Obsesión desquiciada (Serie Desquiciada nº 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

Atlas

Se notaba que la chica estaba aterrorizada. La levanté en brazos y la llevé a mi dormitorio. Al mirarla, sonreí. Mi voz era baja y agradable.

—Todas las cerraduras son electrónicas. No puedes salir sin abrirlas con el mando a distancia, y lo tengo yo en el bolsillo, así que ni se te ocurra intentar escapar.

La recosté sobre mi colchón. No se resistió, pero sus ojos seguían todos mis movimientos. Tiene la cara, el cuello y los brazos sucios de correr por el bosque. Mantuvo las piernas bien cerradas para que no pudiera verle el coño, aunque de todos modos apenas lo cubría su diminuta tanga.

Lo que ella no sabía es que la había visto masturbarse muchas veces.

Tuve que hacerme una paja imaginando que era mi polla la que le penetraba el coño.

Miro sus pies y sacudo la cabeza. Son un puto desastre.

Fue muy mala al huir de mí. ¿De qué le sirvió?

Ahora tiene cortes abiertos por toda la planta de los pies.

Necesita disciplina y que la domen. No haré nada esta noche.

Es demasiado pronto. Tiene que bañarse y necesito vendarle las heridas.

Sé que está preocupada por su castigo, y debería estarlo, pero no seré demasiado duro con ella.

La disciplina que aplico a mis objetivos es despiadada y violenta, por no decir algo peor.

Por supuesto, nunca usaría tácticas tan duras con ella, y desde luego no tengo ningún deseo de mutilar mi propiedad.

Quiero jugar con ella durante mucho tiempo, así que necesito mantenerla en óptimas condiciones.

Por fin es mía. La chica se acostumbrará a todo lo que le eche encima.

La tendré comiendo de la palma de mi mano en tres o cuatro semanas, como mucho.

No soy un hombre tradicional ni un blandengue.

Puedo romper un cuello sin remordimientos, pero también sé mostrar ternura a la chica después de hacerla pasar por el infierno.

Con lo apretada que tengo la agenda, no he podido pagar por echar un polvo en los últimos dos meses. Seré compasivo con mi mascota cuando la azote. Nunca muestro piedad con las putas que uso.

Les pagan mucho dinero para dejarme jugar duro cuando me apetece.

No puede ser tan malo, porque siempre recurro a las mismas chicas cada vez que vuelvo a Rhode Island.

Normalmente las hago sangrar. Cuando por fin tenga a mi mascota bajo control, tendré que contenerme cuando empiece su entrenamiento, para no pasarme.

No quiero presionarla demasiado y hacerla añicos. Es bastante temperamental y tiene mucha boca. Puede que nunca logre su sumisión total sin causar daño irreparable a su hermosa piel.

Iré día a día. Huyó de mí, así que lo de devolverla en treinta días queda anulado. Simplemente tendrá que joderse y aguantarse. Entré en el baño principal y abrí el grifo para mi pequeña cautiva. Necesito limpiarla.

Parece una indigente que no se ha duchado en una semana. Tiene el pelo enmarañado y la camiseta sucia. Sus lágrimas de esta noche fueron culpa mía, pero no se las provoqué físicamente. Entiendo por qué está aterrorizada.

Aparecí de la nada y la secuestré. Tiene que saber que no la lastimaré gravemente.

Ya me ha tocado las narices bastante, y me contuve de disciplinarla.

Si fuera cualquier otra, le habría dado con el cinturón en el culo, pero decidí darle algo de tiempo para adaptarse.

El control es lo mío. Soy un hombre muy dominante.

Llevo al mando de mi vida desde los diecisiete años. También tuve la tutela de mis hermanos.

Me cayó encima mucha responsabilidad cuando era apenas un adolescente. No fue fácil cuidar de ellos, pero creo que lo hice bien, teniendo en cuenta mi jodido estado mental. Con la ayuda de algunos parientes, les fue mejor que a mí.

Soy un maníaco del control, y lo he sido casi toda mi vida. No tendría todo lo que he conseguido si fuera más relajado. Dirijo un imperio impresionante, y Kitlyn ahora forma parte de él. Tengo un juguete nuevo y reluciente que hay que pulir y cuidar.

Nunca he tenido una relación a largo plazo, pero estoy seguro de que puedo ser tierno y cariñoso cuando haga falta. Es casi perfecta. Con solo unos cuantos ajustes, la moldearé exactamente como la quiero.

Soy muy exigente y no espero más que obediencia de mi voluntariosa mascota. No le permitiré hacer berrinches cuando le venga en gana.

Eso es un comportamiento inaceptable y no lo toleraré. Mis mayores fetiches son el control y la degradación. Hay algo en una mujer suplicando piedad que despierta a la bestia que llevo dentro. La chica será todo un desafío; lo veo venir. Estoy más que listo para aceptar el reto.

Regresé al dormitorio. Seguía tumbada en silencio, con los ojos yendo de un lado a otro entre la habitación y yo. Estaba observando su entorno, probablemente buscando una salida. No había ninguna.

Todo está bien cerrado. De mi prisión no se escapa nadie.

Espera a que vea la habitación insonorizada que construí para ella.

Es exactamente como la mía, pero las paredes son un poco diferentes.

Eso puede hacerla perder la cabeza, pero calmaré sus miedos cuando llegue el momento.

Aunque no hay casas cerca, no puedo arriesgarme a que alguien oiga sus gritos o berrinches.

Una vez que la lleve a la isla, puede correr como una loca, me da igual.

No habrá nadie cerca para oír sus gritos.

Me planté frente a ella, sonriendo. Sé que soy intimidante, así que no me sorprende que se encoja.

—Bien, mascota. Es hora de meterte en la bañera. Quítate la ropa para que pueda limpiarte esos pies antes de que se infecten.

Abrió los ojos de par en par y se le puso la cara roja.

—¿Qué? No necesito que tú me bañes. Ya me encargo yo de mi baño. Tengo los pies llenos de cortes, pero no estoy lisiada. Puedo cuidar de mí misma, gracias.

Levanté las cejas y fruncí el ceño.

—Escucha, Gatita, se está haciendo tarde. Te vas a bañar y yo te ayudaré con esos malditos pies. Ahora, o te levantas y te quitas la ropa, o lo hago yo.

Me importa un carajo su maldito pudor. Hará lo que se le diga cuando se le diga.

—No tienes por qué avergonzarte. Te he visto desnuda muchas veces en los últimos tres meses. Incluso te vi tocarte cuando me colé en tu dormitorio y me escondí en el armario, ¡así que vamos ya!

Eso no era verdad. La vi por las cámaras, pero nunca le dije que tenía acceso a ellas.

No estaba de humor para más tonterías. Estaba cabreado y mi voz sonaba cortante.

—Se me está agotando la paciencia. Solo quiero prepararte para dormir y dejarte arropada.

Se le subieron los colores cuando le dije que la había espiado en sus momentos más íntimos, y me importaba una mierda. Había sido un día largo y me estaba quedando sin fuerzas, así que era hora de que mi mascota se fuera a dormir.