Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo diecisiete #2
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Capítulo diecisiete #2

El suelo se estremeció. La roca bajo sus pies se elevaba.

El muro la empujó, pero él se mantuvo firme, sujetándola con fuerza.

Daisy podía sentir los latidos del corazón de Tarian.

Se oyeron dos ruidos sordos en las profundidades de la tierra, primero uno y después otro, y entonces el sonido desapareció. El temblor de la cueva remitió.

Tarian respiraba fuerte y rápido. Llovió más tierra del techo.

Esos eran los Celestiales engañándonos , le explicó mientras retrocedía y miraba hacia las profundidades de la cueva.

¿Qué significa eso?

Tarian se apartó, la tomó de la mano y la atrajo hacia sí. Daisy no tenía tiempo ni ganas de permitir que aquellas sensaciones deliciosas afloraran debido al calor y la presión de su mano sosteniendo la suya.

Lo siento, debería comportarme como uno de tus héroes de acción. Tengo que mantenerte cerca de mí sin dejar de prestarte atención.

Sé caminar pegada a alguien. Y a estas alturas no creo que vaya a huir.

¿Huir? No, eso es poco probable. ¿Que te atrape algo que salga de entre las sombras? Eso sí que es bastante probable.

Aquello consiguió callarla. Aferró la mano de Tarian con más fuerza.

Los Celestiales tienen el poder de cambiar la esencia de los márgenes , le explicó él, ralentizando cada paso, como si no quisiera hacer demasiado ruido. Ella lo imitó. Llevan sin cambiarla… décadas. O más.

Estaban empeñados en que Tarian y ella no llegaran a Faerie. Al notar el poder del cáliz de cristal, debían de haberse dado cuenta del potencial que tenía para ayudar a los fae a cruzar los márgenes.

Exacto , murmuró Tarian en su mente.

¿Cuándo se apaga la magia del cáliz de cristal?

Él apenas la miró mientras se aproximaban a la zona desde donde habían tenido que volver atrás. A ella todo le parecía igual. Los hongos y el musgo iluminaban el techo irregular y las paredes escarpadas. Había malas hierbas que se abrían paso como podían entre la tierra cerca de la base.

Jamás , respondió Tarian, tirando de ella hacia delante.

La magia te marcó. Ahora llevas contigo su marca, igual que llevas la mía.

No obstante, también te pondré una marca visual.

Oficial. Si no, te utilizaría la realeza y, después, sus guardias.

Una humana guapa, como tú, no pasará desapercibida.

Acabaré teniendo que matar a medio palacio cuando acuda en tu ayuda.

No viviré tanto , repuso de manera mecánica, con el cuerpo entero ardiendo de rabia. El primero que me toque morirá, y seguro que me ejecutan poco después. Hay cosas peores que la muerte.

Lo sé bien , dijo él con tono funesto.

Daisy se preguntó sobre eso mientras caminaban; era la primera vez desde que se conocían que veía esa increíble cautela por parte de Tarian.

Luego sus pensamientos derivaron hacia lo que le había dicho de la marca.

Había dejado que le resbalara toda aquella cháchara suya sobre reclamarla, tras haber visto una prueba de lo que le haría si ella incumplía aquel absurdo acuerdo que tenían, pero no había dicho nada de marcarle la piel con un sello mágico.

No le había dicho explícitamente que le grabaría su magia de manera permanente en la piel.

No podría ser como la marca de un semidiós, brillante y etérea…

, llamativa. Su familia no le había dicho ni mu, y eso era algo que habrían advertido y examinado en detalle.

La marca no es para los humanos , explicó Tarian.

Aunque sería útil si los fae tienen que mezclarse con los humanos.

Es para los de mi raza. Denota posesión.

Eres mía. Solo te puedo tocar o manejar yo.

Como ya he dicho en repetidas ocasiones, no me gusta compartir.

Mi sello mágico y mi marca dejarán muy claro lo que sucederá si se pasan de la raya con mi propiedad.

Por si sigue sin quedarte claro, significa su muerte.

De la forma más espantosa posible, si dispongo de tiempo.

Pero… ¿y qué pasa con los tipos verdes? No parecían muy preocupados por que nadie me reclamara.

No, cierto. Y mira lo que les pasó. Una marca visual ayudará a los que son demasiado estúpidos a darse cuenta de la reclamación mágica.

¿Y no tienes pensado liberar la reclamación mágica y ahorrarte el disgusto de verme besarme con medio castillo?

Tarian le lanzó una mirada sombría y atormentada.

Nada me gustaría más que elegir cuánto alargar ese reclamo.

No aplicarlo en absoluto. Esa magia no se debe a que yo sea un fae.

Se debe a que yo mismo estoy atrapado. Parte de mi servidumbre en la corte viene acompañada de lo que la reina y sus secuaces piensan que es una broma.

A todas luces, una maldición. Una vez lanzada, no puedo renunciar a esa reclamación.

Me deja marcado… y también a cualquiera de mis amantes.

Si algún día te cansaras de mí y eligieras a otro, te verías obligada a contemplar una y otra vez cómo mato a tus amantes con mis propias manos.

La magia me obligaría a hacerlo. Mi primer y único amor sufrió esa prisión en carne propia hasta que la corte se cansó del juego y decidió romper la reclamación por sí misma.

¿Cómo lo hicieron?

Se quedó un instante en silencio.

Matándola, claro está. Torturándola mientras yo observaba.

Ella había dejado de amarme. Yo, en cambio, sigo…

y seguiré siempre… sintiendo algo por ella.

Pero, para liberarme de su reclamo, la corte decretó que tenía que morir.

Yo era más valioso que ella. Solo la realeza es inmune a esta…

maldición. A este horror. No puedo tener ni una aventura pasajera sin sentenciar a muerte a la persona o hacer caer en la trampa a alguien.

Quisieron convertirme en un juguete al servicio de la corona.

Frunció el labio con un gruñido, y Daisy sintió que se tambaleaba ante tal revelación. Se encogió mentalmente, horrorizada por él. Por lo que le habían hecho.

Preferiría morir antes que tocar a ninguno de ellos , pensó Tarian, y ella lo entendía perfectamente.

Comprendía su deseo de derrocarlos y acabar con ellos para siempre.

Mi poder es demasiado grande para que me puedan obligar, así que me provocan.

Siempre me están provocando. Respiró hondo.

Por otro lado, así es como se juega a este juego.

Yo te he introducido en él. Eres lo bastante lista, y lo bastante dura, para ser inmune a esos jueguecitos.

Agradezco a los dioses su misericordia por ello.

Ya te has pasado la vida en constante peligro.

No te sentirás fuera de lugar en la corte oscura feérica.

Al principio, no. No hasta que te utilicen cuando quieran castigarme.

Puedo protegerte hasta cierto punto, pero a partir de ahí debes buscarte la vida.

Es la naturaleza de las cortes feéricas.

El juego acaba cuando te destruye. Cuando nos destruya a los dos.

Se quedó callado, y Daisy no interrumpió el atormentado silencio posterior.

Lo asimiló todo para reflexionar sobre ello más tarde.

Había demasiadas cosas que desentrañar, demasiadas revelaciones y angustias para poder analizarlas como era debido en ese momento.

Este fae tenía capas. Muchas. Y dolor. Se encontraba en una situación precaria en su corte, y ella tenía que analizar a fondo todos y cada uno de los matices del asunto.

Era demasiado delicado para hacerlo bien en ese instante, sobre todo ahora que él se ralentizaba.

Su situación actual requería toda su concentración.

Solo había una cosa que se resistía a su lógica.

¿Por qué no te mató ella y punto?

Tarian soltó una risotada y se llevó la mano a la boca para ahogar el sonido.

A ver… Daisy se encogió de hombros. Ya no te amaba, y era o ella o tú. Pensaba que los fae erais despiadados. ¿Por qué no te mató y ya está?

Tendría que haberlo hecho. Tú lo habrías hecho…

y luego habrías muerto por hacerlo. A la realeza le gusta provocarme, pero les resulto valioso.

Pero no todos los fae son tan violentos y despiadados como aseguramos.

Algunos son compasivos y amables. Ella lo era.

No se merecía lo que le ocurrió. No se merecía la destrucción que causé en su vida.

¿Y yo sí?

Aminoró el paso cuando llegaron a una abertura ancha que se bifurcaba en dos túneles más pequeños, uno hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. La miró y se detuvo. La oscuridad ocultaba su expresión.

Creo que estás mejor preparada para enfrentarte a los villanos.

Hizo una pausa. No tienes control de tu situación.

No te has convertido en víctima por amarme.

Has sido víctima de los hados. Puedes reflexionar sobre esto más tarde, como decidiste antes.

Ahora, céntrate o ninguno de los dos conseguiremos cruzar los márgenes.

«Estabas destinada a acabar en esta situación», le había dicho él en una ocasión.

Tarian asintió al oír ese pensamiento, pero no profundizó en ello. Daisy tendría que indagar si quería sacarle más información.

Joder, tenía que evitar que siguiera escuchando todos y cada uno de sus pensamientos.

Inspiró hondo, le hizo caso y se centró. Vive hoy para poder huir mañana.

Los túneles parecían idénticos. Podrían haber sido recortables de cartón puestos juntos, con cada mínimo detalle exactamente en el mismo lugar en el uno que en el otro.

Era evidente que los Celestiales habían cambiado el interior, porque Tarian no sabía qué túnel escoger.

Escoge el que huela mejor, dijo Daisy automáticamente.

Él la observó extrañado. Ella le devolvió la misma mirada.

Sí, el que huela mejor. Mira, básicamente nos dirigimos al Monte de Mordor dando un rodeo, ¿no?

Pues Gandalf, cuando guio a la Comunidad por las minas de Moria, habló de elegir el sendero que oliera mejor.

Y lo hizo. Y acabaron encontrando la salida .

Empezó a quedarse sin argumentos. Aunque tuvo que sacrificarse para acabar el trabajo…

Tarian la miró, impasible.