13 Evangeline
TRECE
EVANGELINE
Siento cómo se me escapa el aire de los pulmones al mirarle. No es que fuera un gran secreto, pero esperaba tener tiempo para asimilarlo todo por mi cuenta primero.
Mierda—Nova.
Mi mirada vuela hacia él y noto cómo me tenso, preparándome para la reacción que vaya a tener.
Las cejas de Nova se fruncen y se recuesta en la silla. Cuesta saber en qué está pensando, pero estoy segura de que se ha desviado bruscamente de su carácter normalmente alegre.
—Así que lo vamos a poner todo sobre la mesa ya, ¿no, Bane? —pregunta Silas.
Le concedo una sola mirada. Es difícil de decir, pero no parece tan sorprendido. Mis ojos regresan a Nova como si hubiera algún tipo de fuerza de gravedad.
—¿Ocho años? Explícate —mira a Bane, la mandíbula tensa como si apretara las muelas.
Bajo la vista hacia la mesa y niego con la cabeza. No creo que quiera quedarme aquí escuchando a Bane contarles que nos liamos. Que le entregué mi virginidad a un casi desconocido en la playa una noche.
No sé qué sería peor: que Bane lo despachara como si no hubiera sido nada o que lo convirtiera en un acontecimiento. Lo primero probablemente me haría querer enterrarme en un litro de mi helado favorito—y odio ser un cliché.
Pero lo segundo podría hacerle daño a Nova y romper la frágil tregua entre Silas y yo.
—Evangeline y yo nos conocimos hace ocho años —dice Bane.
—¿Así, sin más? —pregunta Nova.
Bane hace girar la taza de café sobre la mesa, sin apartar la vista de su primo—. Si quieres todos los detalles, te vas a decepcionar. Fue hace mucho tiempo.
Le miro en cuanto la mentira se desliza de su lengua. No hay manera de que un hombre que recuerda cómo tomo el café después de que se lo dijera solo una vez pueda afirmar que no recuerda nada.
—Así que, hace ocho años y ahora. ¿Nada entre medias? —pregunta Nova, entornando los ojos.
Alargo la mano y la poso sobre su muñeca para llamar su atención. Bajo la voz y digo—: Conocí a Bane en una hoguera en la playa el verano antes de irme a la universidad. Fue una noche.
Nova abre la boca, como si fuera a decir algo, pero la cierra enseguida sin pronunciar palabra. Su expresión sigue siendo inescrutable, pero el tic que le palpita en la mandíbula le delata.
—Anoche mismo admitió por fin que era él y, con todo lo que ha pasado y el hospital, no he tenido tiempo de contártelo. Pero pensaba hacerlo. No lo estaba ocultando ni nada, ¿vale? —recorro su cara con la mirada, buscando esos pequeños indicios de que sigue de mi lado.
Su mirada se suaviza y me dedica un leve asentimiento. La tensión del pecho se afloja al instante. No desaparece, pero no me daba cuenta de lo nerviosa que estaba por su reacción hasta ahora.
Y supongo que eso responde a cualquier pregunta que pudiera tener sobre lo que siento por los St. James. Bueno, a algunas. Evito la mirada de Silas con esmero, aunque noto cómo me quema la piel de la cara.
Pero sea lo que sea esto que está pasando aquí, entre ellos y yo, es algo que merece la pena explorar. Merece la pena cuidarlo y protegerlo. No puedo negar el tirón que siento hacia todos—aunque uno de esos hilos sea bastante superficial.
—Vaya telaraña has tejido, mariposa —murmura Silas.
Bane le lanza una mirada cortante, la confusión frunciendo su boca en una mueca.
Nova gira el brazo, deshaciendo mi contacto para poder entrelazar sus dedos con los míos. Es una declaración de aceptación, y yo estoy más que dispuesta a hacerla.
Decidida a volver al asunto que nos ocupa, miro a Bane. Observo cómo sus ojos pasan de mi cara a mi mano atrapada entre los dedos de Nova y regresan a mi rostro.
Suelto un suspiro interno. Vale, este pequeño triángulo va a ser más difícil de gestionar de lo que pensaba.
Aunque, para ser justa conmigo misma, tampoco le he dedicado demasiado tiempo a planearlo ni a pensarlo.
Estaba cultivando mi lado más espontáneo y despreocupado, lo que significa que solo quería divertirme.
Y sigo queriendo. Pero a este paso voy a pillarles putos sentimientos a estos hombres como no tengan cuidado.
—Lo siento, pero una noche no pesa lo mismo que toda una vida cuando se trata de confianza —procuro transmitir mi arrepentimiento, pero me mantengo firme.
Las cejas de Bane se elevan hacia la línea del pelo y asiente un par de veces—. Si Nova te pidiera que te fiaras de él, ¿lo harías?
Me echo un poco hacia atrás, los labios entreabiertos por la sorpresa.
Retiro la mano de la de Nova y me recuesto en la silla, dejando las manos en el regazo—.
¿Qué? No. Esto no va de él ni de ti ni siquiera de Silas.
Pero me estáis pidiendo algo muy grande.
Ni siquiera sé qué se han llevado. ¿Y si son reliquias familiares de valor incalculable?
¿Qué se supone que debo decirle a mi familia?
—Diles la verdad —dice Silas.
—Que os han robado y que nos estamos encargando. Tu familia lleva generaciones en Rosewood. Lo entenderán —dice Bane.
—¿Y si no? —insisto.
—Pues sé persuasiva —reza Silas con desgana—. Creo que eso lo sabes hacer bastante bien, ¿eh?
—¿Y eso qué se supone que significa? —salta Nova, lanzándole una mirada oscura a Silas.
Silas se limita a encogerse de hombros y apartar la vista—. ¿Hemos terminado ya? Tengo que abrir el taller.
Aprovecho la ocasión y echo la silla hacia atrás, el ruido resultando estridente en la silenciosa cocina. Es ese tipo de ausencia de sonido que se siente después de una tormenta.
—Me voy yendo. Parece que vosotros tenéis que hablar de una cosa de familia. O de club. O... no sé. Pero yo me voy —me tropiezo un poco con las palabras, pero intento ser indulgente conmigo misma.
Bane se pone en pie al mismo tiempo que Nova.
—Te llevo yo —se ofrece Nova, dando un paso hacia mí.
—Ah —me giro hacia él, con una pequeña sonrisa—. Tengo el coche aquí, Bane me trajo anoche. Además, tengo que quedar con Cora dentro de nada. Pero gracias.
No dudo al posar la mano en su antebrazo e inclinarme para rozar con los labios su mejilla.
No tengo muy claro cuál es el protocolo aquí, así que voy con lo que me sale natural.
Nova gira la cabeza hacia mí y me atrapa en la comisura de la boca.
Sonrío contra el beso accidental, quedándome unos segundos antes de separarme.
Bane levanta la silla y la coloca bien pegada a la mesa—. Te acompaño hasta fuera.
Inclino la cabeza en señal de reconocimiento y me aparto de Nova. Cojo el café con leche, el bolso y la bolsa de deporte y me dirijo hacia la puerta que da a la cocina.
Me detengo junto a Silas y le miro de reojo—. ¿Hasta mañana?
—A las ocho —responde, haciendo ese gesto de inclinar la barbilla que hacen los hombres.
Suelto un suspiro silencioso de alivio. Casi esperaba que me mandara a la mierda y me dijera que buscara otro trabajo. Sinceramente, creo que probablemente siempre esperaré que me diga eso, así que más me vale acostumbrarme.
Bane me sigue fuera, en silencio hasta que llegamos a mi coche. Desbloqueo las puertas y tiro mis cosas dentro, quedándome con el café con leche en una mano.
—Gracias otra vez por dejarme quedarme aquí. Y por el café. Te lo agradezco.
Asiente un par de veces—. Siento haberles contado lo nuestro sin avisarte.
—No era un secreto. No me avergüenzo de ti ni de lo que hicimos —aunque lo digo, noto cómo se me calientan las mejillas. No puedo evitarlo. Hay una parte de mí a la que sí le da un poco de corte que mi jefe conozca mi historial sexual. Con su primo. Y con su hermano.
—Bien —dice, suavizando la voz—. Pero aun así, debería haberlo hablado contigo antes.
—Ya... aunque no pasa nada. Esto es nuevo para mí, ¿sabes? Y no sé, no quiero hacerle daño a nadie.
—Somos hombres adultos, baby girl. Podemos lidiar con un poco de competencia.
Me muerdo el interior de la mejilla, notando cómo se me fruncen las cejas un poco—. No quiero que nadie compita, ¿te acuerdas?
La comisura de su boca se curva en una media sonrisa—. Lo sé, pero aun así competiremos.
—No voy a elegir, Lincoln —bajo la voz, la preocupación apoderándose de mi pecho.
Él solo asiente, con la media sonrisa todavía ahí—. No te estoy pidiendo que lo hagas.
Suspiro, sintiéndome de repente un poco abrumada. Solo quiero ir a casa y olvidarme de todo un rato.
—Debería irme —digo en un hilo de voz.
Da un paso hacia mí, alzando la mano para sujetarme la mejilla. Desliza el pulgar sobre la piel dolorida del pómulo con un gesto tan tierno que me duele el corazón.
—Llámame si necesitas algo, ¿vale?
Asiento, incapaz de hablar con los ojos atrapados en los suyos.
Se inclina y apoya los labios en mi frente, murmurando—: Te veré pronto, baby girl.