38 Evangeline
TREINTA Y OCHO
EVANGELINE
La puerta principal se cierra de un portazo y unos pasos pesados retumban por toda la casa.
Me levanto de un salto de mi sitio en el suelo, junto a la cama de Hunter, y corro hacia la puerta.
Se quedó dormido en el sótano y lo subí en brazos cuando terminó la alerta por tornado.
Dixie se ofreció a llevarlo ella, pero la mirada de reojo que le lancé fue tan feroz —palabras suyas, no mías— que levantó las manos y se echó a reír antes de marcharse a casa.
Cierro su puerta con cuidado y bajo las escaleras a toda prisa. Las voces se filtran por la primera planta, no lo bastante altas como para que entienda las palabras. Pero no necesito palabras para sentir el cambio en su actitud.
Algo va mal.
El corazón me late con fuerza en el pecho y el miedo hace que sienta la piel tirante. Me presiono el labio inferior con la punta de los dedos. ¿Les habrá contado Silas lo que acaba de pasar en el garaje? ¿Es por eso por lo que se respira esa violencia contenida en el aire?
No me arrepiento, aunque quizá debería.
—Sé valiente —susurra la voz de la nana Jo en el fondo de mi mente.
Bajo la mano, echo los hombros hacia atrás y entro en la cocina. Los tres hombres St. James están de pie alrededor de la isla, con diversos grados de enfado en sus rostros. Casi como si se hubieran coordinado, se giran para mirarme al unísono.
Miro de uno a otro, esperando a que alguien diga algo. Entonces me pregunto si están esperando a que sea yo quien hable. Esa conocida punzada de inseguridad me envuelve como alambre de espino.
Vale, puede que esto sí sea por lo del garaje. Me pongo a la defensiva ante la suposición y decido arrancar la tirita de golpe.
—¿Esto es por lo de antes, en el garaje?
Vale, puede que no haya sido tanto arrancar la tirita como tantear el terreno metiendo un dedo en el agua.
La mirada de Bane se clava en mí mientras Nova pregunta:
—¿Qué ha pasado antes en el garaje?
Ahora me encuentro en una encrucijada. Debato si dar marcha atrás y restarle importancia a lo que he dicho. Pero en cuanto el pensamiento me cruza la mente, lo desecho. Las relaciones necesitan confianza; sin ella, fracasan. Y me gustan demasiado como para no ser sincera.
Además, no creo que vuelva a ocurrir con Silas. Aún no he tenido tiempo de procesar todo el asunto. Necesito las natillas del tío Harry y a mi primo antes de poder darle sentido a todo esto.
Nova se gira hacia los otros dos, entornando los ojos hacia ellos.
—¿Qué ha pasado en el garaje?
Bane mira a Silas, con una sola ceja arqueada; por lo visto, están volviendo a hacer eso de la comunicación telepática. Porque nadie dice nada y, al minuto siguiente, Nova arremete contra Silas.
—¿Me estás tomando el pelo, tío? ¿Qué has hecho? —Nova echa chispas—. ¿Qué otros secretos me ocultas, eh, hermano? —Nova escupe el vínculo familiar, empujándolo de nuevo—. ¿Vas a intentar robarme a mi chica a mis espaldas?
—Nuestra chica —añade Bane.
Antes de que la situación pase a mayores, entro en la cocina.
—Él no ha hecho nada.
Los tres me miran y, si soy sincera, no me disgusta recibir toda esa atención.
—¿Nada, eh? Así que vosotros dos desaparecéis en mitad de un puto tornado para, ¿qué? ¿Jugar a las damas en el garaje?
Frunzo el ceño y niego con la cabeza.
—¿Qué? No, no estábamos jugando a las damas, nosotros...
—Me ha encontrado recogiendo los muebles del jardín fuera y me ha dicho que era un idiota y que tenía que entrar en la casa —dice Silas, encogiéndose de hombros con aire despreocupado. Mira hacia un lado, como si todo el asunto le aburriera.
—¿Sin los pantalones puestos? —Bane frunce las cejas antes de relajarlas, con expresión expectante.
—Iba a decíroslo a los dos, pero os habéis ido por asuntos del club y no he tenido oportunidad. —Exhalo y me recuerdo a mí misma que soy una mujer fuerte—. Mirad, siempre he sido directa sobre mi interés por vosotros.
—¿Por Silas? —Nova señala el pecho de su hermano con el dedo índice.
Cambio el peso de un pie a otro.
—Bueno, eso ha sido un poco inesperado, pero...
—Me la he follado en el garaje —interrumpe Silas, evitando mirar a nadie—. Y ha sido un error. Así que supéralo, tío. Yo ya lo he hecho.
Me quedo boquiabierta mientras miro al hombre cuyo semen, literalmente, todavía me gotea por dentro.
—¿Pero qué cojones?
—Hijo de puta —gruñe Nova, avanzando hacia su hermano.
Pero Bane se le adelanta; lanza el brazo y conecta un golpe en la cara de Silas. Le planta el dedo en la cara a Silas y le espeta:
—No vuelvas a faltarle al respeto así en tu vida, ¿estamos?
Silas se inclina y escupe en el fregadero, mirando a Bane con ojos entrecerrados.
—Sí, lo que sea.
—Lo siento —susurro.
Nova sacude la cabeza y suelta un suspiro.
—No pasa nada, cielo.
Miro a Bane, con los nervios revolviéndoseme en el estómago como un nido de serpientes. Él inclina la cabeza hacia mí y una media sonrisa curva la comisura de sus labios. Algo en esa expresión relaja la tensión acumulada en mis músculos.
SILAS
El corazón me golpea contra las costillas, ahogando la sensación del pulso que me retumba en la mandíbula dolorida. Ese cabrón sabe pegar, y sé que se ha contenido en este golpe. No pasa nada, puedo aguantarlo.
Lo que no puedo aguantar es tenerla en mi cocina, mirándome con esos ojazos suyos de cierva. Aún puedo sentir cómo su coño apretaba mi polla, y eso me está jodiendo por dentro.
—¿Vamos a hablar de nuestra mierda ahora o vais a estar los dos mirando con ojos de carnero degollado a mi puta niñera toda la noche?
—Oh —dice ella, sobresaltada desde su posición en el umbral—. Cierto. Os dejo con vuestras cosas.
—Espera —la llama Nova, cruzando la cocina hacia ella. Se inclina y le toma la cara entre las manos, murmurando algo demasiado bajo para que yo lo oiga. Veo cómo la tensión en el cuerpo de ella se disipa, y tengo que apretar los dientes por la forma en que eso me oprime el pecho.
Esto es una puta mierda.
Alejo todo pensamiento sobre ella de mi mente y me concentro únicamente en lo que tengo que hacer ahora mismo.
—Tenemos que movernos rápido —murmuro.
—Perdemos el reconocimiento —dice Bane a mi lado.
Mantengo los ojos fijos en ella y en cómo le tiemblan las pestañas al cerrarse cuando mi hermano la besa.
—¿Vale la pena el coste a cambio de tener el factor sorpresa?
—Supongo que tiene que valer. La alternativa es esperar a que vengan a por nosotros. Y no tenemos ni puta idea de cómo sería eso —dice.
Niego con la cabeza, con la determinación endureciéndose en mi interior.
—No. No pueden venir a por nosotros. Esos hijos de puta no protegen a sus familias, así que no se les puede permitir el acceso a la nuestra.
—¿A quién quieres traer?
Mi mirada pierde el foco mientras intento idear nuestro mejor movimiento. No tengo el lujo del tiempo ni de la información, así que tenemos que movernos rápido.
—A todos.
Nova le da una palmadita en el culo a Evangeline cuando ella se da la vuelta y se marcha, supongo que hacia arriba. Él camina hacia nosotros con una media sonrisa dibujada en el rostro.
—¿Está bien? —pregunta Bane, señalando con la barbilla hacia nuestra chica.
Nova se encoge de hombros y se mete las manos en los bolsillos.
—Lo estará. Entonces, ¿cuál es nuestro plan?
Me paso la lengua por el interior de la mejilla, sintiendo el escozor del corte.
—Si los Savage Souls y los Hell Hounds quieren pelea, vamos a dársela.
La mandíbula de Nova se tensa con determinación.
—¿Cuándo?
—Tenemos información preliminar del reconocimiento del mes pasado y ya he enviado a unos cuantos exploradores a conseguir más. Corre el rumor de que tienen un almacén principal en el extremo norte de Crestview —dice Bane.
—Cerca del antiguo territorio de los Savage Souls; tiene sentido —asiente Nova—. Entonces, ¿cuándo les golpeamos?
Apoyo el trasero contra la encimera.
—Esperarán que o bien nos lancemos a lo loco ahora mismo o que esperemos hasta tener todo lo que necesitamos.
—Entonces, ¿cuándo? —pregunta Nova.
—En dos días.
—Joder —suspira Nova—. Muy bien. ¿Qué necesitas de mí?
—Coge un móvil desechable nuevo, contacta con algunos de tus enlaces y diles que estén en espera.
—Eso va a costar mucho: favores y dinero —reflexiona Nova.
—Tenemos de sobra de ambas cosas —dice Bane—. Sabré más en unas horas. Hasta entonces, preparad a los chicos.
—Una cosa más. Vamos a entrar en confinamiento total, así que conseguid cualquier mierda que necesitéis hoy mismo.
—Hecho —dice Nova, separándose de la encimera y saliendo de la cocina sin decir nada más.
Miro a mi primo.
—¿Cómo te sientes respecto a esto? —Es la misma pregunta que le hago antes de cada trabajo y de cada movimiento que hacemos.
Él frunce el ceño.
—Preparado para lo peor y esperando lo mejor. —Es lo que dice siempre. Y esa familiaridad me da un atisbo de esperanza de que todo saldrá bien.