Ojalá leas esto desde el infierno Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—Sí —digo. Y por si acaso se le mete alguna idea en la cabeza…—: Es de obsidiana.

—Se nota a un kilómetro de distancia. ¿Lleva él la pareja?

—Sí.

—Mmm.

No sé qué tipo de «mmm» es ese. Quizá un ligero tono de reproche. Busco la razón más obvia que se me ocurre para que haya reaccionado así.

—¿Te la regaló Luke cuando estabais juntos?

De repente me lo imagino como uno de esos chicos de fraternidad con un montón de novias, regalando a cada una la sudadera con capucha que todas desean, solo para quitársela y pasársela a la siguiente una vez que la relación termina.

—Ah, no. A mí no. Siempre la tuvo su hermano.

Dos dagas compañeras para dos hermanos mellizos.

Si quieres hablar de traición, deberías preguntarle por su hermano.

Quizá ahí encuentres algo. —Tatianna se detiene, como si, por primera vez, se preguntara si ha hablado de más.

Pero entonces parece recordar que Luke es su ex y que está durmiendo en su territorio.

No le debe nada—. Nunca quise esa daga. Como te puedes imaginar, no me llevo bien con la obsidiana.

Se bebe hasta la última gota de sangre y deja el vaso sobre la barra con un golpe seco. Se baja del taburete y se inclina por encima de mi hombro, de modo que su aliento me roza el cuello.

—Deja que te dé un consejo. —Sus labios me acarician la oreja. Reprimo un escalofrío de incomodidad y, para mi horror, también un poco de placer—. Se avecina una tormenta, y de las gordas. Que no te pille en el ojo del huracán.

Me termino el último sorbo de cerveza y, cuando me doy la vuelta, ella ya no está. Tampoco los demás clientes. La taberna está inquietantemente vacía. Fuera, el viento arrecia.

«La tormenta». El Juicio. Salgo corriendo de la taberna y, nada más poner un pie fuera, las trenzas azotan mis mejillas.

Como antes, una sensación de desesperanza me oprime el pecho, como si el viento me golpeara con el peso de la culpa y el dolor.

Subo corriendo las escaleras del motel, tratando de abrirme paso entre las violentas ráfagas para llegar a nuestra habitación.

La gravilla vuela por los aires y se me clava como agujas.

Llego a la puerta, pero tengo que cerrar los ojos y buscar a tientas para introducir la llave en la cerradura.

La puerta se abre hacia dentro a pesar de mis movimientos torpes y tropiezo al cruzar el umbral. Luke me sujeta antes de que me caiga sobre la moqueta, tira de mí con fuerza y cierra de una patada.

—¿A ti qué te pasa? —me pregunta con brusquedad. Me estremezco y me zafo de su agarre para erguirme—. ¿Por qué has salido de la habitación? ¿En qué estabas pensando? No, no respondas. No pensabas en nada. Me desperté y ya no estabas .

Lo miro fijamente, sin saber muy bien a qué pregunta responder primero. Nunca le había oído lanzar tantas de golpe. Por la forma en que me devuelve la mirada, con los ojos muy abiertos, preocupados e iluminados por los destellos de los relámpagos, no estoy segura de que quiera saber las respuestas.

Por fin recupero la voz.

—Siento haberme ido. Volví a la taberna a tomar algo…

Su expresión se ensombrece.

—¿Que has vuelto a la taberna?

—Sí, he vuelto a la taberna —contesto. No volveré a ser la mujer de antes, que se encogía cuando le tocaba enfrentarse a la desaprobación—. Y que sepas que he tenido una conversación muy fructífera con Tatianna.

Su rostro se torna totalmente lívido.

—He descubierto cosas la mar de interesantes sobre ti. —Dejo mi cuello al descubierto solo para molestarlo y digo—: Le he ofrecido un sorbo.

No surte el efecto deseado. En lugar de provocarlo, el pánico se apodera de su rostro. Antes de poder pestañear, me recorre el cuello con los dedos de arriba abajo, dejándome la piel de gallina a su paso.

—Dime que no te ha mordido. Dime que sus dientes ni siquiera te han rozado. Dime…

—¡No me ha hecho nada! Estoy bien —le tranquilizo. Sus manos se detienen en la unión entre mi mandíbula y el cuello, con los dedos extendidos mientras me aprieta las mejillas con los pulgares. En sus ojos se refleja algo salvaje. Está aterrado .

Levanto mis manos para imitar la posición de las suyas en su cara, de modo que no le queda más remedio que ver reflejado en mis ojos que digo la verdad.

—Estoy bien. No me ha mordido. Solo lo he dicho para… —«Provocarte y que reaccionaras». Pero ¿por qué iba a querer eso siquiera?—. No lo sé. No sé por qué lo he dicho.

Nos quedamos quietos, con su mirada clavada en mí de tal forma que me tiemblan las piernas.

Sé que puede sentir el latido de mi pulso bajo sus dedos, porque yo puedo sentir el suyo.

Aparta la mirada de mis ojos para recorrer mi rostro, explorando cada centímetro como para asegurarse de que lo que digo es cierto.

Se detiene en mi boca, y eso me hace darme cuenta de lo cerca que estamos.

Basta con que uno de los dos se acerque un poquito más y nuestros labios podrían tocarse.

«Bésame». La palabra resuena en mi cabeza, como si, solo con pensar en ella con suficientes ganas, fuera a suceder.

Pero entonces recuerdo lo que dijo Tatianna sobre que Luke siempre tiene segundas intenciones y retrocedo.

Él parpadea, respira hondo y baja las manos. Lucho contra el impulso de volver a atraerlo hacia mí. Me gustaba que me tocara. Estar entre sus brazos . Ojalá no me hubiera levantado de la cama hace una hora.

Me toma las manos entre las suyas y me vuelve las palmas hacia arriba. Me sube las muñecas hacia la tenue luz del techo y recorre con los pulgares mi piel sin marcas. Me obligo a no estremecerme ante ese leve contacto.

—Es el Juicio —murmura, soltándome las manos para pasarse una de las suyas por la cara—.

Es capaz de exacerbar las peores emociones del momento, como el miedo, la ira o la ansiedad.

Lo siento. No era mi intención mostrarme tan autoritario.

Entré en pánico cuando la tormenta me despertó y no estabas aquí.

Es solo que… Joder. Nunca me lo habría perdonado si ella te hubiera hecho algo solo para fastidiarme.

—Parece que ya ha amainado —comento, al percibir el silencio que reina fuera.

Luke asiente.

—Deberíamos irnos de aquí.

—Apenas has dormido dos horas. Necesitas descansar más —le digo mientras se mueve nerviosamente por la habitación como si fuera un tornado, una réplica del que acaba de azotar el exterior.

—No hay más que hablar.

Luke me pone la bolsa de viaje en los brazos y acto seguido se echa la mochila al hombro. Me empuja hacia la puerta y se da la vuelta para echar un último vistazo. Con un bufido, entra a toda prisa y sale con mi teléfono y el cargador en la mano. Se los mete en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

Estamos a mitad del aparcamiento cuando la voz de Tatianna resuena en la noche.

—¿En serio te vas sin despedirte?

Sus palabras son juguetonas, pero su rostro no acompaña en absoluto. Está flanqueada por el camarero y la camarera. Sus labios se curvan para dejar entrever el destello de sus colmillos.

—Ya nos hemos quedado más de lo debido. —Luke mira la distancia entre nosotros y el monovolumen, y luego vuelve a mirar a Tatianna y a su grupo, como si estuviera calculando si podríamos salir del aparcamiento antes de que nos alcancen.

—Vuelve siempre que quieras. Me gusta verte nervioso. —Tatianna sonríe enseñando los dientes—. Y tráete tu nuevo juguete. He disfrutado bastante de nuestra pequeña charla.

Con una creciente sensación de horror, me doy cuenta de que se refiere a mí .

Luke da unos pasos hacia ella, con el puño cerrado alrededor de la daga casi con la misma fuerza con la que aprieta la mandíbula. Los ojos de Tatianna brillan con un destello escarlata en la oscuridad. Los dos se encuentran a apenas unos metros de distancia, con la mirada fija y candente.

Se hace un largo silencio. Luke no baja la daga, pero tampoco se abalanza sobre ella.

Por fin, ella se relaja. Le escupe a los pies.

—No merecías que perdiera mi tiempo cuando éramos amantes, y tampoco lo mereces ahora. Dejaré que Beliar se encargue de ti.