Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo veintitrés #4
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Capítulo veintitrés #4

Cuando divisó un pequeño grupo de cabañas arracimadas, se alegró.

El calor y la falta de comida empezaban a pasarle factura.

En su campo de visión apareció un zigzag eléctrico que le dificultaba la visión; era una inminente migraña ocular que solía aparecer cuando se daban estas mismas circunstancias.

A continuación tendría visión borrosa, confusión mental y dolor de cabeza.

Quizá se marearía o sentiría un hormigueo o entumecimiento en los dedos.

No se iba a morir por eso. Eso sí, los temblores fríos no eran tan agradables.

Quizá estaba sufriendo un golpe de calor.

Con suerte, le daría poco a poco. Aún no había dejado de sudar del todo.

Necesitaba agua y sombra, preferiblemente fresquitas las dos.

Pero, como rehén, no creía estar en posición de poder hacer esas peticiones.

Tardó un instante en darse cuenta de que los tipos de delante habían aminorado el paso y se habían dado la vuelta. Tarian se acercó mucho a ella, le puso un brazo sobre los hombros y la levantó con el otro por debajo de las rodillas.

—¿Qué…? —Ella intentó apartarlo con un empujón débil. No fue precisamente uno de sus mejores momentos—. Puedo andar sin problemas. ¿Cómo has oído eso?

—No, la comunicación mental no es exactamente como hablar —dijo, apurando el paso.

El peso añadido lo hacía cojear más—. La mente puede hacer más de una cosa a la vez.

Y hasta más de dos. Sobre todo, una entrenada para estar al tanto de diversas situaciones o conversaciones al mismo tiempo.

Tu habilidad analítica es increíblemente interesante y un tanto humillante.

Tus divagaciones son entretenidas. Tu estado actual es preocupante.

¿Estás muy mal? No mientas. Se te da fatal.

—De hecho… —volvió a empujarlo—, se me da muy bien. Soy toda una experta. Lo que pasa es que tú haces trampas porque escuchas la verdad en mi cabeza.

—Sí. Lo que hace que no se te dé bien con los de mi especie. ¿Cómo de mal estás?

—Agua, comida y un lugar fresco con sombra, eso es lo único que necesito.

El posible golpe de calor es lo único preocupante, y creo que está en fase inicial.

Supongo que vamos a parar a pronto, en Villachabolas.

Aguantaré. Haz el favor de bajarme para que no parezca una humana frágil que necesita que lord Capullo la lleve a cuestas por las tierras feéricas.

—Lord Capullo. —Le sonrió—. Me gusta. Aunque a ti no te gusta que te infravaloren, ¿no?

—Tengo un aspecto bastante lamentable, gracias. Además, dudo que pienses lo mismo de mí cuando vuelvas a repasar la escaramuza de antes. Último aviso. Haz el favor de bajarme.

—Ha sido un aviso muy educado…

Con un movimiento veloz y fluido, Daisy levantó la mano de golpe, agarró la empuñadura de su cuchillo, lo puso con el filo hacia arriba y le dio un golpe en la cabeza.

Él cerró los ojos, se tambaleó y le soltó las piernas.

Ella se giró y se zafó de él, pero, previéndolo, Tarian apretó la parte superior del cuerpo de Daisy contra sí y la agarró de la muñeca con la otra mano.

Recuerda que hago trampas , pensó mientras la sujetaba. Daisy resopló, sin poder moverse.

Debía de haber dirigido eso solo a su mente, porque luego le dijo:

—Eso no ha estado nada bien, palomita. Ahora tendremos que hacer las cosas por las malas.

Tarian abrió los párpados, pero ella apenas pudo distinguirlos.

El zigzag borroso se había adueñado de su visión, retumbando rítmicamente con el incipiente dolor de cabeza y borrando una parte considerable de los laterales.

Tuvo que apartar la mirada y observar la situación con su visión periférica.

Estas cosas rara vez ocurrían en el momento más oportuno, pero en el mundo humano disponía de medicamentos para prevenirlas. Ahora no tenía esa suerte.

—Quitadle el cuchillo —bramó Tarian, y uno de ellos se lo arrancó de los dedos.

—Con cuidado —avisó Lennox con su voz de ultratumba—. Ahora tiene la capacidad de matarnos.

Tarian la levantó y se la echó al hombro. Una oleada de escalofríos la recorrió entera, y sintió que le daba vueltas la cabeza. «Pues sí, es un golpe de calor. Genial».

—Vamos. —Tarian ordenó a su equipo que siguiera adelante—. ¡En marcha!

—Voy… a… —gruñó Daisy cuando el hombro de Tarian empezó a golpearle repetidamente contra el estómago.

—Malditos sean los wingots , Daisy. No me digas que estás bien. ¿Qué son estas enfermedades humanas? ¡No puedes ver!

—¿Es que vosotros no tenéis migrañas? Bueno, técnicamente, es una migraña ocular. Es un poco distinta.

—No. Te necesito viva.

—¿Me necesitas viva?

—Vale, te quiero viva. Quiero presumir de ti en la corte mientras juego contigo. No he dedicado todos estos esfuerzos en traerte hasta aquí para que el sol y la situación te acaben matando. Tengo planes para ti. Serás una gran distracción que me proporcionará tiempo para hacerme con los cálices.

Una distracción. Tarian era muy dado a utilizarlas. Y sabía lo mortales que podían ser. Probablemente creía que ahí sería donde ella terminaría viniéndose abajo.

Pues nada…

Empezó a cantar una canción para anular ese pensamiento. Porque esa podría ser una salida. Solo tenía que aprenderse las reglas, romperlas y…

Joder.

Hay que ver qué mala eres mintiendo, tesorito. Pero mala de remate. Ya veremos si puedes igualar mi ingenio. ¿Qué te parece?

Ya encontraría la forma de hacer que él se arrepintiera de aquel reto.