CAPÍTULO 11
HENRY
La casa de mis padres está llena de ruido.
No es algo raro. Las comidas familiares de los Wellington siempre han sido así: caóticas, ruidosas, con demasiada gente hablando a la vez y los niños corriendo por todas partes como si fuesen salvajes.
Pero hoy el ruido me está matando.
Estoy sentado en la mesa del comedor, con un plato de comida que no he tocado frente a mí, intentando parecer como si estuviese prestando atención a la conversación.
Liam está hablando de algo relacionado con el ayuntamiento.
Iris le dice que se relaje, que es domingo.
Cole tiene a Luna en el regazo mientras Lauren se ríe por algo que ha dicho mi madre.
Sage está intentando convencer a Emma de que coma verduras.
Dominic la observa con esa expresión de hombre completamente enamorado que todavía me sorprende ver en su cara.
Aiden está contando alguna historia sobre un rescate que hizo la semana pasada, gesticulando exageradamente para hacer reír a los niños.
Y Ellie…
Ellie está sentada al otro lado de la mesa, al lado de Sage, con un plato que tampoco ha tocado mucho. Tiene ojeras. Las mismas ojeras que probablemente tengo yo. Y cada vez que levanta la vista y nuestros ojos se encuentran accidentalmente, aparta la mirada tan rápido que me arde el pecho.
—¿Verdad, Henry?
La voz de mi madre me saca de mis pensamientos. Toda la mesa me mira, esperando una respuesta a una pregunta que no he oído.
—Perdona, ¿qué?
Mi madre suspira con esa expresión de madre sufrida que ha perfeccionado durante años.
—Te preguntaba si vas a venir a la barbacoa del pueblo el próximo fin de semana.
—No lo sé.
—Eso es un no —traduce Aiden con una sonrisa—. El ermitaño no sale de su cueva más de una vez al mes. Ya ha cumplido su cuota.
Normalmente le diría que se vaya a la mierda. Normalmente me levantaría de la mesa y me largaría. Normalmente haría cualquier cosa excepto quedarme aquí sentado, sintiendo cómo el silencio de Ellie me está destrozando por dentro.
Pero hoy no puedo moverme.
Porque si me muevo, si me levanto, voy a hacer algo estúpido. Como cruzar la mesa y obligarla a que me escuche.
—Bueno —dice Ellie de repente, y su voz hace que todo el mundo se calle—. Ya que estamos todos aquí, quería preguntaros algo.
Mi madre se anima inmediatamente.
—Claro, cariño. Lo que necesites.
—Estoy buscando casa —dice Ellie, y cada palabra es como un puñetazo en el estómago—. Algo pequeño, para alquilar. Solo para mí. Ya he abusado demasiado de la hospitalidad de Sage y Dominic.
—No es ninguna molestia —empieza Sage.
—Lo sé —la interrumpe Ellie con una sonrisa que no llega a sus ojos—. Pero necesito mi propio espacio. Así que, si sabéis de algo disponible en el pueblo, os lo agradecería.
Para ella sola.
Va a buscar una casa para ella sola.
Lo cual significa que está planeando criar a nuestro hijo sin mí.
Lo cual significa que no piensa darme ninguna oportunidad.
Lo cual significa que estoy a punto de perderlo todo.
Y algo dentro de mí se rompe.
—Ellie y yo vamos a ser padres —suelto de golpe, llevado por un impulso, y mi voz sale demasiado alta en el silencio repentino que se ha instalado en la mesa.
El tiempo se detiene.
Literalmente se detiene.
Puedo ver el momento exacto en que mis palabras explotan como una bomba. Cómo todos se quedan completamente quietos, con los tenedores a medio camino de sus bocas, con las palabras muriendo en sus labios, con los ojos abiertos de par en par por el shock.
Ellie se levanta tan rápido que su silla cae hacia atrás con un golpe que resuena como un disparo.
—Vete a la mierda —dice con voz temblorosa de rabia—. Eres un idiota, Henry Wellington.
Y entonces sale corriendo hacia el jardín.
El caos explota.
Todo el mundo empieza a hablar a la vez. Voces que se superponen, preguntas que se lanzan como proyectiles, exclamaciones de shock y confusión.
—¿Qué acabas de decir? —la voz de mi madre corta por encima de todo el ruido.
—¿Ellie está embarazada? —Sage se ha levantado, mirándome con una mezcla de sorpresa y… ¿alegría?—. ¿De ti?
—¿Cuándo coño ha pasado eso? —esa es la voz de Liam, en modo hermano mayor preocupado.
—Voy a partirte la cara —Dominic se levanta tan rápido que su silla también cae—. ¿Te has aprovechado de ella? ¿Cuándo ha pasado esto? Estaba vulnerable, los medios la estaban destrozando, y tú…
—Dominic, siéntate —Sage le agarra del brazo—. Déjales que lo hablen ellos.
—¿Hablar? —Dominic se gira hacia ella—. ¿Has visto cómo acaba de anunciarlo? ¿Delante de toda la familia? ¿Sin hablar con ella primero?
—Porque Ellie no me deja hablar con ella —exploto, levantándome también—. Llevo días intentándolo y me manda a la mierda cada vez.
—Me pregunto por qué será —suelta Iris con ese sarcasmo que normalmente me divierte pero que ahora me pone de los nervios.
—Henry James Wellington —mi madre se levanta, y hay algo en su expresión que me hace sentir como si tuviese doce años otra vez—. ¿Esa es tu versión de conquistar a una mujer? ¿Anunciarlo delante de toda la familia sin su permiso?
—Yo no estoy intentando conquistarla…
—Pues deberías —me interrumpe mi padre, hablando por primera vez desde que empezó este desastre—. Porque vas a ser padre, hijo. Y esa mujer está ahí fuera sola, probablemente llorando, mientras tú estás aquí discutiendo con nosotros.
Tiene razón. Joder, tiene razón.
Mi hermano Cole se levanta, intercambiando una mirada con Lauren que no consigo interpretar. Luego sonríe, y hay algo en esa sonrisa que me dice que está a punto de hacer algo.
—Ya que estamos compartiendo noticias —dice Cole, pasándole el brazo por los hombros a Lauren—. Lauren y yo también tenemos un anuncio que hacer.
Lauren lo mira con los ojos muy abiertos, como si no esperase esto ahora.
—Cole…
—Vamos a volver a ser padres —anuncia mi hermano, y la alegría en su voz es genuina—. Lauren está embarazada.
El caos explota otra vez.
Pero esta vez es diferente. Esta vez son gritos de alegría. Mi madre sollozando de felicidad. Sage corriendo a abrazar a Lauren. Liam felicitando a Cole con palmadas en la espalda. Luna gritando que va a tener un hermanito o hermanita.
Y en medio de todo ese ruido, Cole me mira. Me hace un gesto con la cabeza hacia el jardín. Hacia donde Ellie ha huido.
Ve a por ella , me dice sin palabras. Yo te cubro aquí.
Ha anunciado esa bomba para quitarme el foco de encima. Dios. Tengo unos hermanos que no me merezco.
Le devuelvo el gesto. Un agradecimiento silencioso. Un reconocimiento de que acaba de salvarme el culo de la forma más épica posible.
Y entonces salgo hacia el jardín antes de que alguien pueda detenerme.
Antes de que pueda arrepentirme.
Antes de que el miedo me paralice otra vez.
Porque mi padre tiene razón.
Ellie está ahí fuera sola.
Y yo soy el cabrón que la ha puesto en esa situación.
Lo mínimo que puedo hacer es ir a disculparme.
Aunque me odie por ello.
Aunque nunca me perdone.
Aunque esto sea el final de cualquier oportunidad que pudiera haber tenido.
Tengo que intentarlo.