Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Señalo el jardín que delimita el lado derecho de la finca y el enrejado que llega hasta una ventana abierta en el segundo piso. Está salpicado de capullos de un amarillo brillante que destacan a pesar de la oscuridad.

—Subimos por ese enrejado, entramos en el segundo piso, buscamos la escalera más cercana hasta el tercero, rescatamos a nuestras chicas, bajamos por la escalera de servicio hasta la planta baja, salimos por la puerta trasera y nos montamos en el coche antes de que Beliar se dé cuenta siquiera de que hemos estado aquí.

Luke se queda en silencio durante un buen rato. El tiempo suficiente para ponerme de los nervios.

—No importa —digo—, podemos ir por…

—Es una idea buenísima —me interrumpe con un brillo de orgullo en los ojos—. Es arriesgado, pero hagámoslo.

Nos acercamos sigilosamente hasta llegar a la última fila de contenedores que hay al pie de la ladera. Luke se detiene y se lleva un dedo a los labios.

Ahora veo mucho mejor a los arqueros, lo que no hace más que ponerme aún más nerviosa.

Permanecen inmóviles como estatuas, porque realmente lo son .

Están hechos de piedra gris oscuro y sostienen con fuerza sus arcos mientras esperan.

Llevan los cascos calados, así que no puedo verles los ojos, si es que tienen.

Luke hace un gesto para que continuemos avanzando.

Lo sigo saliendo de detrás de la protección que nos ofrece el contenedor, y corremos hacia la ladera.

Si subiéramos por las escaleras, nos llevarían directamente a la puerta principal, así que nos apresuramos a escalar en silencio la pendiente polvorienta.

Luke va más rápido que yo, pero me esfuerzo por seguirle el ritmo mientras resbalo sobre la tierra suelta.

Hemos dejado la mayor parte de nuestras cosas en el coche, pero Luke insistió en llevarse su mochila y cambió el montón de frascos de almas por armas.

Ahora, esta golpea contra su espalda con cada paso que da, un sonido sordo pero aun así audible .

Entro derrapando en el jardín que rodea la finca, pisoteando todo lo que tocan mis pies. Antes de estrellarme de bruces contra el enrejado, Luke me agarra del brazo y me frena.

«¿Estás bien?», articula en silencio.

Asiento, tratando de recuperar el aliento lo más calladamente posible. Él se gira hacia el enrejado y palpa la celosía de madera para asegurarse de que aguanta.

Contemplo el impresionante jardín que acabo de arrasar.

No reconozco la mayoría de las plantas, pero distingo los capullos azules que trepan por el enrejado, destacando entre otros de color amarillo, como flores de luna.

En la pared exterior, justo al lado, hay una hilera de arbustos con bayas oscuras y jugosas.

Las botas se me hunden en la tierra húmeda.

Todo resulta extrañamente fuera de lugar en medio de este clima árido.

Luke me da un golpecito en el brazo, devolviendo mi atención al enrejado y haciéndome señas para que vaya primero.

La escalada es tediosa. Las manos y los pies se me mueven casi por sí solos, impulsados por la adrenalina que corre por mis venas al darme cuenta de que estamos aquí . Vamos a salvar a Krystal y a las demás mujeres, y todo va a salir bien.

Una parte morbosa de mí, la que no deja de mirar hacia abajo una y otra vez, se pregunta qué pasará si nos pillan.

¿Nos matará Beliar sin pensárselo dos veces?

¿Seguirá queriéndome como sacrificio final o me sustituirá?

No debería ofenderme, pero la idea de que incluso un demonio pueda considerarme prescindible es un nuevo tipo de golpe bajo.

Luke se coloca debajo de mí, lo cual no me tranquiliza mucho. Si me caigo, no habrá forma de evitar arrastrarlo conmigo.

Así que caerse no es una opción. Me tiemblan los brazos por el esfuerzo de escalar. Nunca he tenido miedo a las alturas, pero cuanto más nos alejamos del suelo, más empiezo a ponerlo en duda.

Por fin, el enrejado termina en el borde de la ventana abierta. Asomo la cabeza para echar un vistazo dentro.

Es un dormitorio. Un espacio amplio con una cama con dosel cubierta por cortinas negras y vaporosas, aunque poco más. Por lo que puedo ver, tanto la cama como la habitación están vacías.

Me subo al alféizar, pero me cuesta más de lo que esperaba.

Todos esos fines de semana sentada en el sofá viendo reality shows sin parar han mermado seriamente la fuerza de mi tren superior, lo cual me fastidia un poco, ya que al menos ejercitaba los brazos llevándome a la boca tenedores llenos de comida a domicilio.

Tengo que emplearme a fondo para trepar por la ventana, como si fuera la pared de la parte profunda de la piscina municipal a la que mi padre solía llevarme en verano cuando era pequeña.

Yo fui una de las más jóvenes en superar la prueba de la parte honda, porque era capaz de salir sola.

Canalizo esa misma energía que tenía de niña para impulsarme hasta meter todo el cuerpo. Y, vale, Luke, al empujarme el culo con la mano, también ayuda lo suyo, pero lo habría conseguido sola de todas formas.

Caigo al duro suelo de piedra en una postura poco elegante y me aparto rodando cuando Luke entra también. Por supuesto, a él no le cuesta nada girar el cuerpo hábilmente para caer de pie. Se yergue en toda su estatura y me mira con una ceja levantada mientras yo sigo en el suelo.

—Al menos podrías ofrecerte a levantarme —gruño.