Obedece en la Mansión (Sumisa de Lujo nº 2) CAPÍTULO 7 Unidas sudores compartidos en la mazmorra
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CAPÍTULO 7 Unidas sudores compartidos en la mazmorra

Helena desengancha las correas del arnés.

Un chasquido seco.

Alma cae de rodillas sobre el suelo de goma.

Las piernas sin fuerza.

El cuerpo todavía convulsionado por el último orgasmo.

La dueña de la mansión la levanta sin esfuerzo.

La lleva hasta la cama baja de cuero negro.

Está en la esquina de la mazmorra.

La tumba de espaldas.

Le dobla las piernas contra el pecho.

Las ata con correas gruesas.

Deja su coño y su ano completamente expuestos.

Vulnerables.

—Qué puta te ves así —murmura Helena.

Pasa los dedos por el coño hinchado y brillante de Alma.

—Abierta. Mojada. Lista para mí.

Coge el doble dildo negro de silicona.

Largo y grueso en ambos extremos.

Se lo introduce primero a sí misma.

Hunde una de las cabezas en su propio coño.

Un gruñido bajo de placer.

El otro extremo queda apuntando hacia fuera.

Pesado y brillante de lubricante.

Se sube encima de Alma.

Alinea el falo libre con su ano.

—Respira —ordena Helena.

Voz baja y firme.

—Ábrete para mí.

El primer avance es lento.

Deliberado.

El cabezal ancho fuerza la entrada del ano de Alma.

Estira el anillo muscular.

Una presión implacable.

La joven suelta un gemido largo y tembloroso.

El grosor empieza a invadirla.

Centímetro a centímetro.

El dildo se abre paso por su interior.

Más grueso y más profundo que el plug anterior.

Helena se hunde hasta el fondo.

El dildo las une de forma brutal.

Ambas sienten el peso y la rigidez del objeto que las atraviesa.

La millonaria comienza a moverse.

Cada embestida hace que el dildo entre y salga del ano de Alma.

Un ritmo húmedo y constante.

El otro extremo se mueve dentro del coño de Helena al mismo compás.

Las dos están conectadas.

Cada golpe de cadera de Helena las folla a las dos al mismo tiempo.

—Joder… qué abierta estás —gruñe Helena.

Clava las manos en los muslos de Alma.

—Siéntelo. Siénteme follándote el culo mientras yo me follo a mí misma con tu cuerpo.

El ritmo se vuelve más salvaje.

Helena clava el dildo con embestidas profundas y rápidas.

La sumisa tiembla sin control debajo de ella.

El ano apretando con fuerza alrededor del grosor que la invade.

El placer se vuelve demasiado intenso.

—Helena… —suplica Alma.

La voz rota.

—Me voy a correr…

—Hazlo —responde Helena.

No se detiene.

—Córrete con mi polla en el culo.

El orgasmo atraviesa a Alma con violencia.

Su cuerpo se arquea.

Su ano se contrae en espasmos fuertes y rítmicos alrededor del dildo.

Un grito largo y roto sale de su garganta.

Las contracciones viajan a través del objeto hasta el interior de Helena.

Siente cómo su propio coño es estrujado con fuerza.

El placer la golpea de lleno.

Helena se corre con un gemido grave y gutural.

Su coño pulsa alrededor del dildo.

Sigue follando el culo de Alma a través del orgasmo.

Las dos tiemblan juntas.

Unidas por el mismo objeto.

Los cuerpos pegados.

Los pechos rozándose.

Los gemidos entremezclados.

Helena respira agitada sobre ella.

Con movimientos lentos, tira del doble dildo hasta sacarlo de ambos cuerpos.

Alma queda con el ano abierto y sensible.

Latiendo.

La dueña de la mansión se incorpora.

Coge un strap-on grueso y pesado.

Con dos bolas firmes en la base.

Se lo ajusta con rapidez alrededor de las caderas.

Da la vuelta a Alma sobre su lado derecho.

Le levanta la pierna superior.

La dobla hacia adelante.

Deja su coño hinchado y brillante completamente expuesto.

—Ahora te voy a follar el coño —dice Helena.

Se coloca detrás de ella.

—Y quiero que te corras otra vez.

Alinea la cabeza ancha del falo con la entrada vaginal de Alma.

Empuja de un solo golpe profundo.

Alma suelta un gemido ahogado.

El grosor la estira.

La llena por completo.

Helena empieza a follarla con embestidas firmes y constantes.

La agarra por la cadera.

Cada vez que clava las caderas hacia delante, las bolas de la base del strap-on golpean y rozan con fuerza contra su propio clítoris hinchado.

El roce constante la va llevando al límite.

Rápidamente.

La joven se corre primero.

Su coño se contrae con fuerza alrededor del falo grueso.

El cuerpo temblando entre jadeos entrecortados.

La sensación de ese apretón violento empuja a Helena al orgasmo.

Con un gemido grave, Helena se corre también.

Su clítoris pulsa contra la base del arnés.

Sigue follándola a través de las últimas embestidas.

Los cuerpos unidos y sacudidos por el placer.

Cuando termina, Helena se queda dentro de ella unos segundos más.

Respira agitada contra su cuello.

Alma ya no sabe dónde termina su cuerpo y dónde empieza el de Helena.

Solo existe el placer.

El dolor dulce.

La certeza de ser completamente poseída.

Cuando la primera luz del amanecer se filtra por las rendijas altas de la mazmorra, Alma yace exhausta sobre el cuero negro.

El cuerpo cubierto de sudor, marcas y fluidos.

El coño y el ano abiertos.

Latiendo y chorreando.

Helena se tumba a su lado.

Desnuda y brillante de sudor.

Acaricia lentamente su pelo húmedo.

—Una noche entera —murmura contra su oído.

La voz ronca.

—Y sigues aquí. Rota. Adicta. Mía.

Alma cierra los ojos.

Una sonrisa débil y temblorosa aparece en sus labios.

—Sí… —susurra.

La voz rota.

—Soy tuya.