1. Prólogo #3
Tomo un sorbo lento de mi cóctel, observando cómo su lengua se asoma para atrapar una gota de licor de melocotón de su labio. —Depende. ¿Qué hace una turista perdida cuando no recibe malas indicaciones?
—Ah, ya veo. Estás evitando la pregunta. Me gusta. —Se inclina hacia delante, con el codo en la mesa y la barbilla en la palma de la mano—. Déjame adivinar. Trabajas con las manos. Tienes esa pinta.
—¿Qué pinta?
—La pinta de «rompo cosas y la gente me paga por ello».
Me río, sorprendido por su sinceridad. Nadie me habla así. —Y yo que pensaba que estaba siendo encantador.
—Lo eres. Ese es el problema.
La observo un segundo y veo que, detrás de esos ojos verdes, hay un parpadeo de « joder, ¿de verdad estoy haciendo esto? » antes de que lo oculte. Está nerviosa. Está fingiendo ser alguien que no es.
Bien. Yo también.
—¿Y tú? Déjame adivinar. Huyes de algo. ¿Un exnovio? ¿Una familia pesada?
Su sonrisa flaquea durante medio segundo, como si hubiera dado en el clavo, y luego se agudiza. —Digamos que he venido a estar en un sitio donde nadie sepa mi nombre.
Ay, encanto.
—Así que has venido a un pueblo lleno de desconocidos —digo lentamente—, para ser una desconocida.
—Algo así. He venido a hacer una locura antes de que mi vida se ponga muy, muy seria.
Suelto una risita e inclino la cabeza. —Bueno, por lo que he oído… soy la mayor locura que ha visto este pueblo entero.
—Sí. —Me sostiene la mirada, firme como una roca—. Das la sensación de ser una locura.
Inclina su copa hacia la mía y tengo que reprimir un gemido. Esta mujer. Quiero follármela hasta dejarla sin sentido y también desentrañar su mente. Todo al mismo tiempo.
La combinación es peligrosamente embriagadora.
Seguimos hablando y, al poco tiempo, vamos por la tercera copa cuando ella se inclina más, y su aroma me envuelve.
—Y bien —murmura, con la voz un poco afectada por el alcohol—. ¿Cuál es el plan para después de esto?
Dejo que mi mirada baje a su boca y luego vuelva a sus ojos. Mi sangre se calienta.
—Bueno, eso depende de ti.
Tararea, dando golpecitos con un dedo en su vaso vacío. —¿Por qué de mí?
—Porque… —Me inclino, dejando que mi aliento cálido le recorra el cuello. Un sonrojo se extiende por su pecho, visible por encima del escote—. Por suerte para ti, tengo una política muy estricta que prohíbe dejar que desconocidas guapas deambulen solas por Beachside después del anochecer.
Su respiración se entrecorta. —¿Es peligroso por aquí?
—Mmm. Mucho. —Dejo que mis nudillos rocen los suyos sobre la mesa—. Así que, si has terminado con esa copa, ¿qué te parece si te acompaño de vuelta a tu hotel?
Se echa hacia atrás, quizás sopesando si soy un asesino en serie o no. No parece el tipo de chica que hace esto por diversión, pero, por otro lado, hay algo… inquieto en ella que no logro identificar.
Como si se estuviera dando permiso para tomar una muy mala decisión esta noche.
—Bueno, no podemos dejar que me pase nada malo, ¿verdad?
La sonrisa que me dedica es lenta y tan jodidamente excitante que me duele la polla. Dejo un fajo de billetes en la mesa y, mientras la conduzco fuera del Breakers, sintiendo la brisa fresca del océano, veo las cejas levantadas de Beck y la sonrisa de Mason desde el otro lado del bar.
Los ignoro y la guío por el paseo marítimo de madera, pasando junto a los vendedores ambulantes nocturnos y un grupo de adolescentes que me miran dos veces.
Sé que me reconocen y, por supuesto, podría ser el jugador que Colin Holden quiere que sea ahora mismo. Podría pararme con los aficionados locales, charlar un poco y firmarles algunos autógrafos.
Pero esta noche no voy a parar.
Porque toda mi atención está puesta en conseguir que la mujer a mi lado grite mi nombre.
—Ya casi llegamos —digo, dejando que mi hombro roce el suyo.
Ella se inclina más, dejando que le rodee la cintura con el brazo. Joder , qué suave es. —Genial.
Sus chanclas repiquetean en el paseo de madera mientras prácticamente corremos hacia el Hotel Beachside. Pero justo cuando llegamos al césped espeso que conduce a las habitaciones con vistas al mar en las que he estado demasiadas veces, se detiene y se da la vuelta para mirarme.
—Voy a, um… voy a empezar un nuevo… —hace una pausa y me estudia la cara, observándome con atención.
La luz de la luna ilumina el verde de sus ojos y me cuesta todo mi esfuerzo no follármela aquí mismo, ahora mismo.
—¿Estás bien? Si no quieres… —Le deslizo la mano por el brazo, dejando que sienta el calor de mi palma—. Si has cambiado de opinión, no pasa nada.
Es como si tuviera algo importante que decir, algo que necesita soltar. Joder, conozco la sensación. Me he pasado toda la vida intentando mantener unida toda la mierda de una familia.
Quizá a ella le pase lo mismo.
Pero puede que me importe una mierda. No esta noche.
—No, no . —Niega con la cabeza, sus ojos se abren de par en par mientras una ola rompe detrás de nosotros—. ¿Sabes qué? Me dije a mí misma que podía hacer esto. Necesito hacer esto. Pero tal vez, solo por esta noche, no quiero nombres. ¿Te parece bien? ¿O es demasiado raro para ti?
Lo considero por un segundo.
La voz de Colin resuena en mi cabeza. Relaciónate con la comunidad, da la cara, crea una marca .
Esto. Esto es exactamente lo que necesito antes de enderezarme. Una noche más sin ataduras. Solo calor y el océano y una hermosa desconocida que no quiere saber quién soy.
Una lenta sonrisa se extiende por mi cara. —Sin nombres es perfecto.
Sus hombros se relajan y un suspiro silencioso se escapa de esos labios perfectos.
—Bien —susurra, bajando la mirada a mi boca.
Me inclino, capturo su boca con la mía y, desde el primer instante, lo sé…
Voy a destrozar a esta mujer.
Y voy a disfrutar cada puto segundo.