Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo veinticuatro #3
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Capítulo veinticuatro #3

Daisy salió gateando para reducir al mínimo cualquier movimiento evidente, prestando atención a dónde ponía las manos y con cuidado de no resbalar por el suelo.

Avanzó a gatas hasta un lado de la estancia y se apoyó de pie contra la pared.

A su derecha estaba la ventana, con la persiana subida.

Tarian esperaba en la apertura de la trampilla, observándola.

Daisy le hizo un gesto afirmativo: vía libre.

Excepto por detenerse un instante para cerrar con cuidado la trampilla tras él, Tarian llegó más rápido, aunque igual de silencioso, y se aplastó contra la pared junto a ella. Como si nada.

Un temblor, denso y concentrado, sacudió la habitación en busca de su presa.

Los sonidos de arañazos y pisotones sobre los destrozos se ralentizaron; la criatura había cambiado de objetivo.

Hubo otra pulsación, y otra más, que los golpeó.

Si no lo sabía ya, en cuestión de segundos sabría dónde se encontraban.

Mierda , masculló mentalmente Daisy mientras le castañeteaban los dientes del miedo. Tarian la agarró de la muñeca. Vamos , rugió mentalmente, y echó a correr.

Él salió de inmediato tras ella. El peso de los pies gigantescos, que se dirigían hacia ellos, hizo temblar el suelo. Tarian y Daisy llegaron juntos a la puerta abierta. El darkrend se abalanzó, a tres metros de distancia, la mitad de lo que medía.

—Di las palabras mágicas —gritó Daisy, empujando la puerta al mismo tiempo que él.

La cerraron juntos. Echaron el cerrojo y, justo en el momento en que el darkrend embestía contra la puerta, la última palabra salía de los labios de Tarian. La madera se curvó como a cámara lenta, se empezó a resquebrajar y, entonces, todo se detuvo. El silencio inundó el espacio.

La pequeña rendija de luz que entraba por la grieta de la puerta permitía intuir sombras en movimiento.

Una actividad frenética. No obstante, instantes después la criatura ralentizó sus movimientos.

La rendija de la puerta se oscureció por completo y entonces la inmensa mole desapareció. La luz se volvió a filtrar.

Tarian dejó escapar un sonoro suspiro.

Lo hemos conseguido…

Un soplo de aire les hizo dar a los dos un respingo. Ella alargó las manos temblorosas y se agarró a la túnica de Tarian. Él aferró la muñeca de Daisy y la atrajo hacia sí.

—No deberíamos notar eso —susurró él, mirando fijamente a la puerta. Retrocedió un poco, manteniéndola a su lado—. La protección ha evitado que entrara. Ha aguantado. Deberíamos estar salvo. No deberíamos notar…

Se oyó un golpeteo suave sobre el tejado. Levantaron la cabeza de golpe y Daisy notó cómo Tarian temblaba a su lado. No era inmune a su terror ni al terror de aquel momento.

Se oyó otro golpe seco, esta vez más fuerte, y cayó un poco de polvo del tejado.

Los dedos de Tarian la aferraron con más fuerza.

Un ojo ocupó toda la ventana. Se movió de un lado a otro hasta fijarse en ellos. La pupila se contrajo.

Los dos dieron un respingo al mismo tiempo.

Tarian soltó una maldición entre dientes.

La criatura se echó hacia atrás. Los colmillos relucieron en la ventana y un rugido se coló a través de la barrera.

Apareció de nuevo el ojo, y después la criatura se lanzó hacia delante haciendo rechinar los dientes contra la ventana.

Contra las paredes. Los golpes y los arañazos traspasaron la magia. La estructura crujió y se combó.

Tarian tiró de Daisy hacia el fondo de la cabaña. Ella se aferró a él.

—O salimos o nos vamos —dijo este en voz baja—. O salimos o… Quiero decir, o nos quedamos o nos vamos. Refuerzo la protección o la elimino para que podamos bajar por la trampilla.

—Si la eliminas, todo esto se nos vendrá encima en cuestión de segundos. Uno de nosotros podría conseguir bajar. El otro no. No habría tiempo, y no hay suficiente espacio para que pasemos los dos a la vez.

Se miraron; él tenía los ojos abiertos de par en par.

No se iría si eso significaba que ella iba a morir.

Ella lo vio, escondido bajo toda su confusión, pero completamente real.

Vio que no la dejaría sola con aquella criatura.

No después de lo vivido. No después de todo lo que habían pasado y de haber escapado juntos.

Y Tarian leyó en su mente que ella tampoco. Puede que algún día Tarian tuviera que morir, pero no así. No después de haberla salvado. Ella ya había tomado esa decisión antes, y ahora lo volvía a hacer. Quizá no tuviera sentido, pero le daba igual.

—Puedo tratar de reforzarla —dijo él en voz baja, mirando hacia la cama—. Con un cáliz. Aún no he intentado canalizar directamente ese poder, pero lo puedo intentar.

—Inténtalo. —Ella también miró hacia la cama—. Pero… ¿dónde están?

Él le dio un apretón en los brazos y pasó por detrás de ella.

Se agachó junto a la cama mientras la cabaña retumbaba y a Daisy se le encogió el corazón.

Sacó primero una mochila y luego otra. Las había enviado mágicamente cuando estaban en la cueva.

Daisy había estado durmiendo sobre el cáliz de cristal sin saberlo.

—Ese lo cambié de sitio —dijo mientras sacaba un objeto liso con motas negras. Relució en la penumbra—. No me apetecía tener que perseguirte cuando inevitablemente te apoderaras de él y echaras a correr.

Le tendió la mano y ella la tomó sin pensárselo y dejó que la arrastrara hacia la puerta principal.

—Si esa cosa consigue entrar, más nos valdrá echar a correr —explicó en un murmullo—. No tiene sentido que se lo dejemos en bandeja.

La media sonrisa de Tarian dejaba claro que estaba parafraseando sus propias palabras.

Y era cierto, así que no dijo nada. Él se detuvo y la observó.

La cogió de la cintura, la atrajo hacia sí y la besó apasionadamente, dejando la huella de su beso en los labios de Daisy.

No hacía falta ser un genio para saber que le preocupaba que pudiera ser el último.

—No te muevas de mi lado —le ordenó tras separarse a regañadientes de ella, y se volvió hacia la puerta y miró ligeramente hacia atrás—. Tócame para que sepa que sigues aquí.

Percibió en sus pensamientos que estaba allí, pues la mente de Daisy nunca dejaba de trabajar, pero hizo lo que le mandó y se sobresaltó con el siguiente golpetazo.

La criatura se alejó la ventana y se volvió a subir al tejado.

La estructura crujió bajo su peso. Todo el cuerpo de Tarian temblaba contra el suyo…

¿o era ella la que temblaba contra él? Se aferró a él y Tarian bajó la cabeza, con el cáliz entre las manos y los ojos cerrados.

Daisy oyó la vibración y después notó el zumbido en todo su ser, pasando del cuerpo de Tarian al suyo.

Se agitaba en su interior, borboteando y chisporroteando, electrificándole la sangre antes de volver a él.

Pronto no sintió más que ese zumbido por todos lados, por dentro y por fuera, en los oídos y nublándole la vista.

Era tan potente que parecía que iba a arrancarle los dientes. Tarian jadeaba, con la misma sensación.

Daisy se soltó las manos para apartarse, para librarse de aquella horrible sensación, pero al instante se calmó. El retumbar de arriba se atenuó. Volvió el silencio.

Tarian dejó caer el cáliz y respiró hondo. Cayó con fuerza y salió rebotando. Una gotita de sudor le bajó por la frente mientras se desplomaba.

—Bueno… —dijo en aquella penumbra, mirando al techo. Seguía el silencio. Ni golpes ni polvo cayendo del tejado. Esa vez su barrera aguantaría. Podían estar seguros. El refuerzo extra de poder había ayudado.

Y ahora sabía cómo utilizar los cálices.

—Por lo menos no nos hemos meado encima al enfrentarnos a un darkrend . —Le tendió la mano a Daisy—. Chupaos esa, Celestiales.

Pese a todo lo que acababa de comprender, a ella se le escapó una carcajada ahogada.

—Creía que habías dicho que esas barreras podían con cualquier cosa.

Aún se estremecía, pero los temblores remitían. Era una reacción que había provocado la magia. La próxima vez tendría que esforzarse más por ignorarla; el poder de la mente sobre el cuerpo.

—¿La próxima? —Él se giró para mirarla—.

¡Que me destruya la plaga! Será mejor que no haya una próxima vez.

—Negó con la cabeza mientras la alejaba de la puerta—.

Por lo general, nunca reconozco mi vulnerabilidad, pero…

ahora mismo necesito oír nuestras voces.

Y nada más. Eso ha sido… No tengo palabras para lo que ha sido.

Esa criatura estaba desequilibrada. Tenía una magia que superaba en mucho sus capacidades.

La arrastró hacia la ventana, avanzando en diagonal. Desde un lado, Tarian echó un vistazo, retiró la cabeza enseguida y volvió a hacer lo mismo. Respiró aliviado.

—Ahora mismo está en otro sitio.

—Seguramente en el tejado —señaló Daisy.

—Sí. Gracias. Estaba intentando no visualizar eso.

Ella soltó una carcajada mientras él bajaba la persiana.

Una vez hecho esto, la arrastró hasta el fondo de la habitación, hacia la cama.

Se volvió para mirarla fijamente a los ojos.

La penumbra impedía distinguir el precioso verde de sus iris, pero suavizaba sus pómulos marcados y aquella mandíbula severa, acentuando todavía más lo atractivo de su rostro.

—No me imagino hacer frente a uno de esos solo. Lennox, que está curtido en mil batallas y no teme a absolutamente nada, se ha quedado paralizado. No he visto nada igual en mi vida. Mira —alzó una mano—, sigo temblando.

Ella también. Notaba los temblores por todo el cuerpo.

—Y, aun así —continuó él—, con un solo encuentro has aprendido lo suficiente para mantener la calma. Esta noche has salvado muchas vidas. Las vidas de quienes querrían apresarte. Las vidas de personas a las que no tenías ninguna obligación de salvar. Y por eso te doy las gracias.

No había pensado en ese tipo de cosas. No había pensado en nada en absoluto. Necesitaba que alguien la ayudara, y sabía que Tarian sería esa persona.

—Supervivencia —susurró él.