Capítulo once #4
Sin embargo, a pesar de estos espacios vacíos, el gran salón era un espectáculo maravilloso con su sólido suelo humano rodeado de un creciente círculo de rostros.
Arriba estaban las hileras de palcos repletos y, finalmente, la irreal banda de figuras parecidas a muñecos en la galería superior.
Estas habrían venido, supuso Ursula, a ver, porque era imposible oír nada desde allí.
Un tremendo estruendo de aplausos anunció la llegada de las dirigentes, aplausos que estallaron una y otra vez durante los discursos que siguieron.
Francamente, Ursula los consideró inmerecidos.
Los discursos fueron buenos, pero no tan buenos como ella esperaba.
Luego se dio cuenta de que el hecho de poder conmover a diez mil personas hasta provocar semejante frenesí de emociones sin una oratoria suprema era en sí mismo una grandeza.
Pero ante un punto del programa, Ursula no pudo sentir más que un divertido desprecio.
La Líder, así decía el anuncio, debía condecorar a cada huelguista de hambre con una medalla «Por el Valor».
La propia Líder en su discurso se había referido a las mujeres de una manera que a la joven le pareció lamentablemente teatral.
—Oh, Dios de las batallas, endurece el corazón de mis soldados —había gritado en medio de un tumulto de aplausos.
Sin embargo, cuando la procesión vestida de blanco cruzó la platea hacia el escenario, la natural curiosidad humana impulsó a Ursula a mirarlas.
De repente se encontró observándolas fijamente, sorprendida, horrorizada.
Quería llorar y, al mismo tiempo, no podía hacerlo.
Porque aquello no era teatral. Como en la redada, se había topado con algo que era real, horriblemente real.
No era tanto que las mujeres parecieran enfermas, aunque lo parecían.
Ursula había visto enfermedades antes. No, aquellas mujeres con sus caras serias y descoloridas, con sus figuras rectas y angulosas miraban...
miraban... no sabía cómo expresarlo. Entonces se le ocurrió la palabra, una palabra de la que siempre se había burlado porque la utilizaban las sufragistas.
Pero era la única palabra. Esas mujeres parecían torturadas.
Mientras tanto, la extraña fila de vestidos blancos y rostros grises avanzaba hacia la plataforma. Cuando cada mujer recibía aquella condecoración de oropel, la presidenta anunciaba su nombre.
—Mary Blake —escuchó Ursula de repente. Observó con mayor atención.
¿Dónde estaba Mary Blake? No podía ser esa chica que estaba recibiendo una medalla.
Porque ella no era hermosa. Era casi fea.
Ahora se estaba alejando. La nueva Mary Blake se había agarrado al respaldo de una silla, apenas podía caminar.
—Esa es la señorita Blake. —Era la vecina de Ursula quien hablaba—. La semana pasada la alimentaron a la fuerza, y la retuvieron hasta este martes para castigarla por su huelga de hambre. Y sabían que su madre estaba peligrosamente enferma. ¿No son unos bestias?
Ursula no respondió. Ella también estaba llena de una especie de rabia, pero no tanto contra los carceleros de Mary Blake como contra Mary Blake.
¡Cómo se atrevía la muchacha a abusar de sí misma de esa manera!
¡Cómo se atrevía a estropear su maravillosa belleza!
¡Era algo malvado, criminal! Y cuando su madre estaba muriendo...
pero tal vez ella no sabía nada de su madre.
Por supuesto, fue bastante sorprendente que Mary Blake, que todas esas mujeres, estuvieran dispuestas a pasar por tal sufrimiento.
En cierto modo estaba bien, aunque fuera una locura.
A Ursula el resto de la reunión le pareció de poca importancia, pero lo más seguro es que la mayoría de los asistentes encontraron en la colecta el momento central.
De hecho, no podría llamarse una colecta: no había necesidad de recolectar.
El dinero fluía hacia la plataforma y los cheques entrantes eran arrojados tan rápidamente a la gran papelera que varios cayeron al suelo.
Las cantidades se sumaban introduciendo cifras de cartón en un marco enorme, como el que se ve en un campo de fútbol, al final mostraba un dos con tres cifras a continuación.
Ursula no tenía intención de contribuir (no estaba lo bastante segura de su actitud), pero se encontró garabateando una promesa de diez libras.
¿Cómo podría no dar nada cuando ese grupo de mujeres vestidas de blanco y de rostro gris, que ya habían dado tanto, ahora también contribuían con su dinero?
Y, sin embargo, cuando llegó a casa, la joven se arrepintió de su donación.
Porque, aunque pudiera admirarlas, no aprobaba lo que hacían.
¿Qué necesidad había de esas medidas extremas, de todo ese ruido y violencia?
El sufragio femenino seguramente llegaría con la emancipación gradual de la mujer. ¿Dónde estaba la prisa?
9 La Women's Social and Political Union, WSPU (Unión Social y Política de Mujeres), se fundó en Mánchester en 1903 y fue la principal organización militante que hizo campaña por el sufragio femenino en Inglaterra.