Capítulo seis #3
—Este tipo no tiene antigüedades ni reliquias ahora mismo —les repitió Daisy por enésima vez—.
¿No os acordáis de que preguntamos? Solo tiene armas, y al fae eso no le interesa.
Amber y Zorn lo investigaron para asegurarse.
Tampoco habrá intercambio de mercancía ni dinero.
No va a llevar nada al evento. No hay ninguna razón para que aparezca un fae a tocarnos la polla.
Y «polla» aquí no es una palabrota, Lexi. Es una parte del cuerpo.
Daisy apretó los dientes, esperando que ningún puño se dirigiera a su cara. Por suerte, Lexi estaba demasiado distraída.
—Pero ¿y si…? —empezó a preguntar esta—. ¿Qué pasa si el fae está cerca y…?
—Lo hemos revisado todo, ¿recuerdas? Tú estabas en las reuniones.
Zorn y Amber han visitado a todos los traficantes de reliquias de la zona.
Ninguno ha oído hablar de ese fae, y el que sí lo conocía ya está muerto.
—Junto con todos aquellos idiotas que habían atacado a Mordecai.
Ella misma se había ocupado personalmente del asunto.
Si Mordie lo sabía, no había dicho nada—. No pasa nada, Lexi. De verdad.
Sintió un escalofrío debido a los nervios, pero no dejó que se notara.
En realidad, sí que pasaba. No había ninguna razón para que el fae apareciera…
, excepto para llevársela. Y no tenía ni idea de cuándo podría suceder.
Ni de si iba a suceder. Quizá solo había estado jugando con ella en aquella cornisa hasta que los Celestiales lo obligaron a huir.
Una parte de ella se preocupaba por esos sueños: lo real que su voz sonaba en ellos, lo vívida que era su presencia.
Otra parte estaba convencida de que el fae aparecería en cualquier momento para llevarse lo que quisiera.
A ella. Lo peor de todo era que no estaba segura de si la inquietud que sentía se debía al peligro… o a la esperanza de volver a verlo.
Pero ¿y si al fae le interesaba de verdad aquello que vendía ese contacto?
Ni de coña iba a enviar a otra persona en su lugar y poner a su familia en peligro.
No parecía que el fae quisiera a matar a Daisy.
Todavía no. En el fondo, sabía que no ocurriría lo mismo con los demás.
Zorn estaba de acuerdo. Era un riesgo necesario para mantener a todos a salvo.
Si tenían que mentir un poco para lograrlo, que así fuera.
Lexi escudriñó a Daisy; la incertidumbre era patente en sus ojos. Inspiró hondo.
—Lo sé. Es solo que… sé que no hace falta que te lo recuerde, pero, si la situación te supera, el castigo es la muerte.
—Tragó saliva con fuerza, como si pronunciar esa frase le hubiera costado un esfuerzo físico—.
No hay segundas oportunidades en este trabajo.
¿Recuerdas lo que siempre dice Zorn? No te puedes relajar.
En un mundo con magia, los que no tienen magia siempre correrán peligro.
La voz de Zorn resonó en la mente de Daisy para completar la frase: «Tu vida depende de tu vigilancia».
—Sí, Lexi —respondió con paciencia—, pero Zorn también dice siempre que me van a subestimar, ¿recuerdas?
Que me subestimen es precisamente mi mayor ventaja.
—Extendió los brazos y se señaló la cara—.
Soy joven, exprimo mi aspecto delicado y este maquillaje acentúa lo que llamáis mis grandes ojos azules de muñequita.
La gente que se pone nerviosa delante de Zorn o de Amber se tranquiliza conmigo porque parezco frágil, pero es pura fachada.
Ya os lo he explicado. Lo tengo todo controlado.
O eso esperaba con toda su alma.
—Lo sé. —Lexi se apartó para que Daisy pudiera pasar—. Solo te pido que tengas cuidado, nada más.
Daisy pasó por su lado y se dirigió a la cocina. Era hora de irse.
Mordecai se quedó rondando, vacilante.
—Sigo sin tenerlo muy claro… —dijo este, que obviamente la tenía calada y veía lo que había tras esa fachada. Eso era lo que sucedía cuando pasabas parte de tu infancia compartiendo habitación con alguien.
Daisy optó por lanzar una distracción.
—A todo esto…, ¿quién es la chica con la que sales, Mordecai? —preguntó al entrar en la cocina—. Es guapa, pero se ve jovencita, ¿no? ¿Es mayor de edad?
—¿A qué viene esto? —preguntó Lexi con un tono de voz cortante.
—Pues Daisy ha estado diciendo palabrotas —soltó Mordecai.
—¿Yo? Jamás —replicó Daisy muy dramática. Sabía que salir con una menor era peor que soltar un taco.
Por supuesto, la chica no era menor de edad. De hecho, era mayor que Mordecai. Pero una pregunta llevó a otra, y Lexi pronto se enteró de todos los detalles de su nuevo ligue. Ella había encontrado al amor de su vida en un semidiós peligroso y acosador, y quería la misma felicidad para los demás.
En la cocina también estaba la familia de Daisy. Boman, un manipulador de luz, estaba junto a la isla. Llevaba una camiseta negra a juego con unos pantalones cargo negros y tenía los bolsillos llenos de todo tipo de maravillas que parecían sacadas del bolso de Mary Poppins.
—¿Qué has hecho para que Mordecai te haya delatado? —le preguntó a Daisy.
—Por lo visto, su novia es menor de edad —comunicó Lexi a los demás.
Bria, sentada en la isla junto a Boman, soltó una carcajada.
—No es menor —rebatió Mordecai—. Ni es mi novia.
—¿Una amiga con derecho a roce? —preguntó Thane, con una sonrisa que asomaba entre la espesa barba.
Dylan, sentado junto a él al final de la mesa, observaba la escena con una sonrisa.
—¿Quién es la chica? —quiso saber Lexi.
Mordecai tragó saliva.
—Es una mujer, y la estoy conociendo, nada más. Es una amiga.