Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 23
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Capítulo 23

—Q ué sorpresa tan agradable. —Es la misma voz que Luke y yo oímos desde lo alto de la escalera.

El rostro de Beliar rebosa también la misma arrogancia.

Una sonrisa se dibuja en sus labios mientras se pone de pie—.

No es habitual que mis víctimas se presenten en la puerta de mi casa. ¿Has llegado con el último envío?

La mente me va a mil por hora, buscando tanto una respuesta como una vía de escape. La salida está a unos pasos, pero nuestras posibilidades acaban de reducirse drásticamente, y eso que ya de por sí no eran muy altas.

—Soy como una entrega de comida a domicilio —le digo a Beliar, intentando ganar tiempo.

Krystal y las mujeres que tengo detrás siguen avanzando a duras penas hacia la puerta.

Si logro mantenerlo ocupado el tiempo suficiente para que lleguen, quizá aún tengamos alguna oportunidad de salir de aquí—. Llego cuando menos te lo esperas.

Arquea las cejas, sin haber entendido a qué me refiero. Bien. Eso significa que el tiempo que pasó en mi mundo no fue mucho. Solo lo suficiente para ocasionar problemas.

—No necesito un quinto sacrificio, pero tampoco vendría mal —me informa Beliar saliendo al vestíbulo—. Eres una tonta por venir aquí. Y los tontos siempre van en manada, ¿no es así?

Abro la boca para soltarle otro comentario sarcástico, pero la voz de Luke resuena desde lo alto de las escaleras.

—¡Beliar!

A la luz de la enorme lámpara de araña que cuelga sobre nosotros, puedo ver con mayor claridad a Luke mientras baja por la gran escalera.

Todavía tiene la flecha clavada en el hombro, y la sangre le empapa toda la parte superior de la chaqueta.

El brazo izquierdo le cuelga a un lado, mientras que con el derecho empuña la daga.

La sonrisa de Beliar se ensancha.

—Mi ofrenda y mi presa viniendo directamente a mí… Me mimáis mucho.

—Es muy atrevido por tu parte desafiar a tu rey en beneficio propio —le recrimina Luke.

—Ese imbécil con el que estás emparentado no es mi rey —espeta Beliar—. Además, es difícil dejar pasar la oportunidad de vengarse.

Me quedo descolocada. Miro a Luke, pero él no le quita los ojos de encima a Beliar.

—Entonces es verdad —dice él con tono de resignación—. Te envió a por mí.

—Una decisión cuestionable por su parte —comenta Beliar—. Tenía pensado recoger a mis víctimas y acabar contigo de paso, pero, claro, tú tenías que tocarme las narices. Atraerte de vuelta aquí ha sido un acierto. He cumplido con mi parte del trato, y espero que me paguen generosamente por ello.

—¿De qué está hablando? —le pregunto a Luke.

Beliar levanta las cejas.

—Ah, ¿es que ella no sabe que enviarme al supramundo fue la ingeniosa forma que se le ocurrió a tu hermano para arrastrarte de vuelta al infierno? Qué honor que me toque a mí darle la noticia.

Eso sí lo sabía, pero hay algo que no cuadra. Porque Beliar ha usado las palabras «pariente» y «rey» en la misma frase, lo que significaría que…

—Tu hermano es el diablo. —Miro fijamente a Luke, con el pulso retumbándome en los oídos—. Dime que está mintiendo.

—Lo hago a menudo —se jacta Beliar—, pero ahora mismo no es el caso.

—Mi hermano… —Luke asiente, mirándome por fin a los ojos— es el diablo.

Una sacudida me atraviesa el pecho ante la confirmación.

—El diablo —repito, con una sensación de vacío en el cuerpo.

Beliar se ríe, con una carcajada grave y pomposa.

—El diablo. Si lo dices otra vez, a lo mejor aparece.

Luke vuelve a clavar la mirada en Beliar, pero su dura expresión vacila al oír mis palabras.

—Esto no cambia nada —dice mientras hace un gesto con la cabeza hacia las mujeres—. Recuerda por lo que hemos venido.

A pesar de la herida de flecha, se mueve con la misma agilidad de siempre al cruzar el vestíbulo para atacar a Beliar, quien ya lo está esperando y, tras esquivarlo, agarra un arma de aspecto medieval que cuelga de la pared, una especie de hacha gigante con una hoja curvada.

La blande contra Luke, que la esquiva por los pelos.

Estoy tan enfadada que casi no puedo respirar.

Si el hermano de Luke es el diablo, ¿en qué lo convierte eso a él ?

Ahora entiendo por qué expulsó a Luke, por qué pudo hacerlo .

Él mismo dijo que solo el diablo podía desterrar a la gente del infierno.

Yo no había atado cabos hasta ahora, pero debería haberlo hecho.

Tengo muchas preguntas y nada de tiempo para obtener respuestas, porque esto todavía es una misión de rescate. Y depende de mí llevarla a buen puerto.

Krystal y las demás mujeres han seguido avanzando poco a poco hasta la puerta principal, tal y como esperaba. Y ahora, con Beliar distraído, no hay nadie que me impida abrirla. Las cinco salimos tambaleándonos a la noche.

Entonces caigo en la cuenta, demasiado tarde, de mi tremendo error: me he olvidado de las estatuas que custodian la entrada.

Al oír el alboroto, se vuelven hacia nosotros. Levantan los arcos, encastan las flechas y disparan. Me giro para esquivarlas. El movimiento hace que Poppi y Madeline choquen con Krystal y caigan al suelo, arrastrando consigo a la mujer cuyo nombre desconozco.

Con la daga en la mano, me abalanzo antes de que la estatua más cercana tenga tiempo de preparar otra flecha.

Espero que la hoja raspe su fachada de piedra, pero se hunde en ella como si estuviera tan hecha de carne y hueso como yo.

Con la boca abierta por la sorpresa, lo miro fijamente a los ojos dorados mientras se desvanece en las sombras.

—¡Brie!

El débil susurro de la voz de Krystal atrae mi atención hacia la segunda estatua, que ya tiene una flecha lista para disparar en mi dirección. Pero, antes de que pueda lanzarla, un atizador de chimenea le golpea en el brazo e impide que lo haga.

Madeline está a su lado, blandiendo la herramienta con una determinación temeraria. Al girarse hacia ella, suelta la flecha. Esta se clava en el centro del pecho de la mujer, y la punta metálica brilla con un color rojo intenso al salir por su espalda.

—¡No! —grito. Lanzo la daga con todas mis fuerzas. Se clava en el abdomen del arquero y, un instante después, el arma cae al suelo con un ruido sordo mientras el cuerpo se desintegra.

Me precipito hacia Madeline. Ella se desploma en el suelo en una postura extraña, con las piernas dobladas bajo el cuerpo, los brazos extendidos y el torso retorcido a causa de la flecha que le sobresale por la espalda.

—Madeline. —Su nombre se me escapa como un sollozo desde lo más profundo del pecho. Ella mira al cielo con ojos carentes de vida.

—Tenéis que iros.

Luke está de pie frente a mí, enmarcado por las nubes del crepúsculo que se arremolinan sobre él. El dolor se refleja en su rostro mientras Krystal, Poppi y la tercera mujer se agarran a él. Los cuatro parecen estar a punto de desfallecer.

Se me parte el corazón por Madeline. Ni siquiera puedo llevarme su cuerpo. Le apoyo la cabeza en el suelo, agarro mi daga y bajo corriendo las escaleras junto a Luke al tiempo que me seco las lágrimas.

—¿Cómo has podido ocultarme que tu hermano es el diablo ? —le grito, con la rabia dándome fuerzas para seguir adelante y consumir el dolor—. ¿Cómo…?

—Lo sé —me interrumpe—. Lo siento. Al igual que tú, yo también estaba huyendo de mi pasado. No sabía cómo decírtelo, pero debí haberlo hecho.

—No me jodas…

—¡No vais a huir de mí ! —brama Beliar a nuestra espalda.

Luke se detiene y mira hacia atrás. Beliar está de pie en lo alto de la escalera, junto al cadáver de Madeline. Sostiene la temible arma en una mano y mira al cielo. Se le ve un brillo de alegría en los ojos cuando vuelve a fijar la mirada en nosotros.

—Se acerca el Juicio. Mis arqueros volverán y os darán caza. Necesitaba a cuatro para el sacrificio, y a cuatro conseguiré. Vuestras horas están contadas.

—Tenemos que irnos —apremio a Luke, avanzando con esfuerzo por el laberinto de contenedores.

—No.

—¡Sí!

Tras refugiarse detrás del contenedor más cercano, apoya con cuidado a Krystal y a las demás mujeres contra la pared. Se quita la mochila y la deja caer a mis pies.

Y entonces aprieta los dientes y agarra la flecha por el astil.

—¿Qué estás…?

Se la arranca. Está cubierta de sangre, espesa y pegajosa. Lo miro con horror.

—¡¿Cómo puedes ser tan estúpido?! —grito, y trato de sujetarlo cuando veo que se tambalea. Se aparta de mí y apenas consigue mantener el equilibrio apoyando una mano ensangrentada contra el acero del contenedor—. ¡No deberías haberte sacado la flecha! ¡Era lo único que impedía que te desangraras!

Sacude la cabeza y parpadea con fuerza.

—No voy a curarme con ella clavada.

—¡Así no te vas a curar! Tenías que haber esperado a que pudiéramos descansar y a que yo encontrara una gasa para presionar la herida y…

Todas las cosas que deberíamos hacer se me atascan en la garganta cuando él vuelve la mirada hacia Beliar.

—Tengo que ocuparme de él antes de que llegue el Juicio. Si los arqueros regresan mientras él sigue vivo, nos frenarán. Tienes que irte. Sigue el mapa hasta la casa. Allí estaréis a salvo.

Sigue sujetando la flecha. Y, al ver la sangre que le mancha las manos, abre mucho los ojos, como si se acabara de dar cuenta de lo que ha hecho.

—Ven con nosotras —le suplico. Empiezo a verlo borroso por las lágrimas—. En tu casa del supramundo te dije que nadie te echaría de menos, igual que a mí. Pero no es cierto. Yo te echaría de menos. Así que, por favor, Luke , ven con nosotras.

—Yo también te echaré de menos. —Se le quiebra la voz mientras me acaricia la mejilla con la mano ensangrentada, obligándome a mirarle a los ojos. Niega con la cabeza, como si intentara convencerse a sí mismo de algo.

—Ven con nosotras —repito, esta vez en tono más duro. Puede que le haya convencido. Tiene la mirada pensativa…

—A la mierda —susurra.

Y entonces me besa.