?
Y yo le dije:
—Por supuesto.
Y se fue. Entonces, la Rocío esta se acercó a mí con aires de grandeza (por cierto, ni nos había saludado a las de segunda) y me dice:
—¿Qué está pasando aquí?
Ja, con buena acababa de dar.
—No sé de qué me hablas—Le dije.
Y me suelta ella:
—Como te acerques a él, te mato.
¿Perdona? Esta chica no estaba bien de la cabeza, os lo juro.