Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Chryser hace un gesto con las manos (manos, que no zarpas, lo cual ya es algo) y varias estanterías chirrían al deslizarse sobre el hormigón agrietado que hay bajo nuestros pies. Se detienen en seco justo delante de mí.

—¿Empezamos por aquí?

Repasa a toda velocidad el estante más cercano, repleto de prendas colgadas. Como a la mitad, se detiene y saca un vestido color melocotón. Antes de que pueda poner cara de asco, lo vuelve a dejar en su sitio y sigue con su búsqueda, murmurando:

—Un color horrible para su tono de piel. —Cuando llega al final del estante, nos lanza una mirada de fastidio—. ¿Y bien? ¿Os vais a quedar ahí parados o vais a hacer algo útil y empezar a buscar?

—Oh…, eh, lo siento.

Corro al estante más cercano para rebuscar entre la ropa colgada. El perchero es doble, así que Luke se queda con la parte que está al otro lado de la mía. Durante un buen rato, el único sonido que se oye es el chirrido metálico que se produce al arrastrar las perchas de izquierda a derecha.

—Bueno… —empieza Luke, bajando la voz para dar a entender que quiere que la conversación quede entre nosotros. Echo un vistazo a Chryser, que ya está examinando un nuevo estante al otro lado del almacén—. ¿Sorprendida?

—¿De que tu ex sea en parte felino? Un poco —admito.

Me detengo para admirar un vestido de un azul intenso que me recuerda al mar, pero el escote llega hasta el ombligo, así que sigo buscando.

—Es un demonio menor —me explica—. Con frecuencia incorporan rasgos animales en su forma.

—Demonios menores, vampiros… ¿Hay alguna otra variante de tus ex que deba conocer?

Luke se lo piensa.

—Una vez tuve una relación con una sirena hasta que intentó ahogarme.

—Lo más probable es que te lo merecieras.

—Seguramente —asiente con una leve risa.

Oculto mi sonrisa descoordinando nuestros movimientos para que no pueda verla a través del hueco entre las perchas.

—Pero eso no es lo que me estabas preguntando en realidad, ¿verdad?

—La verdad es que no —dice Luke—. Cuando llegué al supramundo, me sorprendieron muchas cosas.

Mi hermano y yo nos pasamos toda nuestra infancia soñando con ir allí, y habíamos oído algunos rumores al respecto, pero era difícil saber qué era verdad y qué una exageración.

Por desgracia, la forma en que algunos en el supramundo veían la sexualidad no era…

una exageración. Pero aquí a nadie le importa eso.

—Como seguro que ya habrás descubierto en el supramundo, a la gente que está en el poder a veces le preocupan demasiado algunas cosas que no les incumben nada. Eso casi hace que las cosas en el inframundo no parezcan tan malas.

—Tiene sus defectos.

Sí, defectos. Mi mirada se dirige hacia la mochila de Luke, que ha dejado en el centro del almacén, y hacia los frascos de almas que hay en su interior. Cientos de personas que nunca encontrarán la paz.

—En cuanto a tu verdadera pregunta… —Ralentizo el ritmo de pasar perchas para que Luke me alcance.

Nuestras miradas se cruzan entre paredes de lentejuelas relucientes y bordados minuciosos—.

El hecho de que tuvieras un novio no me sorprende más que el resto de todo esto.

Hace dos semanas no sabía nada de ti. Así que sí, estoy sorprendida.

Pero no porque sea algo especialmente sorprendente ni porque me moleste.

Nada que ver. Es solo que se trata de otra cosa sobre ti que no sabía.

—¿Como eso de haber crecido en el infierno?

Esboza una leve sonrisa y yo se la devuelvo.

—Entre otras cosas, sí. Pero me alegro de saberlo todo ahora.

Mi mirada se desvía hacia Chryser, y noto cómo una fea flor verde crece en mi pecho, haciendo que mi sonrisa se desvanezca.

Al igual que Tatianna, resulta cautivador sin tan siquiera pretenderlo, con su atuendo monocromático a medida y su mirada penetrante.

Ninguno de los dos es guapo en el sentido estricto de la palabra, pero desprenden una seguridad y poseen un estilo tan propio que resultan imposibles de imitar.

Supongo que lo mismo podría decirse de la sirena, fuera quien fuese.

Está claro que Luke tiene un tipo muy definido: inmortal, despampanante y, a juzgar por las garras de Chryser y los dientes de Tatianna, con una potencial tendencia a desfigurarlo.

Apuesto a que le gusta la emoción que eso le produce.

—¿Qué te pasa? —pregunta Luke tras analizar mi expresión.

Aparto la mirada y sigo examinando la ropa. Los colores se suceden deprisa, en tejidos tan rígidos que me arañan los dedos o tan suaves que apenas los noto, sin apenas matices intermedios. Tonos rubíes, esmeraldas y zafiros, como si cada vestido estuviera destinado a tener su gema correspondiente.

Solo necesita un par de movimientos de percha para alcanzarme y volver a crear un espacio de conversación. Esta vez, el lugar escogido está entre un corpiño de perlas y un vestido recto de cota de malla.

—Brie…

—Es guapo. —Las palabras brotan de mí como una ráfaga de balas cargadas de verdad. Me río para suavizar el momento—. Obviamente.

—¡Eh! —grita Chryser desde la otra punta del almacén—. ¡Menos risas y más trabajar!

Acelero la búsqueda para que Luke no vea el rubor de vergüenza que me tiñe las mejillas. Pero ya no queda mucho más que revisar en la hilera de ropa. Llegamos al final al mismo tiempo y nos encontramos cara a cara.

—Sí, es guapo —asiente Luke con indiferencia, haciendo que me dé un vuelco el estómago. Mantiene sus ojos fijos en los míos—. Pero tú también lo eres.

—¿Qué opciones habéis seleccionado? —nos interrumpe Chryser, acercándose a nosotros antes de que pueda responderle a Luke. Lleva los brazos cargados de prendas, todas ellas vestidos de distintos colores.

Elijo uno al azar.

—Este.

Chryser arquea sus finas cejas. En los ojos de Luke se ve un destello que me recuerda al que le he visto esta mañana en el baño.

Echo un vistazo al vestido. Es totalmente transparente, de arriba abajo. Tiene unos cristales diminutos que le dan un efecto reflectante. Pero, desde luego, no lo suficiente.

—La verdad es que, con esta luz, no me convence —digo mientras vuelvo a colgar el vestido que tan poco deja a la imaginación. Me giro hacia Chryser—. ¿Y qué has escogido tú?

Y así es como acabo, más de una hora después, con un vestido de color morado oscuro con escote corazón y mangas que dejan los hombros al descubierto.

Chryser me ha apretado el corsé tan fuerte que casi no puedo respirar y he tenido que cambiar mis fieles Docs por unos zapatos de tacón con plataforma de terciopelo negro.

Una abertura hasta el muslo en la pierna derecha le da el toque perfecto y me vendrá muy bien para ocultar la daga sin perder un acceso rápido a ella.

A mi lado, Luke se abrocha la chaqueta de un elegante esmoquin negro de terciopelo liso con sutiles motivos grabados. Debajo lleva una camisa ajustada de color morado oscuro que combina con mi vestido. No se ha abrochado los primeros botones y una pajarita de terciopelo cuelga suelta en su cuello.

Ya había visto a Luke con traje antes. Incluso los viernes informales, cuando Ted se ponía una camiseta de la liga universitaria de baloncesto dos tallas más pequeña, él jamás renunciaba a su camisa y sus pantalones de vestir. Pero este traje… está hecho a su medida.

En el gran espejo que tenemos delante, nuestros reflejos se miran a los ojos.

Chryser ha maquillado los míos con un delineador negro ahumado y una sombra morada, haciendo que mi mirada resulte más atractiva.

Si lo hubiera hecho yo, parecería que me han puesto ambos ojos morados de un puñetazo.

Tengo los labios rojos, aunque no me haya puesto pintalabios.

Es porque tienen marcas de dientes. Lo más probable es que me los haya mordido hasta dejármelos en carne viva durante el calvario de la noche anterior.

Quizá también tenga la culpa la forma en que Luke me devoró la boca.

Algo que me gustaría que estuviéramos haciendo ahora mismo. Con las plataformas, soy solo unos centímetros más baja que él. Y con nuestros conjuntos a juego, el uno al lado del otro, parecemos una pareja de verdad. Lo cual me provoca un profundo anhelo en el pecho.

—¿Te gusta el vestido? —le pregunto mientras doy una vuelta, aprovechando que nos hemos quedado solos. Chryser ha ido a la trastienda a buscar los últimos detalles.