Obsession (Almas Letales 2) 57. Alexander
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57. Alexander

ALEXANDER

Era ahora o nunca.

Keyla había desactivado la seguridad del recinto. Las cámaras de vigilancia reproducían las mismas imágenes una y otra vez. Eso solo nos daría algunos minutos de ventaja antes de que se dieran cuenta de que algo pasaba.

Abrí la reja con las manos enguantadas y la vista al frente. Tenía la boca seca.

Chirrió un poco y pasé de la susurrante arena al crujido de la gravilla.

Avanzamos por los flancos refugiados en la oscuridad y al amparo de los muros hasta llegar a la altura de la fachada.

Agarré los cuchillos con más fuerza mientras encabezaba la marcha de la parte derecha. Solo se oían nuestras respiraciones y las suaves pisadas.

—Hemos llegado al punto uno —indiqué antes de levantar la mano para detenernos. Los hombres de Enzo hicieron lo mismo.

Miré a mis espaldas para hacerles un gesto con la cabeza. Era hora de acabar con el enemigo.

—Accediendo —informó Mikhail.

Avancé de nuevo y esta vez fui directo a por mi objetivo. Había dos hombres apostados en la puerta principal. Me verían llegar.

Me apoyé en el muro de la casa y giré la esquina.

Escuché el primer disparo a mis espaldas.

Me lancé a por ellos. Al primero lo agarré y lo pegué a mi cuerpo para protegerme.

Le rajé el cuello antes de que pudiera reaccionar.

El segundo se apartó y sacó su arma. Usé el cuerpo de su compañero como escudo y lo empujé contra él.

Ambos cayeron al suelo. Le lancé uno de mis cuchillos y acertó en la mano que sujetaba el arma. Gritó. Me agaché y saqué otro cuchillo.

—¿Dónde está ella? —pregunté pegado a su cara y colocándole el arma en el cuello.

—¿La zorra italiana? —Comenzó a reírse y aseguró que ya estaba muerta.

Oí los disparos. Los gritos.

Lo maté con saña. Aquello no era cierto. Ella no estaba muerta, porque si no yo lo sabría. Lo notaría hasta en los huesos.

—¡Avanzamos! —informó la voz de mi hermano.

Los hombres de Enzo llegaron a la entrada de la casa.

—Todo limpio —me dijo el segundo al mando de los italianos.

Asentí antes de dirigirme a la puerta principal. Se abrió de golpe y cuatro hombres nos recibieron a balazos.

Mia

Me puse en pie cuando escuché el primer disparo. Estaban aquí. Eran ellos. Lo sabía.

Agarré el cuchillo que Nicole me había dado y me preparé lo mejor que pude. Esos cabrones bajarían a por mí antes de que mi familia llegara, antes de que viniera Alexander.

Me dolía todo el cuerpo. Tenía las manos y los pies encadenados, pero aun así podría lanzarles el cuchillo desde donde estaba. Aun así podría rajarles la garganta.

Se oía el retumbar de unos pasos en la planta principal. Los gritos.

Se me saltaron las lágrimas.

Había soportado un infierno y volvería a hacerlo solo por verlos un día más, solo para vivir un día más.

Había adelgazado tanto que la ropa se me caía. Apenas tiraba de mi cuerpo.

Tenía que salir de aquí y llevarme conmigo a Nicole.

Tras unos minutos que me parecieron eternos y escuchar el infierno que se estaba desatando, oí el sonido de la puerta que daba al sótano.