Obsession (Almas Letales 2) 50. Keyla
75%

50. Keyla

KEYLA

—Tienes que descansar —susurré sobre la frente de mi amiga.

Mia llevaba desaparecida doce días. Lo había intentado todo.

Gabi estaba al borde de la depresión, junto con un ataque psicótico. Enzo iba todo el día de coca hasta el culo, desquiciado. Una bomba italiana que reventaría en cualquier momento.

Alexander… Alexander se había convertido en un arma de destrucción masiva a todas horas del día. Bastián era el único capaz de dominarlo, de calmarlo. Estaba fuera de control. No hablaba. No comía apenas y cuando lo hacía era bajo amenaza.

Los únicos que manteníamos la cordura éramos el resto, y lo hacíamos por ellos, por Mia. Iván llamó a muchos de sus contactos, Enzo igual. Gabi amenazó a un montón de gente y el Carnicero se puso la máscara y salió a cazar cada noche.

Teníamos soldados, ayuda, pero ninguna pista.

Yo no sabía qué más hacer. Incluso Carter me dijo que estábamos en un callejón sin salida.

Andrei, el tercero al mando de la Bratva, trabajaba conmigo codo con codo. Un niñato repelente que me ponía de los nervios, pero era eficaz.

Habíamos montado una casa franca en mitad de la nada. Llena de hombres, armas, munición… Gabriella hacía que su marido trajera cada día un nuevo cargamento, y él obedecía encantado a cambio de que ella comiera y durmiera un rato. Al final caía rendida. Todos la teníamos vigilada.

—¿Nada? —preguntó Alexander derrotado.

Acababa de llegar, aún con la máscara puesta, llena de salpicaduras de sangre.

Negué con la cabeza.

Andrei me pasó una taza de café y le ofreció otra a Alexander. Este negó con un gruñido y se marchó.

Miré a Andrei antes de centrarme en el ordenador. Era muy guapo, pero en aquel momento eso no importaba.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó tras sentarse a mi lado con un suspiro.

—Revisa de nuevo las cámaras del aeropuerto.

—¿Otra vez?

—Andrei —respondí frustrada—, no tenemos nada. Ni una mierda. Hay que empezar de cero y da igual las veces que tengamos que hacerlo.

Se le escapó una pequeña sonrisa.

—A sus órdenes.