Capítulo dieciocho #3
Con una sonrisa burlona, Tarian lanzó el cuchillo al aire y cogió el suyo, y Daisy se sobresaltó y lo atrapó al vuelo. A diferencia de un cuchillo normal, cuando este le cayó en la mano, estaba romo como una piedra.
—Muy bonito —susurró Daisy, sin soltarlo.
—¿Continuamos? —Le indicó que fuera ella primero, lo que habría resultado un gesto muy galante si no fuera porque resultaba más peligroso. Le habló ya con un volumen normal—. Ha sido mucho más fácil de lo que me había imaginado.
—Siempre dices algo parecido después de cualquier refriega —repuso ella, aún en un susurro.
—Sí. Me sorprendes y me impresionas sin cesar. —Se detuvo y la miró con esos ojos centelleantes y fastidiosamente hermosos—. ¿No te vas a emocionar con ese halago?
—Bah, cállate, anda —masculló.
—No —se rio—, en serio, estoy sorprendido e impresionado. Te has ocupado de esa criatura como si hubieras luchado contra ella un millón de veces.
—Me ocupo de todas las criaturas como si hubiera luchado contra ellas un millón de veces. La seguridad hace que la flecha vuele recta.
Ladeó la cabeza. ¿Eso era un dicho o se lo había inventado?
—Y te lo has ganado.
Levantó la mano cuando llegaron al otro lado de aquel espacio. Las paredes se condensaban en un túnel no muy distinto del que provenían. Se llevó un dedo a los labios y después a la sien.
¿Ahora vamos a hacer gestitos en vez de hablar? , preguntó Daisy.
Trabajamos muy bien juntos contra los Celestiales. Me preguntaba si había sido suerte. Parece que no. Creo que podemos ampliar nuestra comunicación a señales no verbales.
Daisy encogió un hombro, algo que Zorn habría interpretado como «sí, vale, lo que tú digas», pero que Tarian extrajo de los pensamientos que le daban vueltas en la cabeza.
Sí, a veces tienes una cabeza mareante , murmuró él, centrándose de nuevo en el asunto que tenían entre manos.
El musgo bioluminiscente estaba de vuelta y recubría mucha más parte del techo que al principio de los túneles.
Proyectaba sobre los dos un fulgor inquietante.
Y, sí, podré hacer trampas hasta que te enseñe a proteger tu mente.
Ella lo miró con una ceja enarcada. La mirada de Tarian deambuló por su rostro, hizo una pausa en los ojos y se detuvo en los labios.
No sé qué significa eso, pero me hace feliz contemplar tu hermoso rostro.
Daisy puso los ojos en blanco.
Pero sí sé qué significa eso , murmuró él.
Nunca habías mencionado que hubiera una manera de proteger mi mente.
No, porque no quería que la descubrieras por tu cuenta y me ocultaras tus pensamientos. Así es más seguro.
Ella no se molestó en preguntar para quién. Para él, evidentemente.
Evidentemente , pensó Tarian.
El túnel giraba y descendía, y luego se bifurcaba en varias direcciones.
Parecía un laberinto. Aquí Tarian se puso al frente, como si siempre supiera por dónde había que ir.
Solo en dos ocasiones tomó el camino equivocado y se lo reprochó a sí mismo.
Cuando ella le preguntaba cómo conocía el camino, él describía la mampostería y las distintas pistas que usaban siempre los Celestiales como señales dentro de los túneles ficticios.
Había prestado atención a los otros laberintos por los que había viajado, pues parecía ser que cada conjunto de pasadizos contaba con uno.
Como se esperaba, tuvieron momentos en los que pudieron tomarse un respiro antes de afrontar el siguiente reto.
Y el de después. Cada batalla era como la primera, los dos trabajando codo con codo sin fisuras para derrotar a las criaturas que los Celestiales habían pensado que les supondrían un problema.
Para Tarian él solo, y por supuesto para ella, lo habrían sido.
En cierto momento, dos bichos de tres cabezas con púas en vez de pelaje y con aspecto de oso los habían perseguido por un gran foso de arena.
Esa vez Tarian había tenido que utilizar su magia, pues no confiaba en que pudieran derrotarlos sin ella.
Ella, por supuesto, le chilló mentalmente por no haber usado la magia hasta entonces, desperdiciando de manera intencionada su energía.
A lo que él respondió que para la magia necesitaba energía y que ella era una pequeña ninfa terriblemente egoísta.
Empezaba a tener la sensación de que Tarian era incapaz de mantener la seriedad ni siquiera el tiempo que tardaban en derrotar a su enemigo.
Eso no era parte del entrenamiento. A ella le daba igual lo que dijera él.
Se habría llevado de maravilla con Jack y Donovan y el resto de la pandilla, y le habría tomado el pelo con ellos.
Sería una lástima que tuviera que matarlo.
No fue hasta lo que Tarian sospechaba que sería el último obstáculo, cuando ambos estaban agotados y cubiertos de sangre seca de criaturas muertas, que se toparon con el peor de todos.
Aunque no para él. Para ella. Para una humana.
Los Celestiales sabían lo que él quería introducir de manera ilegal en sus territorios, y querían asegurarse de que no lograra llevarlo al otro lado.