Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—¿Qué? —Señala con la cabeza la piedra de amatista que llevo en el dedo—. Ese anillo que llevas siempre es de oro. Te he visto casi todos los días durante el último mes. No has llevado plata ni una sola vez.

A Krystal le encantaba provocarme diciendo que le había pillado mirándome.

Y, claro, yo también le pillaba a veces, pero suponía que solo era porque me necesitaba para algo.

Casi siempre continuaba con alguna pregunta rutinaria del trabajo o, últimamente, tanteándome para que no largara sobre sus andanzas nocturnas como exorcista.

No creía que realmente me estuviera mirando a mí.

—Sí —respondo en voz baja—. Eso fue lo que pasó.

Bueno, no solo eso, pero me hizo darme cuenta de que, si no me conocía después de todos esos años juntos, jamás lo haría.

Aun así, acepté su proposición, aunque el hecho de que yo me enfadara provocó que tuviéramos una pelea tremenda.

Me volví a mudar con mis padres y acordamos pasar la Nochevieja por separado.

Entonces ocurrió el accidente y me di cuenta de cosas que antes no veía.

Recuerdo los meses posteriores al accidente, envueltos en una nube de dolor y angustia y, curiosamente, claridad.

—Mis padres estaban deseando tener nietos, y esa presión recayó sobre mí, ya que era su única hija.

Me tuvieron cuando ya eran mayores, así que el tiempo corría en contra.

Pero a mí no me resulta fácil tener una relación sentimental con alguien a menos que lo conozca de verdad, y empezar de cero me parecía una pérdida de tiempo.

Perder a mi ex significaba renunciar al futuro perfecto que me había imaginado.

Pero al final lo perdí todo igualmente y ya nada tenía sentido.

Dejo las gafas en el regazo y me seco los ojos con la manga de mi sudadera de cuello redondo mientras la verdad escapa de mis labios.

—Soy la mala de la historia. Hui de mi antigua vida porque era demasiado doloroso quedarme, y llevo huyendo desde entonces.

Mis sollozos son el único sonido que rompe el silencio en el monovolumen. Incluso los cláxones de fuera se han acallado. Pero cuando una mano cálida se posa en mi muslo y el pulgar me acaricia con ternura por encima de la fina tela de los leggings, no me sorprendo. Solo me siento agradecida.

—No creo que seas la mala de la historia por priorizar tu supervivencia —dice Luke. Tras un momento de duda, añade—: Si te hace sentir mejor, creo que el velo se ha rasgado por mi culpa.

Lo miro con expresión atónita.

—¿El velo entre el supramundo y el inframundo? ¿Ese que, según dicen, Beliar quiere rasgar por completo con el sacrificio de Krystal para convertir la Tierra en un auténtico infierno? ¿ Ese velo?

Luke asiente con aire sombrío.

—El único e irrepetible. Me has preguntado por la traición de mi hermano.

Pues aquí la tienes. Yo no quería irme del infierno.

Quizá debería haberlo hecho, porque ahora que he vuelto veo lo horrible que es, pero era mi hogar.

Una vez que hice el pacto para garantizar la protección de mi familia, ya no me importaba el supramundo.

Pero mi hermano nunca me perdonó, y las cosas entre nosotros fueron de mal en peor hasta que hizo lo impensable: consiguió que me echaran.

—¿Del infierno ?

—No es fácil, pero hay formas de hacerlo.

Vacíos legales, como ocurre con todo lo demás.

Pero creo que ahí es donde las cosas se torcieron.

Permitir que alguien pase de un mundo a otro conlleva mucho papeleo y una documentación muy específica.

Es como un exorcismo a la inversa. Si se hace mal, se altera el frágil equilibrio entre los mundos.

Piensa en el velo como si fuera la capa de ozono.

Cuantas más cosas alteran el equilibrio, más grande se hace el agujero, hasta que acaba abriéndose del todo.

Un sacrificio como el que planea Beliar bastaría para inclinar la balanza.

Pero el hecho de que mi hermano me enviara al supramundo podría haber sido suficiente para que el velo empezara a rasgarse.

Antes no estaba seguro, pero ahora estoy convencido.

Me recorre un escalofrío.

—¿Y qué pasó? ¿Simplemente… apareciste en el supramundo?

—En Silicon Valley. —Luke asiente—. Estaba desorientado y furioso, y no tenía nada más que estas dagas.

Le había quitado la suya en cuanto me di cuenta de lo que estaba haciendo.

Sabía que podría volver al infierno si conseguía llegar a la estación de Nueva York, pero llegar allí suponía un viaje de casi cinco mil kilómetros atravesando todo el país.

No tenía coche, ni comida, ni nada. Aun así, emprendí el viaje y llegué bastante lejos impulsado solo por el rencor.

No puedo evitar que se me escape la risa.

—Ahí estábamos los dos, de camino a Nueva York. ¿Por qué te quedaste en Tarrentown?

—Me detuve en muchos sitios. Conseguí un coche de forma ilegal y dependía de trabajos esporádicos para ganar dinero y de la generosidad de desconocidos para comer. Ahí fue donde las cosas cambiaron.

—¿Por qué lo dices?

—La gente era amable . —Frunce el ceño, como si todo eso aún le dejara perplejo—.

Empecé a ver el supramundo con otros ojos.

Como algo que había que proteger. Incluso antes de que se rasgara el velo, sabía que algunos demonios y monstruos merodeaban por allí, y que lo habían convertido en su hogar recurriendo a otros medios.

La mayoría lleva una vida normal, pero otros siembran el caos y la miseria.

»Durante mis viajes a Nueva York, empecé a cazar a los demonios que causaban problemas.

Si sabes qué debes buscar, como una serie de muertes espantosas o gente que de repente comienza a comportarse de forma muy extraña, es fácil encontrarlos.

Me resultaba muy natural darles caza. Y, sinceramente, me sentaba bien enviarlos de vuelta después de haber pasado gran parte de mi vida aterrorizado por ellos.

No hacía falta ningún pacto para ser poderoso o estar a salvo. Ya no necesitaba esconderme.

—Apuesto a que fue liberador —comento.

—Mucho. Tenía el instinto necesario para encontrarlos, y eso me llevó a Tarrentown.

Hacía tiempo que estaba persiguiendo al demonio que había poseído a Debra, pero era un cabrón escurridizo.

Cuando reduje las sospechas a un empleado de Curated Care, sinceramente pensé que se trataba del antiguo jefe.

Solicité el puesto, me dieron cita para una entrevista y planeaba exorcizarlo allí mismo.

Siempre hago algunas pruebas, como tirar sal o quemar salvia, y él no reaccionó a ninguna de las dos.

Pero le caí bien, y pensé que quizá tener un trabajo de verdad por un tiempo no estaría tan mal.

Había conseguido documentos falsos en Las Vegas y tenía bastante dinero ahorrado para alquilar aquella casa.

Estaba lo suficientemente lejos para poder ocuparme de mis asuntos sin vecinos entrometidos, y entonces, por fin, di con el demonio.

—¿Qué fue lo que delató que se trataba de Debra?

Él frunce el ceño.

—Hacía un trabajo pésimo . El antiguo jefe la había alabado como una de las mejores, pero la mayoría de los documentos que llegaban a mi mesa apenas tenían signos de puntuación.

Sabía que estabas teniendo problemas con ella a la hora de enviar los informes.

Le hice algunas de mis pruebas y no superó ninguna.

Sabía que Debra estaba actuando de forma extraña. Me pregunto cuánto tiempo habría durado todo eso si Luke no hubiera estado allí. Quizá Debra habría intentado comerme en la próxima fiesta de empresa.

—¿Así que tener que hacer un exorcismo en tu despacho no formaba parte del plan? —deduzco.