Nunca te perdonaré (Recuerda 2) 26 #3
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—Poca cosa. —Warren aprieta los labios—.

Tu tío es el capullo más paciente de la historia.

No hará ningún movimiento en falso, es calculador, actúa con seguridad y mucha planificación.

Deberíamos buscar una forma de agitarlo para conseguir algo porque descifrar sus comunicaciones con Candy no ayuda demasiado.

—Está centrado en sacar a Carl de la cárcel —apostilla Ralph—. Por suerte, el que no esté en Reynolds Oil nos deja más margen de maniobra, pero no tengo ni idea de cómo provocarlo para que dé un paso en falso.

Le doy un generoso sorbo a la bebida mientras analizo la situación.

—Llevamos esperando un avance treinta días y no ha habido nada relevante por parte de sus comunicaciones. —Mi boca da vida a mis pensamientos—. Y como dices, Ralph, deberíamos desestabilizarlo.

—Exacto —corrobora Juliette—. Pero ¿cómo?

Una sonrisa me curva los labios, porque de repente he contestado a esa pregunta. No era tan difícil hacerlo, la verdad, pero mi embotamiento emocional ha afectado a mis neuronas para ralentizarlas.

Les dedico una mirada esperanzada a mis amigos.

—Vosotros sois la clave —anuncio moviendo mis ojos entre Juliette y Ralph.

—¿Qué narices estás sugiriendo? —pregunta él, alterado.

—Teníais un trato con Carl —digo con aceleración—.

Un millón de dólares y un puesto en la compañía para toda la vida si lo ayudabais…

—Los tres asienten, sin comprender todavía a dónde conduce mi idea de repasar lo que ya sabemos—.

Lo hicisteis, le disteis la información de la isla, de mi seguridad, incluso de mi viaje. Y ahora queréis seguir con el acuerdo …

—¡Joder! —exclama Ralph—. ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes?

—¡Vamos a pedirle algo de pasta a Candy! —anuncia Juliette aplaudiendo al comprenderlo—. ¡Y la amenazaremos con contarlo todo si no nos paga!

Al escuchar esa parte de boca de mi amiga me detengo en seco y mi corazón se dispara, con latidos descontrolados. Se me acaba de ir la cabeza, no estoy en mis cabales y les he dado alas para ponerse en peligro. ¿Cómo se me ha ocurrido semejante plan suicida?

Lo de Dorian me afecta a lo grande, mucho más de lo coherente, me ha machacado el cerebro porque yo jamás propondría algo así.

—No lo vais a hacer —sentencio con contundencia, retractándome, dándome un puñetazo mental—. Ni de coña. Se me ha ido la olla, está clarísimo. Poneros vosotros mismos una diana en el pecho no es la solución al problema. Ha de haber otra forma.

—Es brillante —insiste Juls—. No entiendo por qué…

—Madison tiene razón. —Por suerte, Ralph se pone de mi parte y detiene esta locura a tiempo—. Tenemos que ponerlos nerviosos para conseguir una reacción por parte de Albert, pero descubrirnos de esa manera solo empeoraría las cosas.

—Cierto —apostilla Warren—. Todavía no está todo perdido y no les vamos a dar munición para hacer más daño.

—¿Qué nos queda? —Me desinflo al darme cuenta de que volvemos a estar en la casilla de salida, sin nada.

—Iremos a ver a tu prima —propone Juliette, también de bajón—. Le diremos que queremos seguir en el «negocio» y esperaremos el momento adecuado para trazar un plan. Seguro que volverá a surgir la oportunidad.

Asiento dándoles vueltas a sus palabras.

Y entonces pienso en cómo es mi prima, en las pocas ocasiones en las que ha actuado de una forma irreflexiva, en su pasión oculta y vibrante, en sus sentimientos ardientes en vez de comedidos como los de los hombres de su familia, en cómo es capaz de controlarse menos veces porque sus impulsos son mucho más fieros que los de su familia.

Es una mujer inteligente … Pero, quizá, si la provocamos lo suficiente, conseguiremos desatar esa vena emocional que se oculta tras su autocontrol, y entonces…

—Candy no es como Carl, es más apasionada —explico mientras ordeno mis ideas—.

Por primera vez en mucho tiempo no tiene supervisión cercana de su familia, está completamente sola y al mando, y ella siempre ha deseado ser más que una segundona a la sombra de Carl.

Estoy segura de que hay más gente ayudándolos, pero mi prima no suele obedecer a nadie que no sea su padre o su hermano.

Y si le damos un aliciente para creer que puede demostrarles su valía…

—Es una idea brillante —secunda Ralph con una amplia sonrisa—. Candy quiere deslumbrar a su padre y a su hermano, porque por una vez está al mando, y podemos ponerle un caramelito en la boca…

—¡Funcionará! —se emociona Juls.

—¡Seguro! —interviene Warren.

Nos pasamos un rato ultimando los detalles de ese plan, que es el más lógico ahora mismo, de cómo se acercarán a ella, de sus pasos.

Warren nos aporta bastantes ideas útiles, y terminamos charlando de todo y de nada, como un grupo de amigos cualquiera.

Cuando me meto en la cama unas horas después, mi mente vuela a Dorian.

Como cada noche le dedico unos instantes de reflexión antes de enfrentarme al insomnio diario, echándolo tanto de menos que me ahoga su lejanía.

¿Quién era la rubia? ¿La quiere? ¿Ha vuelto a verla a pesar de haber cortado la comunicación a través de los mensajes?

¿Piensa en mí? ¿De verdad lleva este tiempo buscándome?

¿Se arrepiente? ¿Alguna vez podremos querernos sin dolor?

Ojalá pudiera desenchufar mi cerebro, cuando apago la luz, se vuelve perverso…