Capítulo 15 #2
Es más de lo que Luke me dijo que pidiera, pero estoy deseando impresionarlo.
—Cuatro veinticinco. Es mi última oferta.
Hazaar se ríe, pero esta vez su risa no se parece en nada a la de mi padre y poco a poco se va convirtiendo en una tos seca.
—Eres toda una experta en trueques. ¿Qué tal cuatrocientos exactos? Y añadiré algo más para endulzar el pacto.
Pacto… Se me eriza el vello de la nuca, pero es la única persona con la que tengo permiso para llegar a un acuerdo, así que decido ignorar esa sensación de incomodidad.
—¿Y qué es ese algo?
—Haces bien en desconfiar. Si, como tú, hubiera sido algo menos ingenuo, quizá no habría cerrado el trato que me llevó a perder estos. —Señala sus ojos ciegos, pero sonríe—. Menos mal que no los necesito para este trabajo.
No sé si debería reírme o no, así que le devuelvo la sonrisa antes de recordar que no puede verla.
—Ibas a contarme qué más vas a incluir.
—¡Qué profesional! Eso es algo que respeto.
Coge todo lo que hay en la mochila de Luke y lo coloca en una de las estanterías ya abarrotadas de mi derecha.
Un tarro está a punto de caerse y abro la boca para avisarle, aunque ya tarde.
Sin embargo, a pesar de que las palabras no llegan a salir de mi boca, él lo atrapa en el aire y lo deja a buen recaudo.
—Por poco. Menos mal que tengo el oído tan fino como el olfato.
Saca dos frascos de cristal vacíos de la estantería y camina sin prisa hacia los calderos.
Con un cuentagotas de los que se usan en los sérums, algo con lo que estaba muy familiarizada cuando mi ya inexistente rutina de cuidado de la piel estaba en su máximo apogeo, succiona un poco del líquido verde oscuro y lo vierte en uno de los frascos antes de taparlo.
Hace lo mismo con un líquido amarillo opaco unos calderos más allá.
—Esto —dice mientras sostiene en alto el vial verde— es un veneno tan potente que podría acabar incluso con los demonios más fuertes, sumiéndolos en un letargo que duraría cien años y seis días, y del que ningún Juicio ni invocación podría sacarlos.
Bastaría con un sorbo o con una daga impregnada que penetrara su carne.
Incluso con un simple arañazo. Lo llamo Fatalidad.
Lo cojo. Luego levanta el vial amarillo.
—Este se llama Vitalidad. Como en todo, es necesario encontrar el equilibrio. Mientras que Fatalidad lleva la muerte a tu puerta, Vitalidad lleva la vida. Esta única dosis puede salvarte de una muerte certera. Es algo que tiene un valor incalculable para una mortal frágil como tú.
—Te lo agradezco —digo con cautela, ya que dar las gracias a un demonio, si es que eso es lo que es Hazaar, parece algo contra lo que Luke me habría advertido—. Espero no tener que usarlo.
—Esperar… ¡Qué típico del supramundo!
Se mete la mano en el bolsillo del delantal y saca un puñado de frascos diminutos, no más grandes que la punta de mi pulgar, con tapones igual de pequeños. De su interior emana un resplandor azul.
—Te aconsejaría que los contaras, pero no creo que te convenga dedicarle demasiado tiempo. Está a punto de amanecer.
—¿Amanecer?
¿De verdad llevo tanto tiempo en el Mercado Nocturno? Es cierto que Luke me dijo que el tiempo funcionaba de otra manera en este lugar. Tengo que encontrarlo y salir de aquí antes de que sea demasiado tarde.
Hazaar echa varios puñados de frascos diminutos en la mochila de Luke. Hay un bolsillo independiente en la parte superior con ranuras para bolígrafos. Dado que no tengo nada mejor con que protegerlos, meto los dos viales dentro.
—Algunas de ellas son mis mejores almas, así que dile a tu Luke que más le vale tener cuidado con sus próximos intercambios —me aconseja Hazaar—. Son buenos trabajadores.
—Las almas que hay dentro… ¿son almas de verdad?
Es cierto que Luke los llamó «frascos de almas», pero resulta increíble que los mismos seres que iban en el tren se hayan condensado en formas tan diminutas y enigmáticas.
—Oh, por supuesto. —Hazaar sigue rebuscando en su delantal más frascos—.
Son nuestra moneda principal. Puedes dejarlos en los frascos para intercambiarlos o liberarlos para que hagan lo que les pidas.
Pero asegúrate de que la tarea en cuestión esté decidida.
Si los liberas sin nada que hacer, se disiparán y podrán descansar al fin.
Estarías malgastando una buena suma de dinero.
Además, eso también perjudicaría mucho a la economía.
Por muy horribles que pudieran ser las cosas que esas almas hayan podido hacer y que las hayan llevado a acabar condenadas aquí, me revuelve el estómago pensar que van a ser explotadas durante toda la eternidad.
Antes de que se me ocurra hacer alguna tontería, como tirar un montón de frascos contra los adoquines, cierro la cremallera.
—Ha sido un placer hacer negocios contigo —digo mientras me coloco la mochila, que ahora pesa bastante menos.
Hazaar sonríe, pero sus ojos ciegos hacen que resulte escalofriante.
—El placer ha sido todo mío.
Cuando me dispongo a salir de la tienda, mi nariz choca con el segundo pecho de la noche.
—Ah, estás aquí.
Luke parece impresionado al verme, lo cual resulta gratificante e insultante a partes iguales.
—Empezaba a pensar que me habías dejado plantada —miento para ocultar el miedo muy real que me ha estado carcomiendo por dentro: que los fantasmas se lo hubieran llevado.
—Tuve que ocuparme de los espíritus y luego tuve… otros problemas.
—El problema ha vuelto —nos interrumpe Hazaar, levantando un dedo para pedir silencio.
Fuera de la tienda, se oyen pasos apresurados, acompañados por el inconfundible gruñido ronco de la voz de Vaquero.
—¡Ha ido por ahí!
Luke y yo nos relajamos cuando el sonido de los pasos se desvanece y solo quedan los lejanos susurros de la música, el crepitar del fuego bajo los calderos y el burbujeo de los líquidos en su interior.
—Se han ido —dice Hazaar, y nos da la espalda para remover el líquido verde. Fatalidad—. Me acuerdo de ti.
Luke se tensa a mi lado.
—¿Sí?
—Tu voz —dice Hazaar sin dejar de remover—.
Tu olor. —Se lleva la cuchara tan cerca de la boca que contengo el aliento, convencida de que le va a rozar los labios.
Por suerte, se limita a inhalar hondo y sonríe ante su aroma, sea cual sea.
Con tantas fragancias compitiendo por imponerse en un espacio tan reducido, es difícil distinguir cuál es cuál—. Tu aire.
—Entonces sabes que soy amigo —dice Luke—. Pronto va a amanecer y tenemos que irnos.
—Así es —asiente Hazaar—. El reloj de arena está a punto de darse la vuelta.