Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo dieciséis #3
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Capítulo dieciséis #3

Lo hizo, sin ni siquiera levantar la vista.

Una ráfaga de aire le pasó rozando, seguida del silbido de unas alas.

Los cambiantes colores del alba resplandecieron al paso de las alas, unidas a un cuerpo con vestimenta real que permanecía recto como una flecha.

Un extraño estruendo le hizo vibrar los huesos.

El miedo le estremecía el corazón, pero no sucumbió.

Daba tajos con su arma, ahora convertida en un largo báculo, atravesando una extraña neblina y clavándose en la pierna del Celestial.

La hoja se introdujo a fondo y tocó hueso.

El Celestial se sobresaltó y miró hacia abajo, con sus rasgos perfectos contraídos de dolor y la sangre brotando de la herida.

Tarian tiró del brazo de Daisy para que echara a correr. Sin tiempo que perder, ella apretó el paso. Su arma se convirtió en una espada corta. El batir de las alas contra el fuerte viento cada vez era más atronador.

Vamos allá , dijo Tarian. No dejaré que te mate. Aguanta el dolor.

Una ráfaga de energía la sacudió en el vientre, se le clavó en el corazón y le desgarró los órganos.

Fue como sentir una versión más bruta de lo que podía hacer Lexi, solo que no le estaba atacando el alma.

No amenazaba con arrancarle su esencia vital.

Era, como mucho, solo dolor, como había dicho Tarian.

Lo ignoró con facilidad gracias a un montón de práctica que había acumulado cuando Lexi estaba aún aprendiendo, o ahora, cuando Lexi se cabreaba tanto con ella que era incapaz de controlarse.

Tarian levantó una mano y Daisy sintió algo nuevo.

Era una sensación de picor, pero no dolía.

De hecho, experimentaba lo contrario. Era estimulante, como burbujas eléctricas que le recorrían las piernas y le llegaban al vientre, donde se calentaban y se extendían.

Sorprendida, contuvo el aliento cuando un reluciente manto dorado con detalles negros se desplegó por encima de ellos.

Fragmentos de color añil intentaron atravesarlo desde arriba, pero no lo consiguieron.

Corre más rápido , dijo Tarian apretando los dientes. Le llegaba su sensación de cansancio.

Ella lo dio todo, con la mirada puesta en la abertura del muro, lista para ponerse a salvo.

Una lanza atravesó la neblina mágica sobre ellos.

Rebotó en el brazo de Tarian y después aterrizó en el suelo y se quedó clavada.

El fae masculló una maldición, pero no flaqueó y siguió con el brazo en alto y la espada en ristre y preparada.

A Daisy le palpitó el vientre, pero no de una manera sexual.

Un zumbido invadía su interior, pero no era placentero.

Otra lanza se abatió y se clavó, sin llegar a darles.

El batir de las alas le hizo saber a Daisy que se acercaban a gran velocidad.

Se creó su propia lanza con su arma y la arrojó hacia arriba.

El aleteo se volvió errático cuando el Celestial la esquivó.

Lo intentó una y otra vez, lanzándola a ciegas mientras corría.

Se detuvo un segundo, a la espera de su ataque, y luego alzó la vista.

Una Celestial de piel perfecta se precipitaba hacia ella.

Daisy saltó y golpeó, apuñalando a la Celestial en el costado.

Había apuntado al estómago, pero aquello tendría que valer.

Gira a la derecha , dijo Tarian. ¡Derecha!

Ella aterrizó en el suelo e hizo lo que le decía, a su lado.

El arma de Tarian también se había transformado en una lanza.

Su magia se extendió a su alrededor, dorada con vetas negras, y atravesó a la criatura que se retorcía y a otras tres que descendían en picado hacia ellos.

Daisy volvió a disparar hacia arriba, apuntando al ala.

La punta atravesó el delicado entramado, tan frágil como una libélula.

El rostro del hermoso Celestial se contrajo de dolor y batió las alas con violencia.

Se inclinó hacia la izquierda, pues el ala no le respondía a causa del daño infligido.

Daisy intentó alcanzar a otra, pero la Celestial levantó el vuelo hacia la derecha antes de que ella pudiera establecer contacto, y frunció el ceño, como si la confundiera que Daisy se defendiera. O quizá, sencillamente, que una humana pudiera ser tan eficaz.

Menos de diez metros. Casi estaban. Tarian tropezó y se tambaleó. Ella lo agarró del brazo para que no perdiera el equilibrio.

Trabajo en equipo , murmuró él, y por alguna razón ese pensamiento hizo sonreír a Daisy.

Una de las Celestiales se giró y preparó su lanza. Daisy saltó y lanzó un golpe, y, aunque falló, obligó a la mujer a ascender más. Menos de cinco metros.

Casi… estamos… , pensó Tarian, y Daisy notó la fatiga en su tono de voz. Debía de estar poniendo toda su fuerza en su magia para mantener alejadas a las criaturas más fuertes.

Se vislumbraba la abertura; las enredaderas y las zarzas se distinguían con más claridad. Se enroscaban dentro de aquel espacio. Extendían sus ramificaciones, como si buscaran a alguien a quien agarrar.

—¿Esta es la abertura menos traicionera? —preguntó Daisy, olvidándose de que no debía hablar. Aunque supuso que no importaba. Los Celestiales ya sabían dónde estaban.

Sí , respondió Tarian, envainando el cuchillo y trabajando con las dos manos dirigidas al cielo.

Descendieron más Celestiales, que se cernían sobre ellos con las armas en ristre. Tenían la abertura justo delante de ellos. Casi estaban.

Un Celestial de gran tamaño descendió ante la abertura. Plantó los pies en el suelo y se preparó para luchar, bloqueándoles el paso.