Obedece en la Mansión (Sumisa de Lujo nº 2) CAPÍTULO 3 Las amigas de Helena función privada en el salón
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CAPÍTULO 3 Las amigas de Helena función privada en el salón

Helena abre las puertas de roble del salón principal.

El aire cambia de golpe.

Cargado de un perfume caro y denso.

El espacio es un templo de poder.

Tres sofás de terciopelo rodean una mesa baja de cristal.

Sobre ella, tres copas de vino tinto.

En el centro exacto, bajo una lámpara de araña que proyecta sombras largas, Helena coloca a Alma.

—Quédate aquí.

De pie.

Piernas separadas.

Manos a los costados.

No te muevas hasta que yo lo diga.

Alma obedece.

El corazón le golpea las costillas como un tambor de guerra.

Su cuerpo desnudo ya lleva pequeñas marcas de la cocina.

Los nervios le retuercen el estómago.

Pero la excitación le moja los muslos internos.

Un hilo constante y caliente que no puede detener.

Dos pares de tacones altos resuenan en el pasillo.

Entran al salón como reinas conquistadoras.

Sofía es alta.

Piel morena.

Cabello negro recogido en una coleta que acentúa sus pómulos afilados.

Lleva un pantalón negro que marca sus caderas poderosas.

Valeria, más baja, pero con curvas explosivas.

Pelo rubio platino suelto hasta la cintura.

Vestido rojo ceñido, como pintado sobre su cuerpo.

Ambas irradian curiosidad sádica al ver a la nueva de pie y desnuda en el centro de la sala.

—Mírala, Helena —ronronea la morena, dejando caer su bolso de diseño sobre un sofá.

Se acerca lentamente.

—Es aún más deliciosa de lo que contaste.

La rubia rodea a Alma como un depredador.

Pasa un dedo por su columna vertebral.

Se detiene justo encima del coxis.

Su uña rasca la piel con suavidad amenazante.

—Quiero verla bailar —dice Valeria—. Quiero que nos muestre si realmente vale la pena antes de tocarla.

Helena se sienta en el sofá central.

Cruza las piernas con elegancia.

Toma una copa de vino.

—Alma. Baila para nosotras. Despacio. Muy despacio.

Alma empieza a moverse.

No hay música.

Solo el latido de su propia sangre en los oídos.

Sus caderas giran en círculos lentos y obscenos.

Las manos suben por sus costados.

Toman sus pechos.

Los aprieta.

Pellizca los pezones que se endurecen como piedras.

Sus muslos se abren más mientras baja en cuclillas.

El sexo completamente expuesto.

Labios hinchados y brillantes, separándose.

Muestran el interior rosado y mojado.

—Miren... miren qué abierta y empapada estoy para ustedes —gime Alma, frotándose lentamente el clítoris—. Señora Helena... sus amigas van a pasarla de maravilla conmigo. No se imaginan lo puta que soy.

—Es perfecta, Helena —ríe Sofía, saboreando su copa—. Ya me tiene loca desesperada.

Alma se gira.

Arquea la espalda.

Separa las nalgas con ambas manos.

Muestra el ano apretado y el coño chorreante a las tres mujeres.

Sus movimientos son intencionadamente descarados.

Gotas de su propia humedad caen al suelo entre sus pies.

Se mete tres dedos en el coño.

Gime mientras lo hace.

Sofía y Valeria aplauden.

Sus miradas queman la piel de Alma.

—Ven aquí —ordena la morena de repente.

Alma gatea hasta quedar de rodillas frente a sus piernas.

Sofía se pone de pie.

Un movimiento felino.

Se quita el pantalón con un tirón seco.

Revela un arnés de cuero.

Sujeta un miembro negro.

Grueso.

Venoso.

Lo golpea contra la mejilla de Alma.

Un sonido húmedo y pesado.

—Chúpalo. Hasta el fondo. Quiero verte babear.

Alma abre la boca.

Lo traga entero.

Siente la punta gruesa tocar el fondo de su garganta.

La morena la agarra del pelo.

Empieza a follarle la boca.

Embestidas profundas y controladas.

La saliva chorrea por su barbilla.

Cae sobre sus tetas.

La rubia se quita el vestido rojo de un solo movimiento.

Se sienta en el borde del sofá.

Abre las piernas.

Su sexo es depilado.

Labios gruesos.

Clítoris prominente que palpita visiblemente.

—Prepárate, cariño. Esto solo acaba de empezar.

Sofía saca el dildo de su boca.

Sin tiempo para que Alma recupere el aliento, la agarra por las caderas.

La tumba boca abajo sobre la mesa baja de cristal.

Las tetas de Alma quedan aplastadas contra la superficie fría y dura.

El culo elevado y abierto como una ofrenda.

Valeria se coloca frente a su cara.

Le abre las mandíbulas con los pulgares.

Presiona su coño caliente y carnoso directamente sobre su boca.

Lo entierra hasta la nariz.

Alma queda con la cara metida en las entrepiernas de la rubia.

Respira a través de la carne empapada.

Su lengua se hunde instintivamente en el interior resbaladizo.

La morena, desde atrás, apunta la cabeza gruesa del miembro contra la entrada del sexo de Alma.

Empuja con un solo golpe brutal.

El grosor la estira hasta el límite.

Las paredes internas ceden.

Un sonido húmedo y carnoso resuena en el salón.

Sofía agarra las nalgas de Alma con ambas manos.

Empieza a follarla con embestidas largas y salvajes.

Saca casi todo el miembro.

Lo vuelve a clavar hasta que sus caderas chocan con la carne blanda del culo de la sumisa.

Cada golpe aplasta más las tetas de Alma contra el cristal.

Sus jugos vaginales salpican hacia atrás.

Gotas gruesas manchan los muslos de la morena.

Valeria se mueve por el frente.

Frota su clítoris hinchado contra la nariz y la lengua de Alma.

Círculos rápidos.

Exigentes.

La rubia explota.

Sus fluidos corren por la barbilla y el cuello de Alma.

Se mezclan con su propia saliva.

—¡TRÁGATELO TODO!

Le ruge la rubia.

Presiona su sexo contra sus labios.

—Muéveme bien esa lengua. No dejes nada sin limpiar.

—¡AHHH... S-SÍ, SEÑORA!...

Balbucea Alma.

La boca desbordada de fluidos.

—Su coño quedará brillante con mi lengua.

Helena bebe el vino a sorbos lentos.

No se pierde ni un detalle.

Las dos dominantes cambian de posición.

Tiran a Alma al suelo.

Sofía saca el miembro del coño.

Un sonido húmedo.

Lo apunta contra el ano de la sumisa.

El ano de Alma se abre lentamente alrededor del grosor.

Centímetro a centímetro.

Hasta que el dildo queda por completo dentro de ella.

Valeria se tumba bajo Alma.

Alinea su propio coño con el de la sumisa.

Empieza a frotarse contra ella.

Un tribbing salvaje.

Clítoris contra clítoris.

Los labios vaginales resbalando uno contra otro.

Fricción resbaladiza y caliente.

Ahora Alma está empalada por el culo con el miembro de la morena.

Su sexo se frota sin piedad contra el de la rubia.

El placer es tan intenso que siente que su cuerpo va a partirse en dos.

Sofía la folla por detrás con golpes cortos y profundos.

Cada uno aplasta más su clítoris contra el de Valeria.

Los tres cuerpos femeninos se mueven en un ritmo perfecto y brutal.

Piel contra piel.

Sudor mezclado.

Fluidos que chorrean.

La mujer de blanco se levanta por fin.

Se acerca.

Mete dos dedos en la boca de Alma.

La hace chuparlos mientras las otras dos continúan incesantes.

Alma siente el orgasmo subir como una ola gigantesca.

Sus músculos internos aprietan el miembro en su culo.

Contracciones violentas que amenazan con expulsarlo.

Su cuerpo se arquea entero.

Las piernas tiemblan sin control.

Un grito largo y ahogado vibra contra los dedos de Helena.

Ella los empuja más profundo en su garganta.

—Dime a quién obedece ese culo que te están destrozando.

Le exige Helena.

Mirándola desde arriba.

—¡A USTED, SEÑORA!

¡MI CULO ES SUYO... Y MI COÑO TAMBIÉN, PERO NO PUEDO MÁS, SEÑORA!

¡ME CORRO!

¡ME ESTOY CORRIENDO!

¡AHHH!

Grita Alma sin control.

Su sexo explota en espasmos brutales contra el de Valeria.

Chorros calientes y abundantes.

Salpican y empapan el sexo de la rubia.

Sofía no se detiene.

Sigue follándola por el culo.

Cada embestida arranca más contracciones de su ano dilatado.

El placer la destroza por completo.

Ola tras ola.

Alma se convulsiona entre las tres.

Babeando.

Completamente rota.

Su cuerpo al límite mientras los fluidos corren por sus muslos y el suelo.

Helena le susurra al oído:

—Te has corrido sin permiso. Mañana lo pagarás en la piscina y hoy… hoy vas a sentir cómo te follamos hasta que no puedas ni pensar.

Las dos invitadas siguen moviéndose dentro de Alma sin piedad.

Prolongan la jornada.

El sol del atardecer tiñe el salón de un rojo intenso.

Alma, exhausta y chorreante, apenas puede escuchar la promesa de la piscina.

Solo sabe que esta noche no dormirá.