Obsidian (Los fae de las sombras 1) Capítulo dos #3
8%

Capítulo dos #3

—Solo es un metamorfo exiliado —dijo Ava entre dientes—, ¡y tú no eres más que una sucia chéster!

—El autodesprecio mágico inundó a Daisy—.

Fue patético ver cómo alababa a alguien como tú delante de todo el mundo.

¿Un ángel? Sí, claro, y una mierda. Haber sido más listo. Recibió exactamente lo que se merecía.

Desde luego, Mordie tendría que habérselo olido.

Era demasiado bueno para ver a Daisy tal como era en realidad: el diablo con tacones afilados como cuchillas.

La muerte personificada. Ese había sido su error, pero aquella zorra no tenía derecho a echárselo en cara. Solo Daisy gozaba de ese privilegio.

Una emoción mágica falsa no podía competir con su furia real.

El tono de voz de Daisy se volvió bajo e íntimo.

—Primero… —Le clavó la punta del cuchillo en el muslo y luego en el costado.

Ava gritó y se golpeó con más fuerza contra la pared, volviendo a mostrarse dócil—.

Lo exiliaron de niño después de que asesinaran a sus padres, los alfas.

Ahora trabaja con los semidioses. Si quisiera, podría tener una manada, pero ha elegido quedarse con una familia poderosa.

Ha prosperado, pedazo de imbécil ignorante.

Segundo, para que te quede claro con qué clase de chico te has metido: él quería acompañarte a casa para que llegaras sana y salva.

No le gustaba el estilo de vida que llevabas.

¿Tu ambientador es mierda de perro quemada?

Porque a eso huele. Él es amable, encantador y dulce, pero, si eso no te va, encima es guapo y tiene un cuerpo de diez.

Pero ¿cómo vas a ser así de tonta? Ese tío, Max, es un puto despojo.

¿Tienes algún talento especial para tomar malas decisiones?

Daisy le hizo unos cuantos cortes poco profundos, indiferente ante la violencia, pero dispuesta a que el mensaje le quedara claro como el agua.

Si jodías a uno de los suyos, la jodías a ella.

No tenía piedad y se tomaba en serio estas cosas.

Zorn le había enseñado bien. Esta tipeja no iba a morir, pero iba a permanecer postrada durante una temporadita.

Tendría muuucho tiempo para pensar en lo que había hecho; mucho tiempo para que el miedo cobrara vida propia.

—Vas a mandarle una disculpa, ¿estamos? —Daisy zarandeó a la mujer—.

Vas a pedirle perdón por ser semejante escoria.

Después, no le volverás a hablar en tu vida.

No te acercarás a mi familia de nuevo. Si por alguna razón se te ocurre hacerlo, terminaré lo que he empezado.

Lo pillas, ¿no? —Presionó la hoja del cuchillo contra la garganta de la mujer, que estaba llorando.

—Sí —susurró Ava.

—¿Qué? —preguntó Daisy.

—¡Que sí!

Daisy limpió la hoja con el vestido ajustado de la mujer antes de retroceder.

—Solo por curiosidad —se guardó el cuchillo—, ¿aún tienes el reloj o el coche que le robasteis?

Ava cayó al suelo en un charco de sangre y derrota.

—No. Randall se lo llevó todo y nos dio dinero. Él lo tiene, ¡yo no!

«Conque Randall, ¿eh?». Quizá tendría que investigarlo. Era el pez gordo de la operación. De hecho, puede que Zorn quisiera encargarse personalmente de él. Ella aún tenía que ir a por los otros seis capullos que habían ayudado a aquellos dos muertos a reducir a Mordie.

La rabia bullía en su interior a fuego lento.

Daisy le dio la espalda a Ava, señal de que no la consideraba una amenaza. Hacer eso siendo chéster era el mayor de los insultos para una persona mágica.

Zorn la esperaba en el pasillo a oscuras. La luz de la luna no llegaba hasta allí.

—¿La has dejado con vida? —susurró.

—Tiene que pedirle disculpas a Mordecai. Ya oíste a Jerry, dijo que Mordie se sentía traicionado. No quiero que pierda la fe en las mujeres o en la gente en general. Además, le daría un ataque si la matara. Se sentiría responsable y culpable, y sería un dramón. No tengo paciencia para eso.

—Cuidado, que se te ve ese gran corazón que tienes —murmuró Zorn.

Daisy puso los ojos en blanco.

Él señaló con la cabeza la puerta cerrada del baño. La luz seguía encendida. Ya no se oían chapoteos en su interior.

—Ha echado las persianas —dijo—. No he podido verlo. Habrá oído los gritos. No ha salido a ver qué pasaba.

Daisy señaló por encima del hombro.

—Eran unos inútiles de cuidado. ¿Cómo te va a matar tu propio ácido? Venga ya. El de la bañera tiene que estar cagado de miedo.

—Seguro.

—Es parte de la organización y, por lo tanto, objetivo válido, pero no sabemos qué tipo de magia tiene.

—Correcto.

Daisy se mordió el labio. Zorn la miró impasible. Tomaría la iniciativa si ella quería. Le estaba preguntando sin palabras si estaba dispuesta a hacerlo.

Los nervios le revolvían el estómago, pero no se amilanó. Aquella era su vida. En ocasiones, parte de esa vida consistía en meterse de lleno en el peligro sin pensárselo dos veces. Con Zorn cubriéndole las espaldas, debería poder manejarlo.

«Debería» era la palabra clave.

—Yo me encargo —dijo ella, sin permitir que los nervios le hicieran temblar la voz. Y para allá que se fue.