Operación Femme Fatale Chapter 1 #9
24%

Chapter 1 #9

Entre baile y baile, beso y beso y copa y copa, conseguí poder escaparme al baño.

Y dentro de uno de los cubículos del WC pude escuchar una conversación entre víboras.

Al parecer, había una chica que no paraba de gritar y decir «la voy a matar, que Félix es mío, que quién se cree que es esa lagarta.

..». Estaba enloquecida, pero claro, yo no sabía de quién hablaba y, si no os lo he dicho ya, cuando me presentan a alguien, no sé por qué, pero me pasa siempre, no presto atención y no recuerdo el nombre que me han dicho.

Por tanto, fiel a mi despiste cotidiano, ni sabía que mi ligue era Félix ni que la loca del baño se estaba cagando en mi familia.

Así que agarraos, porque salgo del baño directa a lavarme las manos y, en cuanto me ve, la tía loca pega un bote.

Ella era más bajita que yo, y se me engancha del pelo.

¡Alucina! Pero claro, ella no se esperaba que mi fuerza, después de tanto gym , pudiese con ella y, sin pensarlo, le metí un empujón que acabó estampada contra el secador de manos y ya de paso le destrocé el moño.

Ella me arrancó un mechón de pelo, que espero tirase, porque, siendo como era, sería capaz de hacer magia negra con él o cualquier otra cosa que pudiese dañarme seguro.

Madre mía, qué sofoco, y qué griterío. Por suerte, yo era la amiga de la novia, y digna como era, salí del baño atusándome el pelo a pedirme una copa.

Félix, que se enteró de lo sucedido, vino en mi búsqueda rollo salvador, aunque yo ya me había salvado solita.

Me contó que, bueno, esa chica era una antigua novia, más bien rollete a la que había utilizado, qué sorpresa de tíos, y que estaba obsesionada con él, pero que no quería saber nada de ella.

¡Qué me iba a decir! Si nunca soñó haberse ligado a un pibón de ciudad como yo en una noche.

Comparada con la otra yo era modelo, y siento ser malvada, pero, después de la agresión, no se merecía nada bueno de mi boca.

Terminó la boda con este altercado para el recuerdo. La chica se fue llorando e incluso intentó ir a por Félix, pero él la mandó a paseo y se fue con su hermano a casa.

Yo me quedaba en un hotel cercano, pero, para no darle a Félix, más aquella noche, le dije que dormía con la hermana de Emma, lo cual era falso, porque yo dormía sola, pero no me apetecía acostarme con él aquella noche.

Además, me había acompañado hasta la puerta del hotel y vi sus intenciones muy claras, cosa que no me gustó del todo.

No me conocía y, además, ya venía de ser un clínex con otro. Como para repetir, de eso nada.

Al día siguiente, había una especie de comida de amigos para despedir a los novios y todo transcurrió sin incidentes. La loca no estaba. Y, tras la comida, Félix se brindó a acercarme al aeropuerto, cosa que por educación no rechacé.

Intentó insinuar que nos podíamos meter en un baño y despedirnos como Dios manda, cosa que, como le dije, mis experiencias en los baños del norte habían sido suficientes por un fin de semana.

Con ese comentario, me di cuenta de que o yo era una mojigata o él un adicto al sexo, cosa que, con el tiempo, me daría cuenta de que así era.

Volví a casa supercontenta. Había conseguido el objetivo planteado y me había olvidado del innombrable.

Ese episodio de la boda me hizo fuerte para creerme que valía la pena.

Podría haberme ligado a cualquiera en la boda y, de hecho, me fui con el mejor y mandé a paseo al mocoso (lo digo por lo del clínex.

El innombrable tiene mi edad, aunque sea por una vez en la vida), y no tardé mucho en decirle que no podíamos quedar porque me había echado novio en la boda.

Lo mío con Félix se trató de una relación siempre a distancia.

Ni yo pretendía dejar la gran ciudad ni él se veía rodeado de luces de neón, así que el largo plazo era improbable, aunque de manera telemática estuvimos casi un año, lo cual era todo un logro para mí.

Nos veíamos los fines de semana y él sí era un adicto al sexo.

Era casi obsesivo, y la verdad es que no me hacía sentir nada bien.

El día que me propuso sexo por el móvil fue cuando dije «¡hasta aquí hemos llegado!

». En el fondo, sabía que su labor la había realizado con mucho éxito.

El otro había desaparecido de mi vida. De otro modo, el drama hubiera estado presente y, además, había subido mi autoestima.

Tras mi relación con él, los hombres caían a mis pies como moscas.

Lo que me había perdido todo este tiempo por idiota…

Lo dejamos a distancia, como todo en aquella relación, y él, que siempre había sido el gallo del corral, no lo llevó del todo bien. Me llamaba continuamente hasta que ya lo tuve que bloquear.

No sé muy bien qué habrá sido de él, porque no he vuelto por aquel lugar, pero seguro que tiene alguna amante que satisfaga sus deseos.

Con tal obsesión por su parte, la donación furtiva estaría asegurada, pero me da miedito solo de pensarlo.

Félix sería de los LIGONES, MUY SEXUALES, SIMPÁTICOS, GUAPOS, CREÍDOS y DIVERTIDOS.

Lo resumiré como GUAPO Y DIVERTIDO (con un (-) por lo de su adicción).

G

Uy, no tengo G entre mis conquistas… Algo habrá que hacer (es broma). No estoy ahora para nuevas capturas, me tengo que central en lo malo, o bueno conocido… No tengo tiempo.

H

Tampoco H, sería muy raro, ¿verdad? Bueno, podría haber tenido algún Hugo, pero no ha sido el caso. Next one .

I

Isaac – He de decir que este fue de los más raros, pero también de los más misteriosos, y el chico con más morbo de mi juventud.

Llegaba el invierno y todos empezaban a hablar de la temporada de esquí que se avecinaba. Yo, sinceramente, no había sido nunca de mucho esquiar. El frío no es lo que más me guste, pero tenía equipo, ya que me lo habían regalado mis padres unas Navidades.

Mis amigas llegaron una tarde como locas, porque en el tablón de anuncios de la facultad anunciaban un viaje a Suiza para esquiar en una de las mejores escuelas privadas de reconocido prestigio académico (eso a nosotras nos daba igual, pero era la clave para entrarle por los ojos a nuestros padres) a muy buen precio si se llenaba el autobús.

Imaginaos, si era por eso, lo llenábamos en un momento.

Empezamos a colgar fotos del anuncio en todos los pasillos de la facultad y en nada el cupo estaba lleno.

Lo cierto es que era un planazo. El viaje muy largo, eso sí, pero con veinte años era lo de menos, y a la que nos dimos cuenta habíamos llegado a los Alpes.

El ambiente en el autobús era de lujo, había de todo y, sobre todo, mucha diversión y ganas de fiesta.

El viaje consistía en que, aprovechando las vacaciones de Semana Blanca que llaman ellos (aunque finalmente eran dos semanas), los estudiantes alojados en aquel colegio de alto standing de Suiza regresaban a sus casas, por lo que esas increíbles instalaciones se quedaban vacías durante dos semanas.

Como los suizos de tontos no tienen nada, habían decidido alquilar las habitaciones a estudiantes extranjeros durante la ausencia de los habituales.

Todos ganaban, y a nosotros nos salía superbarato.

Llegamos allí y estaba todo totalmente organizado e indicado en varios idiomas para que no hubiese ningún problema durante nuestra estancia.

El edificio era enorme y, en cuanto entramos, nos dieron un plano a cada uno para saber qué encontrar en cada planta y dónde estaba nuestra habitación.

Nos habían dividido por sexos, lo cual era normal: chicas en las plantas cuarta y quinta y chicos en la segunda y tercera, aunque ya sabemos lo pronto que la cosa podía volverse mixta.

La planta primera era la residencia de profesores, que estaba cerrada durante las vacaciones y en la planta baja estaban el comedor, el gimnasio, la sala de descanso y TV, la sala de eventos y la biblioteca.

Además, en el ático había una enorme terraza desde la que se divisaba toda la montaña, y era espectacular (esto lo descubriría días después).

Dormíamos en habitaciones dobles, pero unidas a través del baño a la siguiente habitación, por lo que estábamos cuatro personas compartiendo el baño, que, en realidad, era enorme, con dos WC, bañera y ducha en la que cabíamos las cuatro juntas si nos diese por ahí. Vamos, un lujo.

Afortunadamente, nosotras éramos cuatro, con lo cual no podíamos estar más contentas. Iba todo sobre ruedas.

Había un servicio de cocina que daba desayunos y meriendas (lo que para ellos era la cena) incluido en el viaje, y nos venía perfecto, porque el plan era estar todo el día en la pista y bajar por la tarde de nuevo a la residencia.

El colegio estaba directamente comunicado con el acceso a las pistas, era increíble. Yo no sé cuánto estudiaban esos chicos con tales instalaciones y las pistas en la puerta de casa, pero bueno, para nosotras era ideal.

Enseguida cogimos muy buen ritmo: nos levantábamos, desayuno, equipación de esquí y directas a la pista.

Nos llevábamos unas chocolatinas de la máquina guardadas en el plumífero por si nos entraba hambre allí arriba, aunque había cafeterías y restaurantes, por lo que no había problema, y directas al telesilla que salía desde las pistas deportivas del campus.

Detrás de las últimas pistas de tenis estaba la entrada a la pista de esquí (alucinante).

Pasábamos arriba todo el día. Eso sí, yo, como mucho, pistas verdes y azules.

Ya os he dicho que no era muy amante del esquí.

Hasta que mis amigas, «las majas», el tercer día me metieron en una roja a escondidas, engañándome, de lo cual todavía me estoy acordando hoy, porque, como os decía, lo mío por aquel entonces no era el esquí y me daba un poco de miedo si había mucha inclinación.

Pues bien, las muy perras me metieron en la pista roja del demonio y ellas se lanzaron a lo loco, dejándome a mí a mi suerte. Gracias a eso fue como conocí a Isaac.