Observador oscuro (Aurora Scalviati 2) Capítulo4
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Capítulo4

El cuerpo del hombre estaba erguido, colocado frente al ángel de piedra, pero era como si él mismo tuviera las alas desplegadas.

Eran sus costillas, separadas de la columna vertebral, extendidas y, junto con la piel de la espalda, ancladas con ganchos en los extremos de la estatua para mantener el cuerpo de pie.

Solo llevaba un pantalón. También llevaba los pies descalzos. Tenía los brazos por delante del vientre y las muñecas atadas con bridas, tan apretadas que se habían incrustado en la carne.

Tenía la cabeza inclinada hacia delante, los ojos semicerrados y las facciones contraídas por la tortura que había soportado. No había podido gritar porque le habían cosido los labios con aguja e hilo.

Aunque sobrecogida por el horror, Aurora resistió la tentación de apartar la mirada. Tragó saliva para evitar una arcada y trató de recordar las enseñanzas de Isaak Stoner sobre separar las emociones de la racionalidad.

Pero era imposible permanecer indiferente ante semejante espectáculo de violencia sin precedentes. Alguien había utilizado aquel cuerpo humano como un objeto, el objeto de su obsesión.

Aurora no tenía ninguna duda, era la composición de un psicópata. Alguien que, al final de su trabajo, había dejado una marca indeleble en la piel de la víctima.

Había tatuado una inscripción en el pecho, compuesta en caracteres góticos similares a los de los antiguos manuscritos iluminados de los amanuenses.

Una inscripción que gritaba su nombre.

«Aurora Scalviati».