Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 28 #3
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Capítulo 28 #3

—Es impresionante. —Luke carraspea, sin apartar la mirada del corpiño—. Estás impresionante.

El cumplido me hace sonrojar.

—Me siento como una princesa Disney. Es un vestido con cierto aire gótico, al estilo de Bella.

—Entonces ¿eso significa que yo soy la Bestia?

—Bueno, a ver, ya te han disparado una flecha. ¡Y, eh, mira tú! Una película que sí conoces.

—Antes de convertirse en una película, era un cuento de hadas. Y todo el mundo conoce los cuentos de hadas. Es básico para la caza de monstruos. —Mientras saca mi daga y la funda para el muslo, que le entregué antes de ponerme el vestido, arquea una ceja—. ¿Me permites?

Menos mal que el vestido me aprieta tanto que me impide respirar con fuerza.

—Claro.

Se arrodilla. Con esos dedos ágiles que tan bien conozco, me abre la abertura del vestido. Me estremezco cuando sus manos ásperas me rozan el muslo al rodearme la pierna con el cuero. Me mira mientras abrocha la funda con destreza.

—¿Qué tal así? —me pregunta, agarrándome por la parte de atrás de la pierna.

Inspiro. Su palma me quema la piel como si fuera un hierro candente, o puede que sea mi propia piel la que arde. Y la forma reverencial en que me mira tampoco ayuda.

—Me gusta verte de rodillas —admito, pensando en él en esa misma postura en el baño.

En sus ojos oscuros se vislumbra un brillo divertido.

—Está bien saberlo. Pero me refería a la correa de la funda. ¿Está demasiado apretada?

—Ah, vale, perdón. —Me aclaro la garganta, con las mejillas en llamas—. Mmm, diría que está bien.

Su mano se demora, sujetándome la pierna mientras desliza la daga hasta su lugar. Introduzco mis dedos en su espesa melena sin que mi mente los dirija. Me resulta agradable y todo eso, pero lo que de verdad me apetece es apretar los puños y agarrarlo y tirar hasta que…

—He encontrado lo que estaba buscando —anuncia Chryser.

Aparto las manos del pelo de Luke como si fuera fuego. Él tarda un poco más en separarse, dejando que sus dedos rocen la delicada piel de la parte posterior de mi rodilla. Se pone de pie, se inclina hacia mí y me susurra al oído:

—Has dicho que el vestido te recordaba a una princesa. Yo diría que pareces más una reina.

—Hace tiempo que en la sede central no se celebra un baile de máscaras, así que me ha costado un poco encontrarlas. Esto debería valer.

Agradezco que Chryser me haya interrumpido, porque no tengo ni idea de qué demonios le habría dicho a Luke. Ansiosa por apartar la vista de su mirada suplicante, me giro para coger lo que Chryser me ofrece.

Una máscara de animal negra. Cubre toda la cara y se sujeta con dos cintas que se atan por detrás de la cabeza.

—Un jaguar —me dice Chryser—. Representa el poder y la protección divinos. Sospecho que no te va a venir mal esta noche. Pruébatela.

Para cuando consigo anudármela, Luke ya se está mirando en el espejo. Su máscara se adapta a la perfección a la forma de su rostro. También es negra y tiene aberturas para los ojos, la nariz y la boca. No distingo qué animal es hasta que veo los pequeños cuernos que tiene en la sien.

—¿Una cabra? —Me echo a reír—. Lo siento, pero no es ni la mitad de chula que la mía.

Y es que hay que reconocer que la mía es genial. Mi rostro se ha transformado en el de un jaguar negro, cubierto de manchas de distintos tonos más oscuros.

—La verdad es que no lo es, no —coincide Luke—. ¿No tienes nada más?

Chryser ni siquiera tiene que pensar.

—No. Solo tengo esas dos.

Luke se gira hacia el espejo. Le dedico una sonrisa. Los labios de la máscara sonríen conmigo. «Pero ¿cómo puede ser?».

Intento quitarme la máscara, pero se me ha quedado pegada. Es más, se me ha fundido con la piel. Ya no sé dónde acaba mi mandíbula y empieza la silicona.

—¿Qué diablos es esto? Luke, está…

—Maldita. —Suspira, más molesto que asustado, que es como estoy yo—. A ver, ¿Chryser?

Este no puede ocultar una sonrisilla pícara.

—Sí, las máscaras están malditas. Pero eso no significa que no podáis quitároslas. Solo tenéis que relajaros.

Me obligo a respirar hondo varias veces, con la sensación de que se me va a reventar una costura del vestido. Como esta cosa no se suelte…

Y entonces, como una ventosa que pierde su agarre, el borde se desprende de mi mandíbula. Me la quito de la cabeza y, en el proceso, me arranco unos cuantos pelos. Luke ya no la tiene puesta.

—Danos otra cosa —le exige.

—Eso es todo lo que tengo. —Chryser se encoge de hombros—. No podréis entrar sin máscara y, si lo hacéis, lo último que querréis es convertiros en un blanco fácil para los sabuesos. He sido más que generoso, ¿no te parece?

—Sí, lo has sido —masculla Luke—. Ahora sí que tenemos que irnos. Pero una última pregunta.

Chryser sonríe.

—Para ti, lo que quieras.

Luke sostiene en alto la máscara.

—Todas las cosas malditas tienen un punto de no retorno. ¿Cuál es para estas?

—Ya veo que el tiempo que has pasado en el supramundo no te ha hecho olvidarlo todo. —Los ojos de Chryser reflejan un brillo malicioso—. Si seguís con la máscara puesta pasada la medianoche, ya no podréis quitárosla. Jamás.