Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

Por un momento, solo existimos él y yo. La sensación de sus labios sobre los míos, la desesperación que siento por dentro junto a la esperanza de que venga con nosotras.

Aunque esté enfadada, aunque esté confundida, aunque todo vaya tan mal , el roce de sus labios contra los míos me parece algo terriblemente bueno.

Como si todo tuviera una explicación y pudiera arreglarse, siempre y cuando lo resolvamos juntos.

Pero entonces se aparta, temblando. Deja caer la flecha y saca del bolsillo las llaves del monovolumen para ponérmelas en la mano. Me quedo mirando mi puño cerrado y, ya demasiado tarde, me doy cuenta de lo que era ese beso: un adiós.

—Lo has hecho muy bien, Brie —murmura. Las mismas palabras que me habían colmado de emoción apenas hacía un día. Ahora, con las lágrimas ahogándome y los labios ardiendo por los suyos, el efecto es diez veces peor—. Ya casi lo has conseguido.

Y, antes de que pueda decir nada, sale corriendo hacia Beliar.

Aturdida, agarro la mochila y enlazo mi brazo con el de Krystal. Esta hace lo mismo con Poppi, que se aferra con fuerza a la tercera mujer, la cual sigue sujetando el arco como si fuera un bastón.

Beliar le dice algo a Luke, pero no puedo oírlo por culpa de mi respiración entrecortada mientras arrastro a Krystal y a las demás junto a los contenedores que aún nos separan del monovolumen.

Sin tener que dar rodeos, la distancia que recorrer es mucho menor.

Cuando por fin llegamos, abro la puerta trasera y las hago pasar al interior.

Krystal es la última en entrar. Tiembla entre mis brazos cuando la ayudo a subir. Una vez dentro, me mira con los ojos entrecerrados.

—Dime que todo esto es un mal sueño —me suplica—. Dime que nos vamos a despertar.

—Es un infierno de pesadilla, ¿verdad? —Me obligo a sonreír. No quiero que esto la persiga el resto de su vida. Porque aún le queda mucho por vivir—. Es divertido verte aquí en mis sueños.

El alivio se refleja en su rostro y se deja caer en el asiento. Cierro la puerta justo cuando la voz de Beliar resuena como un siseo amenazante por todo el valle.

—Eres débil .

Miro hacia atrás y me quedo sin aliento. Al pie de la escalera, Luke yace postrado sobre sus manos y rodillas. Los bíceps le tiemblan, y apenas consigue mantener el cuerpo erguido. Intenta alcanzar la daga tirada en el suelo, pero Beliar la aleja de una patada con una risa cruel.

—¡Eres débil ! —repite el demonio—. Y siempre lo has sido. Debería haber sido yo .

Luke se incorpora sobre sus rodillas. Escupe una bocanada de sangre a los pies de Beliar.

Este suelta una carcajada.

—¿Crees que eso me ofende? Qué regalo poder ver cómo todo ese líquido rojo fluye de ti como un río, tal y como debe ser. Pronto se convertirá en un torrente.

Beliar empuña su arma con ambas manos. La cruda realidad de que Luke está a punto de morir me golpea como un mazazo. Acaba de besarme como en una puñetera película y va a morir . Beliar va a matarlo y yo soy la única que queda para hacer algo al respecto.

Debería irme. Él me ha dicho que me vaya.

Abro la puerta del conductor. Dejo caer su mochila sobre el asiento y encuentro el pequeño bolsillo con los dos viales que Hazaar me dio en el Mercado Nocturno. El amarillo es el de Vitalidad, el verde el de Fatalidad. Cojo este último.

El arco que Krystal y la otra mujer estaban utilizando como bastón está tirado en la arena, y, a unos metros de él, la flecha que Luke se ha extraído. Vuelvo sobre mis pasos para recoger ambas cosas. Me cuelgo el arco al hombro, descorcho el vial y vierto el contenido sobre la punta de la flecha.

Hay líquido suficiente para empaparla. Dejo el vial a un lado y vuelvo a mirar a Beliar y a Luke. Beliar tiene el hacha en alto y Luke lo mira desafiante.

Coloco la flecha en el arco y apunto. Me vienen a la mente mis años de clases de tiro con arco disfrazada de Katniss Everdeen. Solía tener buena puntería. Pero eso era con mi arco favorito, el que me regalaron mis padres por mi decimosexto cumpleaños y que conocía como la palma de mi mano.

Los músculos de Beliar se tensan mientras empieza a bajar el hacha como si fuera a partir la cabeza de Luke en dos. Lanzo la flecha, rezando para no fallar. O peor aún: para no darle a Luke, cuya boca aún puedo sentir contra la mía.

El arco está más tensado de lo que estoy acostumbrada, lo cual solo se hace evidente cuando ya es demasiado tarde. La flecha pasa rozando por encima de la frente de Beliar e impacta en los escalones de detrás de él, rebotando contra la piedra con un tintineo patético.

La risa cruel de Beliar rasga la noche cuando se gira para mirarme.

—Un acto de lo más heroico —se burla—. Una pena que hayas fallado.

Bajo el arco.

—¿Tú crees?

Entrecierra los ojos y se lleva una mano a la frente. El movimiento hace que el icor negro se le extienda por el hueso frontal. Baja los dedos para observar la humedad que los recubre.

—Apenas es un rasguño, pero deberías sentirte orgullosa de haberme hecho sangrar. No es tarea fácil. Lástima que vaya a ser el último logro de tu vida.