Ojos en la noche Medianoche #6
35%

Medianoche #6

—¿Me prometes que guardarás solo para ti lo que te voy a contar ahora?

—Te lo prometo. Recuerda que somos socios y que ya he firmado el contrato varias veces.

Rich soltó una carcajada.

—Bien, de acuerdo, socia. ¿Conoces la estructura accionarial de la agencia?

—Bueno, sé que hará unos veinte años tú y tu cuñado, John Carlton, fundasteis la agencia. Por eso se llama Reynolds es muy ambicioso.

Últimamente le dedica poco tiempo a la agencia, pero no cede el control.

Estoy harto de esta situación y he decidido terminar con ella.

—¿Qué vas a hacer?

Muriel se sentía algo defraudada. Después de todo, Rich no era todo lo poderoso que aparentaba.

—Escucha con atención porque tú formas parte del plan.

Muriel se sentó cruzando las piernas en la cama para verle mejor. No le importaba su desnudez, sabía de su atractivo, y le gustaba mostrar sus senos bien proporcionados.

—Soy toda oídos —susurró.

—La agencia ha crecido de forma espectacular en los últimos años a pesar de la poca participación de John.

Unos cuantos empleados claves bajo mi liderazgo hemos sido los responsables de este éxito, y ahora, con la cuenta de Friendlydog, seremos, sin lugar a dudas, la primera agencia de publicidad de California.

»Pero tú sabes cómo es nuestro negocio. Las relaciones personales con el cliente son básicas, y eso hace a Reynolds allí, detrás de una de las columnas, se encontraba el otro interruptor para apagar la luz. Dejó el edificio en tinieblas.

Conocía bien su iglesia y palpando pudo encontrar el primer banco de madera, donde se arrodilló mirando a la llama de la lámpara de aceite que indicaba la presencia del cuerpo de Cristo.

—Dicen que Anselmo es capaz de tener visiones, de saber lo que les ocurre a los demás solo mirando la luz de una bujía —murmuraba a media voz—. ¡Paparruchas! Yo no veo nada.

»¡Dios mío! —exclamó después de un silencio—. ¡Ayúdame! ¡Señor, ayuda a Lucía! ¿Estará mi niña en peligro? ¡Que no sea cierto lo que dice ese viejo brujo! Quiero a esa muchacha como a la hija que jamás tuve ni tendré. ¡Que esté bien, que no le ocurra nada! ¡Ayúdanos!

Desde la visita de Anselmo, Agustín no pudo dormir bien por las noches.

¡El viejo brujo pagano había conseguido herirlo de nuevo!

Los pensamientos le asediaban y cuando lograba conciliar el sueño se despertaba angustiado, en una pesadilla, viendo a Lucía corriendo oscuros peligros.

Esa noche también le vinieron los sobresaltos, y decidió ir a rezar a su iglesia.

Sombría, silenciosa, fría, pero acogedora para él.

«Hicimos bien, su madre y yo, en alejarla del brujo —caviló para sí—.

Mostraba las mismas tendencias; aquellos sueños despiertos.

Aquellas visiones. Era nuestra obligación protegerla y salvar su alma.

Él representa al enemigo, al diablo, al paganismo.

Escondidos en sus santos están los dioses antiguos; unos como fuerzas de la naturaleza, otros como dioses más complejos y sanguinarios.

Para eso vine yo aquí, a América, a México: para dar a conocer a las buenas gentes la palabra del Señor y alejarlos de las viejas supersticiones y paganías que Anselmo representa.

Él es el aliado del maligno, el aliado del demonio, del atraso, de la incultura.

Pero hoy ese viejo diablo ha conseguido de nuevo su propósito.

Otra noche de insomnio. Aunque a mí no me importa no dormir. Me importa Lucía. ¡Dios mío, ayúdala!».