Objetivo, poner un parisino en mi vida Capítulo 29
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Capítulo 29

Tina

Señor, dame paciencia, porque como me des fuerza, lo estampo contra la pared. Este tío no podía ser más gilipollas, de verdad. Si lo lleváramos a un concurso, lo echaban por profesional.

Los dejé allí, y me puse a colocar los hilos que traía en el expositor correspondiente, antes de que se enredaran y tuviéramos que lamentar pérdidas, que eran hilos industriales y valían una pasta.

—¿Es este el diseño que te ha presentado Samantha? —Escuché que le preguntaba Alain a su cuñado.

—¿Cómo lo tienes tú? De verdad, hasta ahí llega vuestra obsesión por acabar con ella.

—Lo tengo porque es mío, de una colección antigua que deseché antes de presentarla porque tenía un fallo que era imposible de corregir sin afectar al diseño de la prenda.

—No me lo puedo creer. ¿Hasta dónde vais a llegar por defender a esta mujer?

—Déjalo, Alain, no hay más ciego que el que no quiere ver —le dije, como quien no quiere la cosa, mientras que seguía colocando todo.

—Exactamente eso, señorita Durán. Pero, en este caso, no soy yo el ciego, sino mi familia.

—¿Quieres comprobar que lo que te digo es cierto? Pues tan solo tienes que coger el diseño y llevarlo a confección, las modistas se darán cuenta de manera inmediata de dónde está el fallo.

—Eso puedes habérselo oído a cualquiera, Alain, no me vale.

—¿A quién, Jean Paul? Es más, para que veas que no miento, te diré exactamente dónde falla el diseño.

Salí a por más cajas, puesto que no quería seguir oyendo tonterías, y me di de frente con Emma y con su hija, que estaban sentadas afuera del taller, en un banquito de piedra precioso que había.

—¿Sigue en sus trece? —Me preguntó Emma, algo disgustada.

—Completamente. Es más, ha llegado a insinuar que ha sido Alain el que se ha hecho con el diseño de Samantha, y no al contrario.

—Este hijo mío es tonto.

—No, mamá, no es tonto, simplemente está cegado con esa mujer, que no sé lo que le ha dado, te lo prometo.

—Bueno, yo continúo, que quiero dejar todo listo antes de que termine el día, para poder empezar a trabajar mañana mismo.

—Hija, que las telas no se van a mover de ahí.

—No, pero tenemos que hablar también del tema del local y de cómo nos vamos a hacer con él.

—El local del que te ha hablado Alain es de su hermano, y no creo que le diga que no a su propia sangre, aunque la relación no sea muy fluida entre ellos.

—No lo sé, me dijo que tenía que hablar con alguien, pero no me dijo con quién era.

Estábamos hablando cuando vimos salir a Jean Paul de la casita de invitados. Lo hizo con el gesto de enfado, como si su cuñado intentara engañarlo, cuando más bien era todo lo contrario.

—Me marcho a mi casa. ¿Os venís?

—No, nosotros nos quedamos. Tu padre ha pedido comida al restaurante de comida italiana. Pensábamos que te quedarías a comer con nosotros.

—No me apetece sentarme a comer con gente que pretende destruirme, tanto laboral, como personalmente.

—¿Sigues pensando lo mismo?

—Por supuesto, y lo que me ha mostrado Alain no prueba nada.

—Eso, quizás no, pero… ¿por qué no miras las cámaras del vestíbulo y ves quién le da ese diseño a tu querida Samantha?

—No tengo que mirar nada más. Tengo todo más que claro que esto es un complot que habéis formado entre todos para destruirla, y no lo voy a permitir.

—¿Perdona? —le preguntó Emma.

—Sí, mamá, lo siento, pero es así. Te guste o no te guste, es la madre de mi hijo y tendrá todo mi apoyo, siempre, aunque, de momento, no seamos pareja.

Os prometo que casi se me cae la caja de las manos. Sabía que lo estaba diciendo por hacerme daño y, lo peor, es que lo estaba consiguiendo. No sé ni cómo pude aguantar las lágrimas ni el nudo que se me formó en el estómago, pero no me lo pensé, me giré y les dije algo a todos.

—Se terminó. No quiero que se vuelva a nombrar a esa mujer en mi presencia.

—No puedes dejar que esa mujer se salga con la suya —me dijo Jade, enfadada.

—Tina, Samantha te está haciendo mucho daño, está haciendo creer a mi hijo algo que no es cierto —dijo Emma.

—Si él dice que yo he vendido la colección, ya se demostrará que yo no fui. Si para él ella es la mejor diseñadora de la empresa, también podrá comprobar que no es así cuando le toque diseñar la próxima colección.

—Qué postura más oportuna, ¿no crees? —Me preguntó él, con cierto retintín.

—Lo único oportuno es que haya aparecido ese diseño cuando no tenía nada, hermanito —dijo Jade.

—Jade, de verdad, yo tan solo quiero salir adelante con mi esfuerzo y con mi trabajo. Lo demás me da igual y por eso, te voy a pedir un favor enorme.

—Dime, porque si está en mi mano, lo tendrás.

—Es muy fácil pedir favores cuando el dinero le cuesta a otro —murmuró, y tuve que hacer un gran ejercicio de contención para no darle una bofetada con la mano abierta, os lo prometo.

—Quiero que no hagáis nada más para desenmascarar a esa mujer. Lo hará ella sola y en el momento justo; se acabó.

—Si eso es lo que quieres, te prometo que ya no le tenderé más trampas.

—¿Tender más trampas? ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que las trampas te las está tendiendo esta mujer a ti, a vosotros, mejor dicho?

—Sigue así, cariño mío, que, del batacazo que te vas a pegar, no vas a saber cómo recuperarte —le dijo Gabriel, dándole una palmadita en el hombro a su hijo.

Jean Paul se giró, miró a sus padres y se marchó. No dijo nada más, tan solo se montó en el coche, arrancó y salió de allí como alma que lleva el diablo.

—Venga, corazón mío, que aquí no ha pasado nada —me dijo Valeria, dándome un abrazo.

—Sí, ni ha pasado ni va a pasar, te lo aseguro.

Entre todos, montamos lo que faltaba del taller, dejando una habitación para la confección de la ropa, otra para el diseño y la más pequeña, a modo de probador; de esta forma, el salón quedaba para recibir a las clientas, al menos, de momento.

—Quiero hacer un vídeo promocional y abrir una página con vuestra nueva firma, pero, para eso, primero tenéis que tenerla registrada —nos dijo Jade.

—Ya he hablado con el abogado; mañana mismo vendrá para dejar listo todo el tema legal.

—Jade, si haces eso, puede ser dañino para tu empresa; generaría un conflicto de intereses.

—No, porque yo no voy a salir. Simplemente me encargaré de todo el tema de la grabación, la edición y la subida del vídeo a las redes.

—Eso es una gran idea, hija. Tenemos que hacer que esta nueva firma brille con luz propia.

—Lo hará, mamá. Tan solo tienes que ver las ideas que tienen los dos; se complementan a la perfección.

El día pasó así, entre bromas y risas, hasta que llegó la hora de acostarse, en la que, de nuevo, en la intimidad de mi cama y con mi almohada como único testigo, dejé salir todo el dolor que tenía dentro, y lo hice en forma de lágrimas, hasta que me quedé dormida.

Cuando me desperté, Valeria ya se había marchado a trabajar y Alain todavía no había llegado, por lo que me di una ducha rápida y me senté a desayunar.

No me apetecía café, y eso era raro en mí, pero solo de pensar en el olor, me entraba una fatiguita horrorosa, así que me preparé un zumo de naranja y un par de tostadas con mermelada de fresa.

Me las comí como si no hubiera probado bocado en tres días, y me preparé otras dos más. Debían ser los nervios, que, de siempre, me habían dado por comer, aunque tendría que controlarme un poquito, o me pondría como una vaca lechera.

En cuanto que me sentí saciada por completo, salí y me fui al taller. Alain tenía llaves tanto de la verja de fuera como del taller, así que ya vendría cuando quisiera.

No tardó mucho en llegar, y cuando lo hizo, venía acompañado del abogado que nos dijo Gabriel el día anterior.

—Perdón por la tardanza, pero es que hemos ido a presentar los documentos de la constitución de la sociedad y del registro de la marca.

—¿Ya lo habéis hecho todo?

—Bueno, tan solo falta tu firma digital porque lo demás ya lo teníamos.

—En realidad nos los ha facilitado Jade, que tenía todos tus datos en la base de la empresa —me dijo el abogado.

Ya nos conocíamos, pues él había sido el encargado de formalizar mi contrato en España, así como el de colaboración con mis padres.

Por supuesto, todo eso quedó anulado de manera inmediata después de mi despido. Además, mi hermano había puesto a los mejores investigadores del país a trabajar en el caso de la venta de la colección.

Alguien había tenido que hacerlo, porque yo no tenía ni idea de quién era el hombre con el que me acusaban de haber tenido espionaje industrial. Por ese lado, estaba tranquila porque, más tarde o más temprano, todo saldría a la luz.

El abogado también traía el contrato de alquiler del local. Al final, su hermano había decidido que sí que lo alquilaría, pero no a él, sino a mí.

—Mi hermano es un tipo un tanto peculiar, ya lo conocerás.

—No tengo ningún problema en que el contrato de alquiler esté a mi nombre.

—Te explico el motivo. Según él, si no pagamos y el contrato está a mi nombre, su ética moral le impediría solicitarme que pagara, mientras que, si está a tu nombre, y como contigo no tiene ningún lazo…

—Tiene su lógica. Es un hombre que piensa.

—No, es un hombre que está como una cabra. No me extrañaría nada que cualquier día apareciera por la tienda y le comprara algo a su mujer, pero no me lo pediría a mí, porque diría que me está obligando a dárselo gratis.

—¡Me muero por tener una charla con él!

—Después no quiero que me pidas la hoja de reclamaciones, te lo advierto.

En la empresa habíamos puesto cada uno un capital inicial para ponerla en marcha, y ya iríamos viendo si necesitábamos una inyección más de capital o con ese era suficiente.

El dinero que pusimos nos dio para pagar el alquiler más el mes de fianza, poner el wifi en el taller y ampliar un poco más el muestrario de tejidos. Ahora, nos tocaba ponernos a trabajar en el diseño del local. Los dos queríamos que tuviera una imagen fresca, elegante, pero no aburrida.

Nos llevó algo de tiempo dar con lo que estábamos buscando, pero en el momento en el que lo tuvimos claro, no nos lo pensamos y lo enviamos a la empresa que se iba a encargar de las etiquetas, el rotulado exterior y el interior.

—Creo que debemos ir a buscar las estanterías y demás. ¿Estás dispuesta?

—Nací dispuesta, chaval. Espera a que me cambie y ahora mismo nos vamos.

Teníamos varios diseños preparados para confeccionar, y eso me tocaría hacerlo a mí más tarde, cuando viniéramos de vuelta de comprar y dejar todo en el local.

Me sentía ilusionada con todo, y eso se reflejaba en mi trabajo, pues mis diseños eran más dinámicos, tenían como más vida, y eso me gustaba, y mucho.

Tardamos más de dos horas en comprar todo lo que íbamos a necesitar, y por eso, se nos vino encima la hora de comer.

—Ahí hay una hamburguesería muy buena, ¿comemos?

—Por supuesto. No sé lo que me pasa últimamente, pero es que no puedo parar de comer; tengo hambre a todas horas.

Alain levantó una ceja y me miró de una forma muy gráfica que me hizo soltar una carcajada.