14. Capítulo 13 #2
—Soy una directora de marketing que responde a sus correos electrónicos puntualmente —digo, sintiendo los ojos de Declan recorrer mi cuerpo—. Pero bueno, acepto lo de maga.
La sala ríe, y me permito disfrutarlo por un segundo.
Porque esto, esto es el sueño. La razón por la que crucé el país. Lo que he estado intentando demostrar toda mi vida adulta. Yo he construido esto. Yo. La chica que mi madre cree que anda por ahí persiguiendo a niñatos en un estanque helado.
Debería estar en una nube.
Y lo estoy. En su mayor parte.
Excepto por un pequeño, exasperante, problema de un metro noventa y tres.
Colin gira su silla hacia el hombre en el que estoy pensando, con migas de galleta en la barba incipiente.
—Hablando de impulso… Declan. ¿Cómo va el equipo? ¿Qué vibras hay en el viejo vestuario?
Declan se aclara la garganta.
Y me mira de reojo.
Es rápido. Un fugaz movimiento de esos ojos azul intenso, visto y no visto, pero se me clava como un anzuelo bajo las costillas. Sí . Algo no va bien. Algo va mal . Solo que no sé el qué.
Porque la última vez que vi a este hombre, me estaba atrayendo contra su pecho desnudo, poniendo las llaves de su coche en mi palma mientras me besaba lenta y tontamente en su dormitorio justo después de que nos pillara su hermano.
La última vez que lo vi, estaba sonriendo .
¿Ahora?
Está mirando a su alrededor como si todos los presentes le hubieran hecho algo malo.
—Las vibras están bien —dice.
Bien. Se me cae el alma a los pies.
—Los chicos están trabajando duro. Machacándose. —Se encoge de hombros, con aire despreocupado y relajado, como si estuviera hablando del tiempo y no de una franquicia con soporte vital—. Todo saldrá bien.
Todo saldrá bien.
Eso es todo. Sin fuego. Sin garra.
Solo el tío de hockey apático y gruñón que me había pasado semanas intentando sacar a la luz.
Darcy toma la palabra a continuación, deslizando su tableta por la mesa. El entrenador Pearson se endereza, y su buen humor se desvanece y se convierte en algo más serio mientras nuestra jefa de análisis da su opinión sobre el asunto.
—Los jugadores lo están haciendo bien —comienza Darcy, mostrando un nuevo conjunto de datos en la pantalla—.
Nuestros análisis muestran una mejora significativa en todos los ámbitos.
Declan, tu porcentaje de faceoffs ha subido doce puntos.
La precisión de tiro de Campbell ha mejorado.
El porcentaje de paradas de Sawyer en los dos últimos partidos es el mejor que ha tenido en toda la temporada.
—Bien —retumba el entrenador—. Eso está bien.
—Lo está . —Darcy hace una pausa—. Pero estamos vigilando a algunos jugadores con bajo rendimiento.
Me doy cuenta de que su mirada recorre la sala. Y, por un segundo, se posa en mí.
Qué raro.
—¿Bajo rendimiento? —Declan se inclina en su asiento, de repente más interesado de lo que ha estado desde que entró.
—Nada de lo que alarmarse por ahora —continúa ella con suavidad—. Evaluación de plantilla estándar. Todos los equipos la hacen a mitad de temporada. Pero hay un par de jugadores cuyas cifras no se corresponden con el impacto en el tope salarial, y si estamos buscando sostenibilidad a largo plazo…
—Son carne de traspaso —termina Colin.
—Yo no he dicho eso. Pero si ciertos jugadores no empiezan a cumplir… —deja la frase en el aire, permitiendo que la conclusión se sobreentienda.
Colin asiente, tamborileando con los dedos sobre la mesa.
—De acuerdo. Mantenedme informado. No quiero sorpresas.
—No las tendrás.
Se aparta de la mesa, estirando los brazos por encima de la cabeza.
—Muy bien. Buena reunión, a todos. Gran reunión. La mejor reunión que hemos tenido desde que empecé en este trabajo, y estoy incluyendo aquella en la que me dieron las llaves del almacén de tablas de surf.
—Ese fue tu primer día —dice Darcy, recogiendo sus cosas.
—El mejor día de mi vida. —Se levanta, todavía estirándose, pero entonces me señala —. ¡Ah! ¡Josie! ¡Casi se me olvida mi parte favorita!
Lo miro con el ceño fruncido.
—¿Sí, Colin?
—Tenemos la gira fuera de casa a la vuelta de la esquina.
Tres partidos, dos ciudades, lejos de casa.
—Ahora sonríe, con esa sonrisa amplia y despreocupada—.
Y como tú eres la razón por la que alguien en este país sabe que los Beachside Bears existen…
—extiende los brazos—, ¡te enviamos con el equipo!
Parpadeo.
—Tú… ¿qué?
—¡Gira fuera de casa! ¡ Yujuu ! —Beck, que ni siquiera me había dado cuenta de que se había colado en la parte de atrás de la sala a mitad de la reunión, levanta un puño desde la puerta—. ¡Viene a la gira! ¡JODER, SÍ!
—Joder, sí, desde luego. Tareas de relaciones públicas —continúa Colin, sonriendo—.
Contenido, coordinación con los medios, todas esas cosas de maga.
Viajarás con los chicos. Primera clase, hoteles del equipo, todo el circo.
—Me da una palmada en el hombro al pasar—. Disfrútalo, Josie. Te lo has ganado.
Y así, sin más, la reunión se disuelve. Los bollos desaparecen en servilletas. Rose recoge su tableta. El entrenador Pearson murmura algo a Pete sobre la práctica de cambio de línea mientras salen por la puerta.
Me quedo sentada un segundo, con el pulso haciendo algo estúpido y esperanzado tras mis costillas.
¿Una gira fuera de casa? ¿Con el equipo?
¡¿Con Declan?!
Una gira fuera de casa significa hoteles. Lo que significa estar muy cerca. Y eso significa que, por primera vez en días, podría tener más de tres minutos en la órbita de Declan.
Al menos ahora descubriré la verdad.
Al menos ahora estaré lo suficientemente cerca para leer lo que sea que ha estado escrito en esa cara suya, hermosa, melancólica y exasperante.
Al menos ahora sabré si de verdad hice algo mal.
O si mi madre simplemente me traumatizó tanto que me he pasado cuatro días confundiendo a un hombre con algo en la cabeza con un hombre que se aleja de mí.
Cojo mi ordenador portátil, me levanto, y pillo a Darcy observándome con esa media sonrisa de complicidad.
—¿Qué? —pregunto.
—Nada. —Se vuelve a bajar las gafas de sol—. Es que tienes la expresión exacta de una mujer que está a punto de pasarse una gira fingiendo que no se acuesta con el capitán.
Casi se me cae el portátil.
— Darcy …
—Tranquila. —Coge la última galleta de la bandeja y se dirige a la puerta, diciendo por encima del hombro—: Tu secreto está a salvo conmigo… maga .
Me quedo congelada en la sala de conferencias vacía, con el corazón desbocado y la cara ardiendo.
Una gira fuera de casa. En la carretera, con dos secretos candentes a punto de explotar.
Que Dios me ayude.
Que Dios me ayude, joder.