Chapter 1 #6
Total, que me acercó a la ducha y él mismo reguló los grifos, lo cual me pareció, cuanto menos, un poco extraño.
Yo que siempre tengo que tocarlo todo, toqué.
Y claro, empezó a salir una nube de vapor incontrolada.
Por eso él había regulado los grifos. Encima, tengo la tensión baja y no habíamos comido nada.
Pues bien, atentos a lo que sucedió tras esa nube enorme de vapor en aquella ducha no muy grande.
La aquí presente, una servidora, se desmayó y cayó redonda, llevándose por delante la bonita cortina roja de la ducha, con anillas doradas incluidas, hasta aterrizar en el frio suelo de un porrazo.
La torta fue espectacular, y menos mal que caí sin moverme hacia los lados, porque me podía haber matado con la repisa del lavabo.
Pero, ahora que lo pienso, no tuve cardenales, la cortina me salvó las piernas de moratones, pero la imagen fue de escándalo.
Mi querido amigo apareció de pronto y, al cabo de unos minutos, volví a abrir los ojos.
No me acordaba de nada ¡y nunca me había pasado algo así!
Os prometo que la cara del pobre chaval era un poema.
Y yo, digna de mí, no sabía dónde meterme.
Imaginaos el cuadro, yo en bolas encima de su cortina, que, además, había roto y no sabía ni mi apellido si hubiera tenido que llevarme a urgencias. Por no decir que ni sabía mi edad real.
Nunca me he sentido tan ridícula, encima con un extraño, en otro idioma y en su casa.
A saber lo que pasó por su mente, que era una colgada, que estaba drogada o vete tú a saber.
El pobre me dio agua con azúcar, no tenía nada en la nevera.
Y yo, en cuanto pude, me vestí y me fui como sombra que lleva el diablo.
No podía soportar el bochorno y necesitaba irme de allí, quitarme las lentejuelas y olvidar aquel capítulo en mi vida.
Pero me quedaba todavía el descenso, porque os recuerdo que su ático tocaba las nubes.
Me agarré a la barandilla y empecé a bajar, pero no tenía fuerzas para nada y me tuve que arrodillar, no podía consentir caerme y que saliese Bruno al rescate pensando que era retrasadita.
En fin, que cuando terminé, los moratones que no me salieron en la brutal caída se habían convertido en raspones en toda la rodilla, ambas.
Es más, se me habían roto las medias y lo demás ya os lo podéis imaginar.
Pero, al meter la mano en mi bolsillo en pleno trayecto, recordé que una de sus amigas me había metido unos bombones la noche anterior, para endulzar la velada me había dicho, y vamos, fue como ver el sol.
Me los comí en tiempo récord y conseguí llegar a la calle.
Por supuesto, no tenía ni idea de dónde estaba y, lo mejor de todo, tampoco sabía la calle del piso de Greta.
Siempre había ido acompañada de mi guía Michelin personal o de Greta y lo único que recordaba es el nombre del metro más cercano.
Algo era algo. Estaba totalmente perdida y la opción del taxi, que hubiera sido lo mejor en mi estado, estaba descartada.
Me armé de fuerzas gracias a los bombones que me acababa de tomar y me metí en el metro.
Atención a mi cara reflejada en los cristales del vagón, parecía una muerta viviente, más bien una drogata a la que le acababan de dar una paliza.
La gente me miraba raro y no me extraña: vestida de lentejuelas, con las medias rotas, el maquillaje corrido, el pelo mojado y cara de muerta.
En aquellos momentos, solo quería llegar a casa y abrazar a mis amigos.
Desde luego, jamás he tenido una noche parecida y se queda en mi recuerdo para toda la vida, pero en aquellos momentos, y hasta días después, mi desarrollado sentido del ridículo no paraba de recordarme que acababa de quedar fatal ante aquel yogurín que me había invitado a su casa.
Yo os lo he resumido mucho, pero su reacción fue bloquearme de Facebook tan pronto salí por la puerta, con eso os lo digo todo.
Debió de pensar «locas españolas con problemas de salud.
Mejor lejos». Ahora lo pienso y es normal, imaginaos el problemón que le hubiera ocasionado si me muero en su casa.
Puff… No quiero ni pensarlo, mi ángel de la guarda menos mal que estaba conmigo ese día.
En fin, que, a grandes rasgos, esto fue lo que pasó con Bruno, y no sabría cómo catalogarlo o si me saludaría después de aquello- Pero bueno, genéticamente, hay que decir que el material es bueno y fresco. Lo voy a meter en GUAPO, AMABLE, JOVEN, INTERESANTE y APASIONADO.
Lo podemos catalogar como MONO Y JOVEN.
C
Antes de empezar con la C, revisando la agenda, acabo de descubrir aquí a otro de mis descartables, o más bien descartados.
Lo tenía guardado como Camarero pirado, pero en realidad se llama Antoine, y era un loco que en una fiesta se encaprichó de mí y luego se volvió enfermizo.
No dejaba de llamarme, ese es uno de mis problemas, nunca doy un teléfono falso cuando me lo piden y luego pasa lo que pasa.
Total, que este chico ni lo contemplo, psicópatas lejos lejos.
Chus – Este es otro de los « destroyer » de mi vida y que apareció de una manera bastante interesante y cómica en ella.
Hace muchos años tuve una relación. Madre mía, ni me acuerdo de esa palabra.
Lo mío han sido siempre cosas sin muchas ataduras, con un tipo que podemos decir ahora, con bastante perspectiva y años de experiencia, que me utilizó a base de bien.
Quizás fue él el causante de mi transformación y de que me convirtiese en una femme fatale . Igual hasta se lo tengo que agradecer.
Pues bien, yo me mudé a otra ciudad fuera de España por trabajo, igual en otro punto sale este episodio de mi vía, y resulta que Chus también.
Chus era muy amigo del tipejo que os comento, y él, como siempre ha querido quedar de tener amigos allende los mares, me contactó para ver si, ya que estábamos en la misma ciudad, quedaba con su amigo y lo sacaba de copas, porque de momento no conocía a nadie allí.
A mí me pareció estupendo y empecé a chatear con él para conocerlo un poco antes de quedar en persona.
Nunca se sabe, oye, a lo mejor era insoportable y pasaba, pero no, resultó ser muy majo y conectamos enseguida.
Tras mucha complicidad en el chat y coñitas cada vez más picantonas (todo coñas), decidimos conocernos en persona.
Aprovechando la visita de mis amigos a la ciudad para verme, planeé una fiesta en casa y decidí que Chus se viniera y que, por supuesto, se trajese a quien quisiera.
Fiesta montada, todos españoles, Greta y Luis, por supuesto, no podían faltar, y un montón de alcohol del bueno.
Apareció al poco rato Chus con un amigo y lo cierto es que no les costó nada integrarse en el grupo.
Bebimos, cantamos, nos hicimos fotos… La verdad es que Chus, que no os lo había contado, ¡estaba buenísimo!
No lo sabía, ya que nunca nos habíamos visto, y la sorpresa fue muy grata.
Supuestamente, yo tenía que ser un poco su niñera, porque, para variar, le llevaba unos cuantos años.
Me tocaba sacarlo de casa, que conociese sitios y gente…
, pero, visto en persona, igual le tenía que enseñar algo más, ¿no?
A altas horas de la noche (bueno, más bien, muchas horas después de haber abierto la primera botella), lo de altas horas podemos decirlo en España, pero fuera de nuestras fronteras los relojes se adelantan bastante, nos fuimos a una discoteca, porque había conseguido a través de otro amigo que nos pusieran en lista.
Eso estuvo genial, porque me marqué un tanto con los nuevos fichajes, maja y encima con contactos en la noche.
.. Entramos, copas y mucho cachondeo. Chus no dejaba de mirarme y siempre se ponía en frente de mí para penetrarme con esos ojazos color chocolate que te quemaban solo con pestañear.
Yo me hacía la digna, ya me conocéis, pero sabía perfectamente lo que estaba pasando.
De repente, me tocan por detrás. Era el amigo que me había puesto en lista y que me dio un achuchón al verme que fue el detonante de lo que iba a suceder.
No sé si sería el ver que era una tía con un montón de contactos y éxito con el sexo opuesto en esa gran ciudad o un poco de pelusilla celosa, que, en menos de un minuto, Chus me estaba comiendo la boca.
Literal. Y chicas, lo siento, pero he de decir que fue top top .
La cosa se puso de muchos colores. Por suerte, Greta congenió «de maravilla» con el amigo de Chus, y así no me tenía que sentir tan mal por darme el lote a lo loco en la pista mientras mis amigos miraban.
Todos habían encontrado otras bocas a las que entretener.
Se nos fue la pinza un poco a todos, porque todos dormíamos en mi apartamento, repito apartamento, con una cama y un sofá cama para acoger a todos los allí presentes, y la cosa resultó ser una bacanal.
Chus y yo terminamos detrás del sofá en el suelo cubiertos por un edredón a modo de tienda de campaña. Eso sí, no sé si alguno se percataría de lo que ocurría debajo, pero la cosa fue de 5 estrellas superior.
Por supuesto, tras esa vinieron muchas más, ya en un ambiente un poco más calmado y sin posibles voyeurs , hasta que, poco a poco, ambos nos cansamos y nuestras vidas tomaron nuevos rumbos.
Por supuesto, nuestro amigo en común nunca lo supo (o eso creo), y nuestra relación fue de lo más platónica.
A Chus lo voy a meter en los LIGONES, GUAPOS, BUENORROS, LISTOS, DEPORTISTAS, INTERESANTES, un poco CAbrONCETES y muy SEXUALES.
Catalogado, LIGÓN CAbrONCETE.
D
Dani – Este es de mi época universitaria y la historia también tiene su toque cómico, o, al menos, se sale de lo normal.