Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo diecisiete #3
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Capítulo diecisiete #3

¿Estás pensando en que toda esta aventura parece sacada de una película porque te llevo cogida de la mano?

Era una pregunta legítima.

Él soltó un resoplido divertido mientras repasaba las opciones.

No hay una respuesta correcta , dijo al fin, mirando primero un camino y luego el otro. Ambos son terribles. No obstante, uno será casi con toda seguridad más largo. Estoy pensando en cuál podría ser.

Ella no tardó en chasquear los dedos.

Como en una batalla de ingenio con un siciliano, ¿no?

Sí, he visto La princesa prometida . Lexi me obligó.

La llamó «obra maestra de la cinematografía», y desde entonces he puesto en duda su criterio sobre lo que es una obra maestra.

Pero me voy por las ramas. A ver. Hagamos un repaso.

¿Los Celestiales saben mucho de ti? De temas personales, me refiero. Sobre cómo tomas las decisiones.

La miraba como lo había hecho en los túneles.

¿De temas personales? No. Hasta ahora, nuestras interacciones han sido más vagas. Se encontraban a mucha distancia y no pusieron demasiado entusiasmo en matarme. Ahora sí están haciendo su trabajo como corresponde.

¿Por culpa del cáliz mágico?

Sí, supongo que sí.

Daisy asintió.

¿Sabes cómo actúan los de su especie?

Sí, por eso intentaba averiguar la dirección antes de que nos dedicáramos a resolver el problema a través de obras maestras del cine.

Daisy le restó importancia a su sarcasmo con un gesto.

Pues háblame de ellos. No te dejes nada.

El tiempo que pases con esto te salvará cuando yo elija el camino correcto.

Tarian no parecía convencido, y Daisy le hizo un gesto con la mano libre para que continuara.

Seguía cogiéndole la mano con la otra, y encontraba consuelo en la piel áspera de la palma y en la solidez de su contacto.

Eso no debería ayudarla a relajarse, pero agradecía que fuera así.

Resolver problemas en situaciones mágicas peligrosas es mi punto fuerte.

Ha sido mi vocación durante los últimos cinco años.

He tenido que interpretar cómo era la gente, analizar sus procesos mentales, categorizar su magia y tomar decisiones muy precisas sobre qué me mantendría viva.

Puede que ahora se trate de una criatura distinta, pero el escenario general no será muy diferente.

Confía en mí, no fallo. En cosas como estas, no. No puedo.

Quizá porque él le había pedido que confiara en él y ahora era ella la que lo pedía, o quizá porque la creyó —qué cojones, o quizá porque no tenía ninguna opción mejor—, le resumió a grandes rasgos y a toda prisa lo que sabía.

Que, de hecho, parecía bastante. Su mente se llenó con algo más que meras palabras.

Le describió imágenes de su vuelo y de su entrenamiento, detalles sensoriales de las condiciones, sus percepciones; fue como si lo viera por sí misma, en persona.

Como si le hubiera abierto una ventana de su cabeza y la hubiera invitado a examinar cuidadosamente todos los detalles.

Los Celestiales sabían desde que tenían memoria que eran importantes y se consideraban superiores al resto de los fae.

Tarian no pensaba que fuera arrogancia, sino necesidad, y ella se burló de su opinión.

Estaba clarísimo que se consideraban superiores del mismo modo en que veían inferiores a los humanos.

Aun así, era imposible negar su sentido del deber…

, al menos tal y como él lo concebía. Eran los guardianes de la paz.

Los custodios de los juramentos. El equilibrio de su reino, y quienes tomaban medidas si alguien se saltaba las normas.

Juez y jurado. No se permitían el lujo de no dar ni golpe, ni siquiera la realeza.

Para ellos lo primero era la obligación y después ellos mismos, y se formaban para su puesto, ya fuera de guardián, nobleza, administración de la justicia —fuera lo que fuera eso— o rey y reina, desde pequeños.

Darían la vida por su trabajo. Por proteger a los suyos y su hogar.

Darían la vida por los suyos, a quienes consideraban todos los seres feéricos, de alta y baja cuna, a las criaturas de las tierras salvajes, incluso a la más pequeña de las flores.

O eso creía él. Todo el mundo tenía grandes ideales hasta que los ponían a prueba.

Era el adiestramiento en lo que Daisy quería centrar el objetivo.

Era el meollo del asunto. Lo frenó un poco cuando «explicó» el entrenamiento de vuelo, cómo aprendían su magia y cómo la practicaban.

Cómo se instruían en la lucha y el grado de excelencia que se les exigía.

Eso les llevaba más tiempo que la primera evaluación, pues estudiaban a fondo la teoría en la que se basaban sus acciones.

La memoria muscular que los había acompañado desde que habían empuñado una espada por primera vez.

Lo tengo , dijo Daisy, avanzando hacia los túneles y dejando que su mente vagara por todo lo que acababa de aprender.

Él la observaba con paciencia, y ella pensó que era algo curioso.

Confiaba en ella de verdad. No estaba segura de haber sido tan abierta de mente si hubiera estado en su lugar, no habría confiado en encargarle a una humana con veinte minutos de conocimientos de oídas que decidiera su suerte.

No lo daba por sentado. No podía. Sus vidas estaban en juego.

Daisy cerró los ojos y dejó que fluyeran los detalles; algunos le llamaban la atención, otros competían por ella. Cuando sintió un peso sólido en las tripas, lo supo.

Estamos jodidos de las dos maneras , dijo, y él volvió a llevarse la mano a la boca para reprimir una carcajada.

Daisy sonrió y negó con la cabeza. La voz de Zorn resonó en su mente y después en la de Tarian.

Tener miedo es desperdiciar tus últimos minutos de vida.

El consejo más acertado , comentó Tarian, sin acabar la frase hecha. Se colocó a su lado, cogiéndola de la mano, mirando los túneles. Mirando su destino compartido. ¿Qué? ¿Cuál elegimos?