Obsesión (Rosewood 2) 17 Evangeline
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17 Evangeline

DIECISIETE

EVANGELINE

El sol me castiga la espalda mientras camino por Main Street hacia la cafetería. Necesitaba salir de casa un rato, y un chai latte helado me parece el capricho perfecto para reponerme.

El aire acondicionado me envuelve en una ola de felicidad cuando entro en el pintoresco local.

Tiene una fachada encantadora, con grandes ventanales que dejan que la luz natural inunde el espacio.

Las paredes están pintadas de un amarillo suave y brillante con una estética decorativa playera.

De las paredes cuelgan obras de arte locales enmarcadas, con pequeñas placas debajo que indican la información del artista y el precio de venta.

La pared del fondo tiene estantes abiertos que exhiben tazas de café, surtido de granos de café y merchandising de la tienda. Un murmullo de voces bajas se mezcla con la suave música indie que suena por los altavoces. Y el olor a granos recién tostados impregna el aire.

Espero en la cola y pido un chai helado grande, mirando el cartel detrás del mostrador con todos los especiales de latte que tienen este mes.

El barista es bastante amable cuando toma mi pedido, pero no lo llamaría simpático. Saco un billete de diez dólares de mi bolsillo trasero y se lo entrego al chico de la caja registradora. En su placa pone Trevor, Barista del Mes, y pregúntame cuál es mi bebida favorita.

Hago un gesto con la cabeza hacia su placa. —¿Cuál es tu bebida favorita?

—Un special k —responde sin mirarme realmente, demasiado ocupado sacando mi cambio.

—Ah. No conozco esa. ¿Qué lleva? —Ni siquiera sé por qué pregunto, aparte de por pura cortesía, supongo. Siempre me gusta más la idea de probar bebidas nuevas de lo que en realidad me acaban gustando.

—Un chorro de moca blanco, un chorro de moca normal, un chorro de menta. Servido en taza pequeña, con hielo y leche desnatada —dice Trevor con un tono de voz como si ya lo hubiera recitado veinte veces hoy, y me entrega el cambio.

—Vaya, suena curioso.

—¿Nombre? —pregunta, con la atención centrada en sacar un vaso para bebidas frías de debajo del mostrador y coger un rotulador de su delantal.

—Evangeline. E-v-a-n-g⁠—

—Espera. ¿Como Evangeline Carter? —me interrumpe, clavándome una mirada con los ojos muy abiertos.

Me recojo el pelo tras la oreja y me inclino un poco hacia delante. —Eh, sí.

—Oh, joder —masculla—. Joder, joder, joder. Me va a matar. Joder —habla entre dientes, en susurros apresurados cargados de ansiedad.

Me empieza a sudar un poco la nuca y bajo la voz. —¿Hay algún problema?

Él levanta la cabeza de golpe para mirarme, como si hubiera olvidado que yo estaba allí. La sonrisa más falsa que he visto en mi vida se extiende por su rostro, pero las comisuras están tensas por la preocupación. —¿Problema? Ningún problema. Solo, joder... espera.

Pulsa unos botones en la caja registradora y el cajón se abre un segundo después. Saca un billete de diez y me lo entrega. —Por favor, no se lo digas.

Frunzo el ceño mientras mi mano se cierra alrededor del billete. —¿Decirle a quién?

Él da un paso apresurado hacia atrás, con la mano extendida. —Nada, a nadie —dice, atropellándose con las palabras—. Vuelvo enseguida con tu bebida.

—Espera —digo, negando con la cabeza—. No he pagado.

Da dos pasos a la izquierda, situándose frente a la gran máquina de café espresso. —Sí, yo, eh, olvidé que la persona que estaba delante de ti quería invitarte. Una de esas cosas de «cadena de favores», ¿sabes? —Fuerza una risa, baja la cabeza y se pone a faenar.

—Vale... —Alargo la palabra lentamente, dejando que mi confusión se note en el sonido.

Miro por encima del hombro, arqueando las cejas hacia la mujer que está detrás de mí. Ella no reacciona, con la mirada pegada al móvil. Me doy la vuelta para mirar de nuevo al barista, pero parece decidido a ignorarme.

Me desplazo hasta el final del mostrador con una extraña sensación de inquietud asentándose en mi estómago. No sé a qué ha venido todo eso, pero resulta raro.

Niego con la cabeza y apoyo el hombro contra la pared. Meto una mano en el bolsillo trasero de mis pantalones cortos vaqueros, cruzando un tobillo sobre el otro. Mi móvil vibra dentro del otro bolsillo trasero y lo saco.

Mis preocupaciones se desvanecen cuando veo un mensaje de Nova en la pantalla de inicio. Desbloqueo el teléfono, con una sonrisa creciente al leer lo que ha escrito.

Nova: ¿Qué llevas puesto?

La diversión y la adrenalina se encienden, una tras otra, mientras mi cuerpo recuerda lo que ocurre cuando Nova envía mensajes de flirteo. Qué demonios, jugué entonces y jugaré ahora. Tengo la sutil sospecha de que siempre entraré al trapo cuando se trate de Nova.

Yo: Ropa

Su respuesta es instantánea, como si estuviera mirando el móvil esperando a que respondiera.

Nova: Quítatela

Se me escapa una carcajada que sobresalta a la mujer que tengo al lado. Levanta la vista de su móvil para lanzarme una mirada fulminante.

Yo: ¿No habíamos jugado ya a este juego?

Nova: ¿A que fue divertido?

Me muerdo el labio inferior, deleitándome con la sensación de diez pares de alas de mariposa haciéndome cosquillas en el interior del estómago.

Yo: La película fue divertida

Nova: Tú solo dilo, encanto, y allí estaré.

Yo: Dicho

Mis dedos vuelan sobre la pantalla antes incluso de que lo piense realmente.

Me parece un poco tonto admitirlo, pero tiene una forma de hacerme sentir segura y consciente de mi cuerpo de una manera sexual que nunca antes había experimentado.

No conozco a nadie que no tenga inseguridades, pero cuando estoy con él —y con Bane también—, todo parece desvanecerse.

Me hace sentir temeraria e insensata incluso pensar estas cosas. Pero eso no hace que los sentimientos sean menos reales.

Nova: Desnúdate, encanto

Nova: Y luego hazme una videollamada

Me imagino su sonrisa burlona y su hoyuelo exasperantemente encantador guiñándome un ojo, y niego con la cabeza para reprimir mi sonrisa.

Yo: No puedo. Tengo compañía

El móvil me vibra en la mano con una videollamada entrante de Nova. Le doy a rechazar justo cuando el barista grita mi nombre.

Nova: No me provoques, nena. Sé que no está Charlie

Cojo mi bebida y murmuro un agradecimiento, pero el barista ya está atendiendo a la siguiente persona de la cola. Colocándome las gafas de sol sobre los ojos, salgo de la cafetería con una mano sosteniendo mi bebida y la otra escribiendo a mi novio.

Yo: Ese es tu primer error, cariño. Charlie siempre será el número uno

Nova: Charlie es hombre muerto, encanto. Ve despidiéndote

Me río tontamente, bebiendo distraídamente de la pajita, escribiendo con una sola mano y caminando por Main Street sin prestar mucha atención.

Yo: ¿Cómo voy a formar mi colección de hombres si no dejas de amenazarlos?

Nova: No habrá ninguna colección

Yo: Pues un surtido

Nova: Un surtido de hombres muertos. Suena bien

Yo: ¿Y qué pasa con Bane?

No responde de inmediato, y me muerdo el labio inferior preocupada.

Mi corazón late con fuerza dentro de mi pecho, un golpe lastimero.

Siento los ojos secos porque me niego a parpadear, manteniendo la mirada fija en el móvil.

Alguien me da un empujón con el hombro, sacudiendo todo mi cuerpo hacia la derecha.

Tropiezo unos pasos al engancharme con una grieta levantada en la acera.

Aprieto accidentalmente mi vaso de café y el chai se derrama por la parte superior. Por suerte, mantengo el móvil sujeto.

Espero que la persona pida disculpas, pero en su lugar, lo único que veo es su espalda alejándose, cubierta por una chaqueta de cuero negra con una especie de parca en la espalda. Sin embargo, no se parece a la de Nova ni a la de Bane. La forma es totalmente distinta y no hay guadaña.

Me quedo mirando con incredulidad, mirando a mi alrededor para ver si alguien más se ha dado cuenta, pero las únicas personas que hay en la acera están absortas en sus propias conversaciones.

Suspiro y reanudo el camino de vuelta a mi coche, abriendo el hilo de mensajes con Nova para ver si ha respondido.

Nova: Lo permitiré con una condición

Yo: No necesito tu permiso, ¿sabes?

Nova: Shhh, nena, déjame fingir un poco más

Pongo los ojos en blanco con una especie de burlona carcajada, ansiosa y nerviosa por ver cómo acaba esto.

Yo: De acuerdo, ¿cuál es tu condición?

Nova: La próxima vez que te vea, te sentarás en mi cara hasta que me haya saciado

Nova: ¿Y nena? Estoy hambriento

Una cascada de deseo me recorre lentamente, cayendo por mi cuerpo hasta que juraría que tengo la piel de los tobillos erizada.

Yo: Eso parece que es más para mi beneficio

Nova: Créeme, nena. Si fuera por mí, te comería el coño mañana, tarde y noche

Yo: Jesús, Nova. Estoy en público

Nova: ¿Así que no quieres que te cuente cómo te pones del tono más bonito de rosa cuando te corres?

Nova: ¿O cómo haces los ruidos más dulces cuando cabalgas sobre mi cara?

Nova: ¿Quizás quieras oír cómo me la he pelado en la ducha esta mañana mientras pensaba en la forma en que tu coño se apretaba a mi alrededor?

Oh. Oh. Joder.

Yo: No estás jugando limpio

Nova: ¿Mi chica está excitada?

Yo: Sí

Yo: Pero no te preocupes. Puedo encargarme yo solita

Nova: De eso nada, nena, ese es mi trabajo

Mi respiración se acelera a medida que aumenta mi excitación. ¿Quién iba a decir que unos cuantos mensajes subidos de tono bastarían para ponerme así?

Yo: ¿Vas a venir o qué?

Nova: Ojalá pudiera, encanto. Estoy en medio de un trabajo. Pero en cuanto termine, iré a por ti

La decepción agria mi excitación y las comisuras de mis labios caen. ¿Todo ese flirteo para dejarme con las ganas? Supongo que tendré que encontrar la manera de devolverle el favor.

Yo: Promesas, promesas

Nova: No sufras, nena, siempre cumplo mi palabra

Mis labios se curvan en una sonrisa pícara, con la emoción chispeando en mis venas mientras llego a mi coche. La buena sensación me acompaña durante todo el camino a casa, tanto que casi me he convencido de que puedo clavar ese solo de Hamilton en el que llevo trabajando semanas.