Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo diez #3
37%

Capítulo diez #3

Daisy miró hacia delante mientras Bria se inclinaba hacia ella. El vaso se quedó suspendido sobre la mesa, aterrizó una vez sobre ella, volvió a elevarse como si fuera un helicóptero que no estaba seguro de si tenía intenciones de aterrizar y luego se posó.

—Lo ha clavao —dijo Bria entre dientes. Su aliento podría haber prendido fuego.

Thane volvió a su silla y su mirada fue a parar de nuevo a Daisy.

—En serio, no es muy inteligente salir con un tío como ese. No tiene más que buscarte en las redes y sabrá lo que eres. Me sorprende que no lo haya hecho ya.

—Le di un nombre falso. Me buscó y encontró el correspondiente perfil falso. Mi cara no sale en las búsquedas de Google más que la tuya, y lo sabes. Amber es minuciosa. No pasa nada. Solo me estoy divirtiendo. Desahogándome un poco.

Él se inclinó hacia delante. Se le marcaron los músculos. Iba muy en serio.

—Puedes desahogarte con cualquier otro.

—Sí, pero es que es muy mono. —Le guiñó un ojo a Thane, que se puso rojo de la frustración.

Dylan se acomodó en su asiento, bastante molesto. Era evidente que estaba igual de preocupado, pero dejaba que Thane se encargara del tema.

—También es un asesino de chésteres —argumentó Thane—.

Esos tipos al principio se lo toman como un deporte.

Luego, como un subidón. Ya no tiene tanto que ver con los chésteres como con matar, de modo que, cuando se les acaban las presas fáciles, van a por los blancos más fáciles del mundo mágico.

Blancos como tu perfil falso. Solo bastaría un instante en el que no prestaras atención y te echaría algo disimuladamente que te dejaría indefensa.

Un solo instante. No es inteligente. Así que o te encargas de él de una vez por todas o me das su nombre y lo pondré en manos de nuestra gente.

—Chicos, os preocupáis demasiado. —Endureció la mirada. Debían de esperar su cabezonería—. Casi no tiene ni magia; es de nivel uno. Y me lo he montado para que no quiera deshacerse de mí. —Subió y bajó las cejas—. Confiad en mí, yo me encargo.

Thane la miró incrédulo y después dirigió la vista a Zorn.

—¿En serio, tío? ¿Te vas a quedar callado con este tema? Sé que te gusta que se encargue de solucionar sus propios marrones, pero esto pasa de castaño oscuro. No es ya solo que sea una auténtica cagada salir con un tipo como ese, sino que también es peligrosísimo para ella.

Daisy volvió la cabeza poco a poco hacia Zorn mientras contenía una sonrisa. ¿Cómo es que nadie advertía los transparentes fuegos artificiales de gozo que lanzaban los ojos de Zorn? Era muy evidente que se estaba divirtiendo con ellos, igual que ella.

—Sí, Zorn. ¿Te vas a quedar callado sobre este tema? —preguntó Daisy con un tono de voz hostil. Era la manera en que acostumbraba a rebatirle las decisiones que no le gustaban nada.

Un esbozo de sonrisa amenazó con aflorar a sus labios.

—Es adulta, y esto es parte de su vida privada. Tiene que tomar decisiones por sí misma.

Thane se quedó boquiabierto y Dylan puso cara de extrañeza.

Bria se echó a reír y después empezó a cantar:

—Sé algo que tú no sabes… —A diferencia de los demás, era capaz de entender a Zorn. Se unió a la broma—. Mira, estoy de acuerdo. —Soltó un eructo y luego se quejó—. El ajo será muy bueno para el corazón, pero menudo regustillo deja.

—Puaj —murmuró Daisy, y le dio un trago a su copa.

—Sí —contestó Bria—. Dime algo que no sepa, ¿eh? En fin, mirad, Daisy se las puede arreglar con ese tipo. Estará bien. Es adulta. Y blablablá.

Dylan se rascó la cabeza.

—Sea como sea, creo que tendrías que avisar a Lexi. Es potencialmente peligroso, y ella debería estar al tanto.

Daisy lo miró sorprendida.

—¿Mordie no se chivó?

—Mordecai me lo contó a mí —dijo Zorn—. Les expliqué a los aquí presentes por qué te esperaba despierto. Insistieron también en esperar conmigo.

—Y con toda la razón —murmuró Thane.

—Yo solo quería seguir bebiendo porque a veces es como una bruma agradable, ¿verdad? —afirmó Bria.

—Vale. Entonces ¿por qué está todo el mundo aquí? —preguntó Daisy.

—Henry y Amber han hecho avances en el ordenador de Rutherford —contestó Zorn, con el centelleo de los ojos ya apagado—. Lo repasaremos mañana y tomaremos algunas decisiones.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, seguido de la emoción. Las decisiones significaban que tenían algo. Significaba que, tal y como esperaba, quizá tuviera algo con lo que derrotar a ese fae. Solo tendrían que navegar por las procelosas aguas de tratar con alguien de su clase.

—Volviendo al asunto en cuestión —intervino Dylan con un tono de voz sensato—.

Creo que Lexi tiene que saber lo que está pasando.

A ver…, entiendo que quieras meterte en actividades peligrosas, e incluso que desees…

tener intimidad con alguien que… odia a los de tu clase… —Le costaba encontrar las palabras.

—No lo entiende. —Bria negó sabiamente con la cabeza esbozando una mueca—. No lo pilla en absoluto.

Daisy le restó importancia con un gesto. Tenía otras cosas en las que pensar.

—Solo le besé, pero ya está. Se ha acabado.

—¿Se ha acabado? —Zorn frunció levemente el ceño. Volvió a escudriñarla de nuevo—. ¿Lo has matado?

Pensó que no había visto las señales. Ella se rio.

—Aún no. Solo me estaba familiarizando con el terreno. Ya está. Lo acabaré cuando tenga un rato.

Thane y Dylan respiraron aliviados.

—Menos mal, joder —dijo Thane—. No es que quisiera delatarte ni nada parecido.

Daisy se terminó la copa de un trago y se levantó. Las repercusiones de lo que pudieran haber encontrado en ese ordenador le llenaban el estómago de mariposas.

—Gracias por esperarme despiertos. Y por preocuparos por mí. Lo que no os agradezco es que penséis que soy tan terriblemente estúpida y que me autodesprecio. Pensaba que me conocíais mejor.

Ahora todos movían la boca sin saber qué decir.

Daisy se excusó y se retiró a su habitación.

Una vez dentro, miró la zona cercana a la ventana.

Unos trocitos de cinta americana formaban un semicírculo en la pared.

Por la parte de fuera y hacia la derecha, dentro de un saquito y clavado a la pared que daba al techo, colgaba la daga que le había regalado el fae.

Cuando la tuvo en las manos, Daisy comprobó la distancia a la que el ser feérico la podía oír. En cuanto supo cuál era, se puso en marcha y colocó el arma en un lugar al que pudiera acceder a toda prisa, pero que estuviera lo bastante lejos para conferirle algo de privacidad.

Ahora, mientras pensaba en las nuevas cosas que podría averiguar y en las maneras en las que podría atraparlo, estaba convencida de que no quería que oyera sus pensamientos… y supiera lo que se avecinaba. Joder, esperaba que esto fuera el final de una vez por todas.