Obstinada Capítulo tres #5
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Capítulo tres #5

A medida que avanzaba el viaje, Ursula no pudo evitar escuchar gran parte de la conversación de las sufragistas.

Era divertido ver Henley desde ese ángulo por completo diferente.

La carrera parecía desempeñar un papel aún menos importante en sus pensamientos que en los de ella.

En efecto, empezó a preguntarse si sabían que se había celebrado una carrera.

Hablaban de la dueña de una de las casas flotantes que habían abordado.

—Parecía impresionada —declaró triunfal la chica que estaba al lado de Ursula—. ¡Si tan solo cumpliera su promesa y viniera al Queen’s Hall el lunes! Es una mujer bastante importante, ya sabes, y muy rica.

La «sirena» soltó un suspiro de cansancio. Su verdadero nombre era Mary Blake, según había descubierto Ursula.

—Una se alegra de hacerlo, por supuesto, pero Henley es horrible. ¡Todos esos hombres que te miran fijamente!

—Eso es porque eres muy bonita. —El tono de la amiga era tranquilamente impersonal—. Pero en realidad eso es tremendamente útil. —Ursula no pudo determinar si se refería a la apariencia de la señorita Blake o a la visita a Henley—. De todos modos, ¡ha sido más agradable que una redada!

—No sé. —Ursula levantó la vista involuntariamente ante las palabras de la señorita Blake—. En una redada una puede simplemente pensar en la Causa y olvidarse de sí misma.

—¡Vaya, pues yo no puedo! —se rio la otra sufragista—. No cuando el caballo de un policía montado me está saltando encima del pie. ¿O es que tú nunca acabas toda sucia y llena de moratones después de una redada?

—Oh, sí, por supuesto, pero quise decir...

—La voz de la señorita Blake se apagó. Parecía demasiado cansada para dar explicaciones, para hablar.

Comenzó lánguidamente a sacarse las horquillas y se quitó el sombrero, dejando al descubierto una catarata de cabello dorado pálido enrollada alrededor de su cabeza.

En ese instante, mientras se recostaba en su rincón, sus párpados blancos comenzaron a caer.

Ursula se sintió interesada. También estaba desconcertada.

De modo que estas sufragistas no disfrutaban de la publicidad que buscaban.

Parecía que no les gustaba nada. ¡Y qué desagradable debe de ser encontrarse toda sucia y llena de moratones!

Hacían esas cosas escandalosas por el bien de la «Causa», como la llamaban.

¿Cómo podría alguien sentir que valía la pena votar?

Si se tratara de sacrificarse por algún trabajo científico, por la realización de un descubrimiento, entonces podría comprenderlo.

Pero si esas chicas eran amables, como parecían, era aún más trágico que por error se estuvieran rebajando a sí mismas, rebajando a toda la feminidad con sus payasadas.

De manera involuntaria, la mirada de Ursula volvió a posarse en Mary Blake.

Parecía dormir y su hermosura era aún más manifiesta que antes.

La pacífica pureza de su claro rostro pálido, la curva de sus labios, las largas pestañas oscuras que se arqueaban sobre sus pómulos dejaron a Ursula sin aliento.

No podía apartar la mirada del rostro de aquella chica.

De repente los ojos de Mary Blake se abrieron. No pareció que le molestara la mirada de la extraña, tal vez porque todavía apenas se había despertado por completo. Su mano se dirigió hacia una gran bolsa de lona blanquecina que yacía sobre su regazo.

—¿Ha visto nuestro último número? —dijo, sacando una copia del conocido órgano del sufragio—. Es el único que me queda.

Ursula lo aceptó de mala gana. No podía negarse, pero ni siquiera le gustaba que la asociaran hasta ese punto con el movimiento.

—Nunca leo su periódico. No soy una simpatizante —dijo secamente.

María Blake sonrió.

—Quizá si lo leyera, lo sería —sugirió con dulzura.

—No lo creo. —Ursula se sintió irritada por la tranquila seguridad de la muchacha.

Quizás algo del antiguo antagonismo entre ciencia y religión, entre hechos y fe, surgía en ella—.

Aun así, lo intentaré —añadió haciendo un esfuerzo por ser justa.

El breve artículo quizá estaba mejor escrito de lo que esperaba, pero no la impresionó mucho.

Su arrogante tono de confianza era simplemente exasperante.

Y la forma en que aclamaba a las sufragistas en prisión como heroínas y mártires…

¡Era demasiado ridículo! Porque esas mujeres solo tenían que prometer portarse bien durante doce meses y podían marcharse.

Tan pronto como pudo hacerlo decentemente, Ursula dobló el papel y se lo devolvió con cierta frialdad—. Muchas gracias.

—Un día —había una luz curiosa en los ojos de Mary Blake, una nota absorta en su voz—, un día vendrás a nosotras.

2 Personaje de la comedia Mucho ruido y pocas nueces de William Shakespeare. Por extensión, el término pasó a designar a un hombre recién casado que antes había sido un soltero empedernido. ( N. del T. ).

3 Juego de palabras intraducible literalmente. En el original, Me-and-'er-ing parodia la palabra «chaperoning» (acompañar), descomponiéndola fonéticamente en «me and her» («yo y ella») más la terminación del gerundio «-ing». ( N. del T ).

4 «Floreat Etona», lema del Eton College. (N. del T.).

5 El acto de matar a un zorro de otro modo que no sea cazándolo con perros. (N. del T.).