34 Evangeline
TREINTA Y CUATRO
EVANGELINE
Es el silencio lo que me despierta. Cuando llegué a Rosewood al principio del verano, tardé casi una semana en acostumbrarme a los nuevos ruidos de aquí.
Claro, los ahogaba con mi máquina de ruido blanco favorita lo mejor que podía, pero no estaba acostumbrada a los otros ruidos.
El asentarse de Magnolia Lane, los ruidosos tubos de escape de las motocicletas volando por la calle, el coro de las cigarras.
Y ahora estoy aquí. Viviendo con Silas, Nova y Hunter. Y con Lincoln, la mayoría de las veces. Debería ser más raro de lo que es. Debería haberme costado más adaptarme a los sonidos de esta casa.
Abro los ojos a una oscuridad tan densa que resulta sofocante. Parpadeo un par de veces y el primer rastro de pánico brota con demasiada facilidad del miedo que siempre ha vivido en mi interior cuando se trata de la oscuridad. Lentamente —demasiado lento—, mis ojos se ajustan.
Está oscuro, pero distingo las formas familiares de la habitación en la que me quedo.
Alargo la mano hacia el móvil, tocando la pantalla para activarla y descubro que son casi las tres de la mañana.
No hay ni una barra de cobertura en la esquina superior derecha.
De hecho, hay un símbolo que no he visto antes. SOS.
—Mierda —murmuro, esperando que no sea algún tipo de presagio.
El siguiente pensamiento cruza mi cerebro una fracción de segundo antes de que lo oiga.
—¡Papá! ¡Eve! —grita Hunter, con el pánico entrelazado en su voz somnolienta.
Retiro el edredón y cruzo la habitación trotando. Abriendo la puerta, grito: —Aguanta, pequeño. Ya voy.
El pasillo está aún más oscuro que mi dormitorio. Con todas las puertas cerradas, la única luz que se filtra es la del gran ventanal sobre la puerta principal. Pero incluso entonces, es tenue, gris. Afortunadamente, la habitación de Hunter está a solo tres puertas de la mía.
El suelo de madera está frío bajo mis pies descalzos mientras me apresuro por el pasillo. Mis ojos están clavados en la puerta de Hunter, y mi corazón late con fuerza por la adrenalina y la urgencia de llegar hasta él.
No noto a nadie hasta que mi hombro choca con algo duro.
—Madre mía —siseo; el impacto me lanza hacia atrás en ángulo, directa hacia el marco de la puerta de Hunter. Me preparo para el dolor inevitable, pero nunca llega.
En su lugar, unas manos grandes se cierran alrededor de mi cintura, estabilizándome. Levanto la vista, con los labios entreabiertos al inspirar, pero antes de que pueda decir nada, Hunter vuelve a gritar.
—¡Eve! ¡Papá!
Silas me suelta al mismo tiempo que me giro hacia su puerta. Él gira el pomo, abriendo la puerta de par en par y devorando la distancia entre él y Hunter. Enciende la aplicación de la linterna de su móvil y dirige el haz de luz hacia el techo. —Aquí estoy, pequeño. Todo va bien.
Me quedo unos pasos atrás, dándome un momento para respirar hondo varias veces. Mi adrenalina está por las nubes y ha empezado ese temblor. Siento como si tuviera pica-pica en el estómago.
—No pasa nada. Es solo una tormenta. A veces tenemos de estas, ¿te acuerdas? Vamos a intentar volver a dormir, ¿vale? —dice Silas, arrodillándose y pasando la palma de la mano por la espalda de Hunter.
—Papá, ¿dónde está Eve? ¿Se ha ido la luz? —Su voz es temblorosa, empapada de miedo. Y eso me provoca algo en las entrañas. Me las aprieta y me las retuerce.
—Aquí mismo estoy, pequeño —le digo, cruzando la habitación hasta su cama. Me detengo junto a Silas y alargo la mano para retirarle el pelo a Hunter. Cierro los dedos en la palma y dejo caer la mano a mi costado—. Tu padre tiene razón. Es solo una tormenta.
Hunter asiente, pero veo el temblor en sus labios. Tiene miedo, y me descubro queriendo hacer algo para aliviar su temor.
No, queriendo no. Necesitando.
—¿Te quedarás conmigo? —pregunta Hunter, con sus ojos castaños muy abiertos. Abraza con fuerza contra su pecho a su conejo de peluche, Flopsy.
—Por supuesto, cariño —me arrodillo en el suelo junto a Silas, sentándome sobre mis talones—. Siempre que a tu padre no le importe. Puede que él quiera acurrucarse contigo para dormir —bromeo.
Los labios de Hunter se curvan en una sonrisa y lanza una mirada a su padre. —Lo siento, papá, pero eres demasiado grande para mi cama. —
Silas arquea las cejas y abre la boca en una fingida indignación. No se llevará ningún premio de actuación, pero su hijo suelta una risita.
—¿Yo? No sé, pequeño. Creo que todavía quepo en tu cama. Aunque puede que tú tengas que dormir en el suelo —dice Silas con una sonrisa burlona.
Una alarma estruendosa y distorsionada chilla desde el móvil de Silas, sobresaltándonos a todos. Silas le da la vuelta al teléfono, sumiendo la habitación de nuevo en la penumbra. Miro por encima de su hombro y veo el texto de la alerta de emergencia en su pantalla.
Servicio Meteorológico Nacional: AVISO DE TORNADO en esta zona hasta las 3:45 AM CST. Refúgiese ahora en un sótano o en una habitación interior en la planta más baja de un edificio robusto.
Si se encuentra al aire libre, en una casa móvil o en un vehículo, trasládese al refugio sólido más cercano y protéjase de los escombros voladores.
—Mierda —murmuro, con el miedo apretándome el estómago.
Silas quita el mensaje, deteniendo la alarma bruscamente. Se pone de pie y busca a Hunter. —Muy bien, pequeño. Hora de ir al sótano.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunta Hunter, con la voz aguda por el miedo.
—Supongo que esta noche vamos a tener una fiesta de pijamas en el sótano —le digo, intentando proyectar que todo está bien.
Hunter levanta los brazos y Silas lo coge en vilo sin esfuerzo. Me levanto rápidamente detrás de ellos y los tres salimos a toda prisa al pasillo.
—Voy a buscar a Nova. —Me sorprende solo un poco que no haya salido todavía. Tiene el sueño profundo, especialmente desde que ha estado echando tantas horas en el estudio últimamente.
Nada más decir eso, aparece en el umbral de su puerta al final del pasillo.
—¿Tornado? —pregunta, pasando la mano por su pecho tatuado.
—Sí, al sótano —dice Silas.
Nova se dirige directamente hacia mí, rodeándome el cuello con un brazo y atrayéndome hacia él. Me planta un beso en la sien y murmura: —¿Estás bien? —
Le miro y él roza sus labios contra los míos. —Estoy bien. Pasé muchos veranos aquí, ¿te acuerdas? Lo sé todo sobre las sirenas de tornado.
—Siempre se me olvida eso —murmura mientras bajamos las escaleras trotando.
—¿Deberíamos llamar a Bane? ¿A tu madre?
—Qué va, apuesto a que Bane llegará en cualquier momento si no está ya en nuestro sótano. Pero sí, probablemente deberíamos ver cómo está mamá en cuanto lleguemos abajo —dice Nova.
Me muerdo el labio inferior, deseando haberme traído el móvil. Debería haber sido lo primero que cogiera. Estaba tan concentrada en llegar hasta Hunter.
Ya sé que Bane no está esperando en el sótano. Es imposible que no viniera a buscarme primero. Se toma muy en serio su papel de caballero andante.
Seguimos a Silas al sótano, con la luz de las linternas de su móvil y del de Nova guiando nuestro camino.
Nova hunde la cara en mi pelo cuando pasamos por la sauna y siento su risa contenida.
El calor inunda mis mejillas y le doy un codazo en el estómago.
Él gruñe con buen humor, porque ambos sabemos que mi pequeño golpe no le ha dolido de verdad.
Una vez que estamos en la zona de la sala de recreo, Silas deja a Hunter en uno de los sofás y toca un par de las lámparas de pilas que hay por la habitación. Unos suaves charcos de luz amarilla iluminan la estancia.
Unos pasos retumban por las escaleras del sótano. Nova y yo nos giramos al unísono para ver a Bane trotando hacia nosotros, con una linterna en una mano y su móvil en la otra.
Mis labios esbozan una sonrisa al verle. Lleva una sudadera y pantalones cortos, porque, por supuesto, él no se dejaría pillar desprevenido como el resto de nosotros.
—¿Todo el mundo bien? —pregunta, pero solo me mira a mí.
Asiento. —Estamos bien.
Bane asiente, dirigiéndose directamente hacia mí.
Prácticamente ignora a Nova mientras desliza las manos a ambos lados de mi cara, hundiendo los dedos en mi pelo.
Me inclina hacia él al mismo tiempo que baja sus labios hacia los míos.
—¿Segura, cielo? —Su voz es baja, una caricia contra mi boca entreabierta.
Paso la lengua por mi labio inferior. —Segura. Me desperté cuando se fue la luz. —
Él asiente, presionando sus labios dulcemente contra los míos. Es demasiado breve, pero siempre me siento así. Nova suelta una risita por lo bajo, pero el sonido no es natural. Es una indiferencia forzada y carece de humor.
—¿En serio, tío? —dice Nova con desgana—. Está literalmente en mis brazos. —
Bane se retira, alternando su mirada entre Nova y yo. —Relájate, Nova. A ella no le importa, ¿a que no, cielo?
El calor recubre mi piel mientras nuestra conversación de antes vuelve a mi mente. Tuerzo los labios hacia un lado y observo al hombre que tengo delante.
—¿Intentas causar problemas durante un tornado, Lincoln? —bromeo.
—Basta —espeta Silas—. ¿Alguien sabe algo de mamá? —
Los tres nos giramos hacia el hombre taciturno en el centro de la sala. Está agitado, pasándose las manos por el pelo y mirando fijamente su móvil.
—Iré a buscarla y la traeré aquí —dice Nova, deslizando su brazo lentamente por mis hombros y depositando un beso en la coronilla—. Vuelvo enseguida, ¿de acuerdo? —
Asiento, girando la cara hacia él e imprimiendo un beso en su pecho. —Aquí estaré.
—Y nuestros generadores de reserva no han arrancado en el club —dice Silas con el ceño fruncido y los labios apretados en una línea firme.
Reconozco que no sé mucho sobre generadores, pero me parece que eso probablemente no sea algo bueno. Pensaba que esa era la razón por la que se tiene uno: para que arranque cuando se va la luz.
—Mierda —maldice Bane, intercambiando una mirada con Silas—. Iré a echar un vistazo. —
—Tened cuidado —les advierto a ambos.
Ambos me sonríen con suficiencia, con las comisuras de los labios curvándose exactamente de la misma manera. Resulta casi inquietante, la verdad.
—Volvemos enseguida —dice Nova mientras él y Bane caminan hacia atrás en dirección a las escaleras.
Asiento y me dirijo hacia Hunter, que está en el sofá. Cojo una manta de la cesta junto a la mesa auxiliar y lo envuelvo con ella. Me mira con sus ojos castaños muy abiertos por el miedo.
A veces es difícil recordar que solo tiene cinco años; pasa tanto tiempo rodeado de adultos que ha adquirido esos pequeños gestos y patrones de habla.
Pero luego me lanza una de esas miradas, y es como si todos esos instintos maternales que ni siquiera sabía que tenía se activaran. No, activarse no: me brotan de la piel.
Es por eso que cuando se inclina hacia mí, con la voz tensa y el ceño fruncido, mi corazón late de forma casi dolorosa.
—Eve, se me olvidó Flopsy —susurra Hunter. Sus ojos se agrandan; el miedo mantiene su carita tensa—. Está solo arriba y tiene mucho miedo. Lo sé. —
Asiento y me pongo en pie de inmediato. —No pasa nada. Iré a buscarlo.
—No —dice Silas, sobresaltándome. Estaba tan concentrada en Hunter que no me di cuenta de que estaba de pie a mi lado—. Yo iré a buscar a Flopsy. Tú quédate aquí con Evie, pequeño. —Silas se agacha frente a mí y besa la coronilla de Hunter, apretándole el hombro una vez.
El diminutivo sale de su boca con tanta naturalidad, como si llevara años llamándome Evie. Y mi traicionero corazón da un vuelco en mi pecho, haciéndome saber exactamente cómo me afecta ese pequeño apelativo cariñoso.