Obsession (Almas Letales 2) 67. Minerva
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67. Minerva

MINERVA

No había vuelto a ver a Enzo desde la noche que me acompañó a mi casa. Hacía cinco meses.

Había intentado con todas mis fuerzas no mirarlo, ignorarlo, pero aquella tarea se había vuelto imposible después de las dos primeras copas.

Y no culpo a la bebida. Ese desgraciado presuntuoso estaba terriblemente atractivo.

Era el diablo. No dejaba de sonreír, de hablar con todo el mundo… excepto conmigo.

Suspiré cuando vi cómo le hacía una reverencia a su nonna y la sacaba a bailar. ¿Por qué todos los trajes que se ponía le quedaban así? Lo peor era que sabía que lo que había debajo era más espectacular. Más grande y duro.

Mierda.

Me giré para comprobar que nadie me hubiera visto babeando por aquel egocéntrico y descubrí que su hermana Gabi me sonreía desde lejos. Me guiñó un ojo antes de susurrarle a su marido al oído.

Enzo

—La bambina sigue mirándonos —susurró mi nonna contra mi hombro.

—¿Estás segura? —pregunté con curiosidad, y la acerqué más para oírla mejor.

—Segurísima. Creo que deberías ir y hablar con ella —aseguró con un asentimiento de cabeza.

— Nonna mia , ya te he dicho que me robó y que después se fue como si nada.

—Eso es una nimiedad.

—Una nimiedad que me costó millones. Muchos millones.

—Bah, tienes dinero de sobra.

Apreté los dientes y me controlé para no mirar hacia mis espaldas. Dios santo, ese maldito día estaba convirtiéndose en mi infierno personal.

—Sí, pero llevas toda la boda de tu hermana pequeña comiéndotela con la mirada. Creo que deberíais tener un pequeño… acercamiento, ya me entiendes.

—No, no te entiendo—aseguré. Claro que la entendía, joder.

—Pues que tenéis que resolver esa tensión sexual o este lugar acabará volando por los aires.

— Nonna!

—No habrá ni una sola foto familiar donde mires al frente, joder.

Keyla

Puse los ojos en blanco cuando Gabriella volvió a amenazar a su marido con degollarlo por décima vez en lo que iba de celebración.

—Esto me aburre —informó Andrei.

Estaba sentado a mi lado con los brazos cruzados.

Después del entierro de Bastián, me había ido una temporada a Rusia para acompañar a mi amiga durante su embarazo. Esa fue la excusa que me dije a mí misma.

Pero en ese corto periodo de tiempo, me había follado a Andrei.

En el cuarto de vigilancia, contra el escritorio.

Después, en la cocina mientras todos dormían y por último, en el coche donde supuestamente íbamos en modo vigilancia del recinto.

También me folló contra la valla que delimitaba el perímetro.

No nos habíamos vuelto a ver desde ese último encontronazo, cuando desaparecí por… problemas. Y se notaba que estaba cabreado. Intentaba disimularlo, pero las miradas que me lanzaba…

—¿Qué quieres hacer? —pregunté con tiento.

Por fin me miró y, joder, sí que estaba enfadado.

Se puso en pie y me hizo un gesto con la mirada para que lo siguiera.

Por el camino vi que Mikhail y Milena discutían en uno de los pasillos que daban a las escaleras de la planta de arriba. Frené, pero Andrei me rodeó el brazo y tiró para que continuara.

Entramos en el baño de mujeres, me dejó pasar a mi primero y después cerró la puerta con fuerza.

—Quiero follarte contra el lavabo.

No me dio tiempo a reaccionar antes de que su boca impactara contra la mía.