Obsesión (Rosewood 2) 33 Evangeline
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33 Evangeline

TREINTA Y TRES

EVANGELINE

Ni siquiera puedo apreciar su cumplido porque sus dedos describen círculos alrededor de mi pezón y es demasiado distractivo.

La tela de algodón es tan fina que es como si no existiera.

Me arqueo buscando su contacto, animándolo a seguir.

Me lee al instante; sus dedos juguetean conmigo y envían chispas de placer directo a mi centro.

Atrapa mi boca en un beso apasionado mientras sigue jugando con mis pezones, tirando de ellos y rodándolos entre sus dedos hasta que son picos endurecidos que ruegan más atención.

Su lengua encuentra la mía y volvemos a conocernos como si hubieran pasado meses desde la última vez que nos vimos y no horas.

Me pierdo en él, abrazando la forma en que me hace sentir deseada y al mando.

—¿Estás seguro de que no hay nadie en casa? —me obligo a preguntar una vez más, aunque fui yo quien le dijo que teníamos la casa vacía. Y debería seguir vacía durante varias horas más.

Él se pone de pie, llevándome consigo. —Subamos a mi habitación. Donde no haya una puerta de cristal.

Meneo las caderas en una petición silenciosa para que me baje. Excepto que el tiro me sale por la culata de forma dramática cuando lo único que consigo es frotar mi coño contra su polla dura a través de nuestras finas capas de ropa.

Gemimos al unísono.

—Joder —gruñe Nova. Su agarre en mi cintura baja para sujetar mis caderas. Aprieta el agarre, inclinándome y arrastrándome a lo largo de su polla.

—Dios... —La súplica sale en un susurro callado cuando mis ojos se cierran de golpe ante la sensación eufórica.

Él empuja sus caderas hacia arriba para encontrarse conmigo al mismo tiempo que yo me balanceo contra él.

Aprieto mis muslos a su alrededor, intentando desesperadamente mantenerlo en su sitio.

Él emite ese ruido grave de aprobación en el fondo de su garganta, y sus manos bajan para acariciar mi culo.

—Vamos, nena, vayamos antes de que olvide todas las razones por las que sería malo follarte en la sauna —raspea contra mi cuello.

Da un paso adelante y me vuelve a poner de pie. Sus manos se demoran en mi culo, rodeando la curva y deslizando las yemas de sus dedos bajo el dobladillo de mis pantalones cortos. Arrastra su caricia por la protuberancia de mi nalga hacia mi coño, gruñendo al sentir mi excitación.

Es lo que rompe el pequeño hilo de mi autocontrol. No quiero esperar hasta que estemos arriba en su habitación... o en la mía. Y sí, quizá disfrute de la idea de que Silas vea destellos de lo que estoy a punto de hacer en las grabaciones de la cámara si las revisa.

—Qué más da —murmuro.

Y entonces me hundo de rodillas.

Él parece casi borracho de lujuria, con los ojos entrecerrados y balanceándose hacia mí. Sostengo su mirada mientras enrollo mis dedos en la cinturilla de sus pantalones cortos. Me tomo mi tiempo, bajándolos poco a poco mientras deslizo mis manos por sus tonificados muslos.

—Quiero que te diviertas, nena, de verdad. Pero tienes que saber que me estás torturando —dice con un gruñido.

Su polla queda libre de un salto y sus pantalones caen al suelo. No puedo evitar que se me escape un jadeo. Sentirla y verla de cerca así, en persona, son dos cosas muy diferentes. Un destello de preocupación cruza mi conciencia, porque ¿cómo demonios voy a meter todo eso en mi boca?

Sujeto su polla por la base, deslizando lentamente mi mano de arriba abajo por su impresionante longitud.

Su pecho sube y baja más rápido, y se inclina hacia delante cuando paso la yema del pulgar por el glande.

Me inclino, pasando ligeramente la lengua por la parte inferior de su polla antes de meter la punta en mi boca.

—Joder, nena —gruñe él, con las caderas moviéndose casi por reflejo.

No esperaba el subidón de poder que sentiría. Aunque sea yo la que está de rodillas, tengo todo el poder ahora mismo. Soy yo la que le hace sentir así.

Es una comprensión embriagadora.

Muevo los muslos, rozando mi clítoris. No es suficiente, pero lo hago de nuevo.

Deslizo la lengua por su longitud una vez más antes de meterlo por completo en mi boca.

Remuevo mi lengua a su alrededor, succionando y mordisqueando suavemente.

Él gime y, lo juro por Dios, puedo sentirlo.

Su mano encuentra mi pelo, recogiéndolo sin apretar en un puño en la parte superior de mi cabeza.

Lo meto tan profundo como puedo, usando mi mano para cubrir lo que no me cabe. Pero soy de todo menos rendida, y estoy lo bastante excitada como para pensar que realmente puedo con todo él. Subo y bajo, aumentando la presión con cada pasada. Pero aun así, no puedo meterlo más al fondo.

—Chist, relájate, cielo —murmura, y su mano libre recorre mi mandíbula—. Lo estás haciendo muy bien.

Respiro por la nariz e intento relajarme, moviendo los muslos de nuevo. El pequeño estallido de placer contra mi clítoris envía una descarga de calor por mi cuerpo. Y me da una idea.

Abro más las rodillas para equilibrarme y llevo mi mano libre desde su muslo directo a mi coño. No me ando con rodeos, deslizando dos dedos profundamente en mi interior y gimiendo alrededor de la polla de Nova.

—Maldita sea, Evangeline. ¿Te estás tocando? ¿Estás jugando con mi coñito? —Su voz es grave, con un tono autoritario al que no estoy acostumbrada. Pero eso solo aumenta mi excitación.

Asiento y lo miro.

—Buena chica. Tenemos audiencia, cielo. Enséñale a mi hermano lo bien que puedes con mi polla —murmura.

Lo siento entonces. El segundo par de ojos sobre mí, recorriendo mi piel con posesión. No es lo que esperaba sentir. Pensé que me sentiría avergonzada o vulnerable. Pero no siento ninguna de esas cosas.

Me siento envalentonada, poderosa. Y tan jodidamente excitada que creo que voy a correrme pronto.

Arrastro mis dedos desde mi coño hasta mi clítoris, rodeándolo una y otra vez.

Al mismo tiempo, relajo la garganta y meto a Nova tan profundo como puedo.

Sus dedos se aprietan en mi pelo y sus caderas empujan.

Es solo una vez, y no fue con fuerza, pero ese momento de desamparo me provocó una oleada de excitación.

Me pierdo en el proceso, permitiéndome cederle algo de control y dejando que él marque el ritmo mientras jugueteo con mi clítoris. Sus palabras susurradas me bañan en oleadas, y cada una aumenta mi placer más y más.

—Eso es... justo así.

—Estás tan hermosa con mi polla en la boca.

—Me estás recibiendo muy bien, cielo.

—¿Te gusta que él mire cómo te metes mi polla, nena?

Estoy cerca, aproximándome a esa euforia cuando veo un movimiento por el rabillo del ojo. Espero que golpee el cristal con el puño o que grite o algo así. Pero no hace nada más que hacerme saber que está ahí. De alguna manera, eso es suficiente para empujarme al abismo.

Mis piernas se tensan y mis dedos de los pies se curvan mientras los primeros momentos de éxtasis recorren mi cuerpo.

—Ah, joder. Tu boca es demasiado buena, cielo.

No puedo aguantar más. —El agarre de Nova en mi pelo me mantiene quieta mientras se corre en mi garganta.

Se retira lentamente, deslizando el pulgar por mi labio inferior y sosteniéndome la mirada mientras susurra—: Eres absolutamente perfecta, Evangeline.

Me regodeo con su elogio, ladeando la cabeza en el momento justo para captar el destello de piel bronceada fuera de la sauna mientras se aleja. Reconozco esos tatuajes al instante.

Ese no era Silas.

Era Bane.