29. Alexander
ALEXANDER
El cuchillo pasó rozándome la cara. Lo esquivé como pude, no sin antes dedicarle una sonrisa.
—Casi, cielo, pero recuerda que…
—¡Oh, cállate! —gritó, preparada para lanzarme otro—. ¿Qué has hecho con toda mi ropa interior?
—Guardarla a buen recaudo.
—Hijo de puta —susurró con los dientes apretados.
Me lanzó dos cuchillos más que impactaron en las paredes del pasillo.
—Sabes que me gusta que vayas desnuda —susurré, a la espera de que se quedara sin munición para abalanzarme sobre ella.
—¡Eres un maldito enfermo! —Me lanzó el último que le quedaba y ese… Joder, ese me lo clavó en el muslo derecho.
Mia gritó y se llevó las manos a la boca.
—¡Ay, joder! Perdón, perdón —exclamó acercándose con rapidez.
Me arranqué el cuchillo justo cuando la tenía a dos pasos. Lo arrojé a un lado y me lancé a por ella. Le rodeé la cintura y me la eché al hombro para llevarla a nuestro dormitorio.
—¡Bájame, idiota! Estás sangrando.
Mia pataleó hasta que conseguí alcanzar la planta de arriba y la arrojé en la cama.
Estaba empalmado. Deseoso de enterrarme en su cuerpo.
Desde la charla que tuvimos al llegar de la fiesta, no habíamos salido de mi dormitorio excepto para comer, y a veces ni para eso. Era asombrosa.
—Me pone muchísimo que me lances cuchillos, cielo.
—Eres… —dijo de manera entrecortada mientras le arrancaba la ropa— eres un enfermo —gimió cuando enterré la cabeza entre sus piernas.
Mia
Había hablado con Gabi después de varias semanas intentándolo. Se encontraba bien, y no solo eso, era feliz. No sabía por cuánto tiempo, pero estaba contenta, y eso me importaba más que nada.
Keyla me había puesto al tanto de lo que tendría que hacer en la ceremonia de compromiso de Gabi. No dudé. Ni siquiera me paré a pensar. Haría lo que fuera por mi familia.