Capítulo dieciocho
D aisy señaló a la izquierda.
Ese, evidentemente.
¿Evidentemente?
Sí. Evidentemente. Partiendo de que estás seguro de que uno será más largo que el otro y de que serán diferentes…
Estoy seguro. Tienen que acabar en el mismo sitio. Uno va siempre prácticamente recto. El otro siempre da vueltas y lleva más tiempo.
Pues nada, si hay que creer lo que dices, durante su entrenamiento, ya sea de vuelo, de combate cuerpo a cuerpo o de arco y flecha, empiezan los ejercicios por la derecha.
Entran en el campo de batalla, esperan su turno en la diana o aguardan en fila para enfrentarse a un adversario a la derecha.
Salen del ejercicio por la izquierda, para que esté todo bien organizado.
Lo han hecho así desde que eran jóvenes, ¿verdad?
No esperó la confirmación. Lo había visto en su mente.
Cuando participan en un ejercicio, lo hacen con intensidad y rapidez.
Después, se recuperan mientras se dirigen al siguiente.
En el vuelo, dijiste que toman el camino más largo para volver a la posición de salida planeando hasta que les toca hacerlo otra vez.
Eso lo deben de tener grabado a fuego. Señaló a la derecha.
Intenso y rápido y llegas pronto al destino…
Señaló a la izquierda. Llegar lentamente al destino con más oportunidades de hacer un descanso.
Tenemos que ir por la izquierda porque el cansancio será tan mortal como lo que sea que nos aguarde.
Supongo que querremos tener la oportunidad de descansar.
Pero…, antes de este cambio, yo ya he recorrido todos los caminos. Los túneles cortos y largos varían. A veces el túnel más largo es el más duro. Eso no cuadra con tu razonamiento.
Bueno, no, claro que no. No pueden dejarlo todo igual o vosotros sabríais cómo funciona. No obstante, todo esto lo planifican, ¿no es así? No suelen cambiar las cosas a la ligera.
No…, dijo este alargando la palabra.
Bien. En el pasado, quisieron manipularte mentalmente, lo que incluía crear opciones que fueran fáciles y otras que fueran más difíciles.
Tuvieron un montón de tiempo para perfeccionarlo, pero esta vez solo contaban con unos minutos para hacerlo.
Unos minutos para crear una carrera de obstáculos horrible y letal.
¿No? ¿No es, en resumen, en lo que nos vamos a adentrar?
Tarian asintió.
No tuvieron tiempo para pensárselo mucho.
Hicieron lo primero que les vino a la cabeza.
Recurrirían a su formación, y estoy casi segura de que añadirán los peores obstáculos de las otras aberturas.
Esos planes de acción ya existían. Solo había que cogerlos y aplicarlos.
Querrán los que maten de una manera más espantosa.
Esos cabrones arrogantes querrán hacernos pagar lo que les hice a sus alas.
Tarian volvió la cabeza poco a poco hacia Daisy mientras ella iba asimilando cada vez más información, reafirmando su decisión con datos que podía no haber tenido en cuenta, imágenes o palabras que quizá no había analizado debidamente.
Todas las veces volvía a la misma decisión. Su intuición le decía que tenía razón.
«Tienes un gran instinto —le decía siempre Zorn—. Deberías confiar en él siempre».
A la izquierda , insistió ella.
—Eres —la alabó Tarian en un susurro mientras recorría con su pulgar el de ella— verdaderamente excepcional. Eres una joya única y resplandeciente en un campo de rocas anodinas. La naturaleza acertó de lleno.
—¿Ahora ya hablamos? —preguntó también susurrando.
No. Es mejor seguir lo más callados posible. Quería expresar eso en un espacio físico para que entendieras la seriedad de mis palabras.
Una oleada de emoción se apoderó de Daisy cuando él apoyó la frente en su espalda y la envolvió en un fuerte abrazo.
La besó en la cabeza con callada devoción.
Todo el espacio que quedaba entre ellos se llenó de una energía burbujeante, chispeante.
Se sintió ligera, efervescente y despreocupada. Aquello debía de ser su magia.
Lo es , le confirmó él. Quería probar otra manera de expresar mi deleite con tu fulgor. Espero que no te moleste.
Le dio un vuelco el estómago al empaparse de sus palabras, sin comprender del todo lo bien que le sentaba oírlas.
Pero, viniendo de él, un fae que era un maestro de la espada, de los asesinatos por encargo, de recopilar información, de la moda —de todo en lo que ella se había esmerado cuando se forjó su vida como chéster en el mundo mágico—, en fin, que le sentaba de maravilla que le reconocieran sus logros.
Era genial sentir que reconocían los resultados de tus esfuerzos, sobre todo si lo hacía alguien como él.
Y él había oído resonar todo eso en su cabeza. Ay, joder, qué vergüenza más grande.
Tuvo la sensación de que la risa mental de Tarian era enorme y que habitaba en cada una de las células de su cuerpo, en cada trazo, y que se filtraba en cada grieta profunda de sus gruesos muros defensivos. Sin tiempo para reaccionar, aquello se desvaneció, dejándola vacía.
Se quedó mirando los sombríos túneles que tenía delante, pero su mente se escabulló de nuevo a la sensación de su contacto mágico. Se preguntó si se podía usar de manera sexual y a distancia. Si…
Lo desechó con un gesto de la mano e inspiró hondo. Tenía que ordenar sus ideas.
Sí, se puede . Su contacto mental fue sombrío y seductor, pero solo en su mente.
Esta vez no le tocó el cuerpo con su magia.
Suspiró aliviada. Pero hasta ahora, desde que nos conocemos, has querido mi contacto físico.
A mí esa opción me gusta igual que a ti, así que te obedecí con entusiasmo.
Utilizar mi magia contigo en la intimidad lo reservo para ti, y contemplaré cómo te retuerces de éxtasis…
Es genial, súper, maravilloso saberlo. Centrémonos. Se secó el sudor repentino de la frente. ¿Qué nos podemos encontrar ahí dentro?
Ríos de oro rodeaban sus pupilas. Tenía el cuerpo tenso en algunos lugares y relajado en otros, y Daisy supo que quería acercarse a ella.
Ella se movió como para abofetearlo, e incluso llegó a levantar la mano a media altura. Él alzó la mano de golpe; sus dedos aprisionaron la muñeca de Daisy. Parpadeó lentamente, con los ojos encendidos, algo confundido.
—No tenías intenciones de pegarme de verdad, ¿no? —susurró.
No , pensó ella. Venga. Recomponte. Si quieres, dejaré que me provoques mágicamente un buen orgasmo cuando salgamos de esta, pero, ahora mismo, supongo que te necesito concentrado y alerta.
Él le soltó la muñeca y le agarró la mano mientras respiraba honda, lenta y profundamente.
Así es , murmuró en su mente, y los ríos dorados comenzaron a ralentizarse y reducirse. Notó que le estaba costando apartar la mirada de ella.
Esta sensación me parece excitante, ¿a ti no? , comentó. Se las arregla para apoderarse de mis pensamientos. De mi cuerpo. De todo. Me absorbe por completo y, cuando sucumbo a la vorágine, no puedo encontrar la salida. O quizá es que no quiero.
No es excitante. Es una pesadilla. Es una lucha por mantener el control. Nos pone en peligro.
La amplia sonrisa de Tarian era deslumbrante. Era increíblemente guapo. Dejaba la perfección de los Celestiales a la altura del betún.
Perder el control es lo que lo hace excitante, palomita.
Nunca me he permitido dejarme llevar del todo.
¿Y tú? Nunca me he permitido sumergirme en el deseo tan a fondo que no me importara salir a la superficie a coger una bocanada de aire.
La pulsión no se parece a nada que haya experimentado jamás. Me gusta.
A ella, no. De hecho, la detestaba. Era una sensación parecida a ser arrastrada. Le nublaba la mente y la obligaba hacer cosas estúpidas, como regalarle un beso o verse envuelta en todo ese embrollo.
He oído tus pensamientos cuando luchábamos por salvar nuestra vida hace un momento , le dijo mientras se adentraban poco a poco en el túnel izquierdo.
Examinó las paredes y el techo. He visto tu sonrisa cuando el Celestial te condenaba a una muerte segura.
Cuando has cargado contra él. La verdad es que me he preguntado si estaba alucinando.
Que no tengas miedo me parece bien. Pero una sonrisa…
Daisy frunció el ceño. La gente normal la habría mirado de reojo, incómoda.
Ni siquiera Zorn sonreía cuando se encontraba en una situación así.
Eso la hacía parecer completamente desquiciada.
Y quizá lo estuviera. Eso nunca la había preocupado.
Sin embargo, el tono ligero y despreocupado de Tarian daba a entender que aún no había acabado de divertirse con ella.
Como cuando los chicos le tomaban el pelo, esperó a la pulla final.
Noté tu euforia al derrotar a tu enemigo.
Tu deseo de saciar tu sed de ganar una batalla.
Las plantas bioluminiscentes comenzaron a escasear, y se atenuó el brillo con el que Daisy y Tarian podían guiarse.
Hasta ese momento, el túnel no presentaba ninguna novedad, con su suelo de tierra compactada y las paredes toscas.
Tu perversidad me parece adorable. Tu pasión en la batalla, entrañable.
Cuando por fin te dejes llevar del todo, me espera una aventura trepidante.
Lucharemos, pero no para separarnos el uno del otro.
Lucharemos para acercarnos más. Te entregarás a mí por completo como te entregas a tu cuchillo. A la lucha.
Ella suspiró suavemente. Debió de haber sabido que la cosa acabaría ahí. De broma. Siempre de broma. O a lo mejor era que pensaba que la estaba entrenando. Todo eso la fastidiaba por igual.
Y he de suponer que mi cuerpo también estará atado al tuyo, ¿no? Una relación sexual con alguien más quedaría descartada. ¿O no importará porque para entonces ya me habrás destrozado? , pensó ella con ironía.
La iluminación se atenuó aún más, y el túnel empezó a descender. Tarian ralentizó el paso. Sus dedos le aferraban con fuerza la mano.