Obsesión (Rosewood 2) 4 Nova
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CUATRO

NOVA

Me llevo la botella a los labios y trago un buche de whisky.

Agradezco el ardor mientras me baja por la garganta; el dolor familiar es un respiro para este torbellino que bulle en mi interior.

Es más fácil centrarse en el dolor fugaz del whisky que en la herida devastadora que mi madre me ha infligido esta noche.

O quizá me la he provocado yo mismo. Fui yo quien la buscó, quien le exigió que respondiera a mis preguntas.

No creo que olvide nunca la expresión de tortura de su rostro cuando se derrumbó.

No sé si quiero olvidarla. No había forma de ocultar su dolor.

Su súplica casi desesperada para que comprendiera que siempre me ha querido.

Dejo que sus palabras de despedida me envuelvan.

—Lo único que no dejaba de pensar era que esto era mi milagro. Tú eras mi milagro, Asher, y le he dado las gracias a Dios cada día por ti. Desde el primer momento en que te pusieron en mis brazos. Eres mi hijo, y ningún análisis de sangre cambiará eso para mí.

Doy otro trago a la botella y el ardor se disipa demasiado pronto. No pasará mucho tiempo antes de que deje de arder por completo. Quizá entonces consiga alcanzar el esquivo entumecimiento que persigo desesperadamente. Para darle un respiro a mi mente inquieta.

He dado tantas vueltas —demasiadas— en las últimas horas que he perdido el sentido de la orientación.

Observo los relámpagos bailar por el cielo mientras las nubes se abren sobre la tierra desde mi percha en lo alto de una mesa de picnic en un pabellón de un área de descanso.

Estoy justo en el límite de Rosewood, a cien pies de los límites de la ciudad, donde nuestro pueblo colinda con Crestview.

Se siente un poco temerario en cierto modo, como si estuviera coqueteando con la idea de buscar problemas, pero esta noche no tengo fuerzas para la cautela.

Se avecina algo gordo en Rosewood, y todavía no tenemos ni idea de quién estuvo detrás del intento de atraco en casa de Evangeline.

Se me encoge un poco el pecho con solo pensar en ella.

Es uno de los pocos puntos de luz genuinos en mi vida, y odio el hecho de no poder estar con ella ahora mismo.

Exhalo una súplica silenciosa para aliviar la opresión y me recuerdo que está con Bane y Silas.

Y que ellos cuidarán de ella hasta que yo pueda volver.

Aun así, probablemente debería ver cómo está. O dejarme ver. Antes de perderme en el fondo de una botella por el resto de la noche. Saco el móvil del bolsillo y envío un mensaje de texto en nuestro chat de grupo.

Yo: ¿Cómo está ella?

Silas: ¿Quién?

Una punzada de pánico ciego atraviesa mi neblina entibiada por el alcohol. ¿Ya se lo ha dicho mamá a Silas? No sé por qué, pero quería ser yo quien le dijera a mi hermano que somos medio hermanos. Y no tenía planeado decírselo —ni a él ni a nadie más— pronto.

Yo: Evangeline

El sudor me brota en la nuca mientras veo sus puntos rebotar en la parte inferior de la pantalla. —Vamos, viejo, no escribas solo con los índices —le presiono como si pudiera oírme. Es el momento, una oportunidad perfecta para que me diga que ha hablado con mamá.

Silas: Está con Bane en el hospital

Yo: ¿Todavía?

Frunzo el ceño al mismo tiempo que se me relajan los hombros. Llevan allí horas. Según mi experiencia, eso no suele ser una buena señal.

Silas: ¿Cómo le va a la señora de la limpieza?

Nuestro apodo, no del todo original, para el equipo de limpieza que se encarga de la mierda desagradable que los Reapers necesitan limpiar. A decir verdad, no los hemos necesitado mucho en los últimos años. No desde que negociamos la paz.

Yo: Genial. Habrá terminado para ahora, y me dará su informe completo sobre cualquier área que necesite atención adicional antes de la próxima vez.

Me llevo la botella a la boca y doy otro trago distraídamente, con la atención puesta en el móvil. La paciencia nunca ha sido mi fuerte. Le doy otros treinta segundos antes de enviar otro mensaje.

Yo: @Bane ¿dónde estás?

Bane: En casa

Exhalo, irracionalmente irritado con su respuesta de una sola palabra.

Yo: ¿Dónde está Evangeline?

Bane: En mi cama

Silas: Más vale que estés bromeando.

Bane: No he dicho que esté en la cama con ella

Silas: Lo has insinuado.

Bane: No me metas en esto. Tú eres el que está pensando en nuestra chica enredada en mis sábanas

Silas: En absoluto. Solo porque no quisiera ver sufrir a la niñera de Hunter no significa una mierda. Deja de buscarle tres pies al gato.

Silas: Ayúdame, @Nova

Yo: Mantenedla a salvo hasta que vuelva

Silas: ¿Dónde estás?

Yo: Volveré mañana

No espero a sus respuestas, simplemente apago el móvil y me lo guardo en el bolsillo. Ya está. He preguntado por mi chica y les he dicho dónde estoy. Más o menos. Ahora no hay nada que me distraiga de las emociones que crecen como la marea.

Estoy a punto de salir a la lluvia solo para ver qué pasaría, pero aún no he llegado a ese punto. No quiero ser capaz de sentir el peso aplastante del secreto desgarrándome la caja torácica.

Dixie St. James no es mi madre biológica.

—Joder —digo con un suspiro, inclinando la botella para dar otro trago—. En serio, que me jodan.

Se me escapa una especie de risa baja e incrédula, pero son solo sonidos ásperos. Yo... ni siquiera sé a dónde se supone que debo ir a partir de aquí. O qué se supone que debo hacer.

O cómo cojones se supone que debo sentirme.

Siento que mi familia ni siquiera es mi puta familia.

No estoy tan borracho como para no reconocer que ese sentimiento se basa en emociones y no en hechos.

Porque lo cierto es que la única persona que no está emparentada conmigo es mamá.

Es una puta ironía que un hombre que predicó sobre la hermandad y la lealtad toda mi maldita vida sea un puto hipócrita.

La ira me recorre, rápida y salvaje, y me impulso para ponerme de pie sobre la mesa.

Extiendo los brazos de par en par, echo la cabeza hacia atrás y doy rienda suelta a mis emociones.

Que el viento se lleve mi impotencia, que la lluvia ahogue mi rabia y que los rayos me recarguen para volver a ser quien era.

La traición me impregna la garganta y la ira se apresura a prenderle fuego a todo. Grito mi injusticia al espacio abierto que me rodea, suplicándole al universo respuestas que no puede darme.

No pierdo el tiempo con preguntas estúpidas.

No me importa por qué tuvo una aventura.

Quiero saber por qué mamá no me lo dijo nunca hasta que la confronté.

Hay muchas incertidumbres agolpándose en mi cabeza, pero sé una cosa con certeza: no mentía cuando dijo que siempre me consideró suyo.

Está en la forma en que me ha querido toda mi maldita vida.

Y eso —eso casi lo hace peor de alguna manera.

Esa mujer nunca me ha mirado ni una sola vez con resentimiento o mala voluntad.

Nunca, ni siquiera cuando era un puto adolescente rebelde y le di un anticipo de canas, como ella decía.

Me he sentido querido por ella toda mi vida, y de alguna manera —de alguna puta manera— eso hace que sea más difícil de soportar.

Me siento como un extraño en mi propia vida.

—Dios, ¿cómo de patético suena eso? —murmuro para mis adentros mientras me agacho y engancho la botella de whisky con el dedo índice—. Qué estupidez.

Es un tipo especial de tortura reconocer que estoy cayendo en picado y, sin embargo, no ser capaz de contenerme.

No es que no pueda, sino que es más bien que no tengo energía para hacerlo.

Quizá esto sea exactamente lo que necesito.

Una noche para permitirme sentirme tan desquiciado como necesite.

Gritar a la noche y bramar contra la injusticia de todo.

Las dos personas que merecen mis preguntas y mi ira ya ni siquiera están aquí para recibirlas.

Hay gente que cree que somos liberados de nuevo al éter cuando fallecemos, y no sé si comulgo con esa lógica.

Me gusta más la idea de estar unido a tu familia a lo largo de tu existencia.

Quizá eso signifique el cielo o quizá signifique la reencarnación.

Pero de cualquier manera, no me imagino a papá flotando en el calor del sol y el rocío de la hierba como algún tipo de existencia pacífica.

Nunca he sentido su presencia como algunas personas cuentan, pero por esta noche, desearía haberlo hecho.

Entonces tendría algo tangible a lo que dirigir mi ira.

En cambio, se infla a mi alrededor, creciendo más y más y más. Y cuando el sol corone el horizonte en unas horas, va a estallar.

Y me quedaré aquí, solo, intentando vadear mi montaña de mierda para poder seguir con mi vida.

Pero esta noche, esta noche voy a rendirme. Voy a darme permiso para caer en una espiral de ira y traición y hundirme en esos escenarios de «qué pasaría si». Me permitiré reflexionar sobre la dinámica familiar mientras crecía e intentaré verla armado con este conocimiento.