26
MADISON
Un mes es mucho tiempo para algunas cosas, pero es insignificante para sanar un corazón.
El mío sigue tan roto que no sé si alguna vez volverá a latir sin sentir el peso de su incapacidad para mantenerse entero.
Pero debo encontrar el aplomo necesario para seguir adelante o me hundiré.
Y en mi vida ya hay demasiado sufrimiento como para sumarle otro nuevo.
Miro la aguja que perfora mi piel para dejar la marca de otra pérdida, la que ha cavado el mayor agujero de mi corazón. Una D dentro de unas llamas, porque su amor es fuego y me ha quemado demasiado.
Esta vez hemos terminado de verdad.
Rompí lo nuestro antes de que él lo terminara de destruir.
Comprendo que su forma de encajar los golpes dista mucho de la mía, el sexo y la traición marcan sus reacciones, pero en una historia de amor hay dos personas capaces de tomar decisiones, y ambos nos hemos equivocado en las nuestras.
Escucharlo en brazos de otra esa tarde me fragmentó de una forma devastadora y me permitió enfrentarme a la realidad, a cómo las acciones de cada uno de los dos han acabado por destruir la posibilidad de mantener una relación sana.
Dejo que el tatuador trabaje con tranquilidad mientras fuerzo a mis lágrimas a rebajar su intenso deseo de apropiarse de mis ojos a cada segundo, porque son muy molestas, me recuerdan lo jodida que estoy.
Me traen de nuevo todas y cada una de las roturas que me han sacudido durante demasiados años.
Y me recuerdan mis errores, cómo dejé morir su amor a cambio de las mentiras.
—¿Te hago daño? —pregunta el chico que tiene la aguja en su mano al escuchar un sollozo que intento reprimir sin éxito.
—No. —Sacudo la cabeza—. He pasado un mal día, eso es todo.
Me oculto bajo la capucha, incluso aquí dentro, a pesar del calor sofocante que hace. La idea de dejarme ver me asusta, pero supongo que ha notado mis lágrimas sin necesidad de verlas. Así de patética soy últimamente. Y debo parar de hacerme daño, detener mi avance hacia la autoflagelación.
Quizá debería haberle dicho la verdad a Dorian en algún momento de nuestro idílico tiempo juntos en la casita frente al lago, puede incluso que mi forma de actuar provocara su cabreo, pero no puedo perder de vista quién tomó la decisión de hundirse en esa chica, de hacerla gemir a lo bestia, de actuar siempre con esa crueldad.
Porque es desalmado y mezquino dejarme por mensaje y tirarse a otra nada más llegar a la universidad.
¿Cuántas más ha habido este verano? ¿Acaso me ha dado la oportunidad de defenderme o de contarle mi versión?
«Aunque lo hubieras hecho, tampoco estaríais juntos. Tú la cagaste primero, permitiste que viviera una mentira y lo destruiste al desaparecer».
Silencio mi voz interior. Me niego a admitir que mi secreto puede ser mil veces más devastador que su polvo con esa chica, con la misma que se ha pasado el verano chateando, hablando por FaceTime, empezando algo…
Recibo un flash de ese día, cuando fui a Austin para hablar con él y estaba tan decidida a desvelarle mi identidad, a no ocultarle nada más, a abrirle de par en par mi corazón…
Saberlo con otra me destruyó como jamás creí posible.
Lo vi llegar con el coche, buscarme con la mirada, entrar en la portería y lanzarse en brazos de una chica.
Sentí como si me atravesaran con un hierro candente y no fuera capaz ni de chillar.
No le pude ver bien la cara, el cristal de la entrada apenas me daba una visión parcial, y encima llevaba gafas de sol y una capa con una capucha liviana.
Pero no me importa darle una identidad a esa tal Bella, porque no tiene ninguna relevancia, ni me va a devolver la serenidad ni a ayudar a digerir lo sucedido.
Nunca entenderé por qué en estos casos se culpa al otro y no a tu pareja. Quiero pensar que el único culpable es él. Pero también están mis mentiras…
Había leído sus mensajes durante el verano, ese intercambio de palabras, cómo Dorian a veces le hablaba de mí con una rabia intensa o le contaba cosas de su día a día o le enviaba un audio.
Y sí, había atisbado el flirteo entre ellos, incluso había ardido de celos en muchos momentos, pero no estaba preparada para ese beso ni para lo que vino después.
Aunque conozco a Dorian y debería haberlo imaginado. Recordar esa parte me rompe otra vez.
Tener monitorizados todos sus dispositivos me ha mostrado su relación, sus contactos mientras ignoraba mis mensajes. Y sí, quizás el resquemor está ofuscándome y no me deja ver hasta dónde llega mi traición hacia él. Pero está ahí y algún día nos atrapará.
En mi afán por conocerlo todo acerca de él, indagué al máximo en el móvil de esa tal Bella, pero no había nada acerca de ella.
Ha cambiado de número y de dispositivo, no tiene un contrato, ni fotos ni nada que pueda darme una pista de quién es o de cómo piensa, solo la vi de refilón ese día y encontré las comunicaciones con Dorian como único uso de ese teléfono.
Es tan extraño…
Pero hace un par de semanas decidí dejar de intentar averiguar algo más acerca de ella, de él, de su vida. Me hacía daño y necesito avanzar, dejar a Dorian atrás y continuar con mi vida sin él.
Recreo de nuevo esa tarde, cuando lo vi subir a su apartamento con la rubia y la parte masoquista de mí los espió detrás de la puerta.
Me conecté a su móvil secreto a través de una aplicación y activé el micrófono.
Estaba demasiado lejos y no distinguía bien los tonos de voz, solo escuchaba un sonido distante, pero los gemidos los oí con claridad porque eran fuertes, potentes, claros…
, y ni la puerta logró mitigarlos. Tampoco conseguí verle la cara a la chica cuando salió porque me escondí entre las sombras, solo me fijé en al gunos mechones rubios que asomaban bajo la capucha.
Luego pasé unos minutos decidiendo si entraba o no.
Muerta. Derruida. Consumida por un amor que solo nos lastima. Sin salida.
Al final entré, porque necesitaba afrontar que de verdad habíamos terminado.
Dejarlo atrás, admitir el fin en voz alta, salir de esa casa sin besarlo, sin tocarlo, sin volver a tenerlo.
Fue como si me arrancaran una parte de mí, y más al enfrentarme a sus ojos, a cómo le afectó mi decisión, a cómo descubrí que se había dado cuenta tarde de la repercusión de sus actos.
Que se había arrepentido en el acto. Cierro los ojos para espantar los recuerdos. Me llevan atormentando desde ese día.
Él ha intentado encontrarme, me ha mandado mil mensajes a nuestro móvil secreto, pero lo he desconectado, aunque tengo pirateado el suyo y me conozco de memoria cada una de sus palabras; ha acudido con asiduidad al circuito de Warren para interceptarme, les ha preguntado a Juls y a Ralph, ha conducido hasta nuestra casa del lago demasiadas veces.
Cuando la gente habla de cómo nos afectan las rupturas y anuncia que enfrentarse a una traición semejante anula las ganas de estar con la otra persona, no tiene ni idea de cómo funciona en realidad.
Lo amo. A pesar de todo, sigo queriéndolo.
Eso no desaparece por mucho que lo quiera dejar atrás, y es lo peor porque el deseo es perverso, se apodera de mí, me insta a soñar con él, a no quitármelo de la cabeza.
Y, a la vez, sé que debo mantenerme alejada de él.
Media hora después pago el tatuaje, me subo a mi moto y regreso a casa, donde me esperan mis amigos, los únicos en quienes puedo confiar.
Conduzco con la intención de deshacerme de mi dolor para encarar la necesidad de encontrar a Albert de una jodida vez, para desmantelar sus amenazas, para liberarnos de él. Porque llorar y sentirme al borde de la desesperación no me salvará. Pero es tan difícil conseguirlo…
Carl sigue en una cárcel tailandesa, acusado de tráfico de droga, aunque imagino que no tardarán en liberarlo porque Albert encontrará la manera de sacarlo de ahí, ya sea por una vía legal o enviando a alguien para ayudarlo a escapar .
Mi familia me investigó muchísimo tras la detención de Carl, por eso no pude salir de la isla antes de lo previsto para ir en busca de Dorian.
A nadie le cuadraba la versión oficial, Carl tampoco se acordaba de nada ni tenía idea de cómo acabó despeñado y con el maletero repleto de cocaína que todas las pruebas indicaban que había comprado en la red oscura.
Sospecharon de mí desde el primer momento, en vez de centrarse en Juliette y Ralph, que conocían de sobra el viaje de mi primo, o en cualquier otro.
Incluso enviaron a un hombre a interrogar a mis empleados de la isla, por eso hice la mayor actuación de mi vida cuando me enteré de lo sucedido por boca de Candy y me pasé dos semanas con viajecitos al continente, haciendo ver que intentaba ayudar al capullo de mi primo.
Y, a pesar de que mi versión se corroboró, porque nuestra planificación fue perfecta, siguieron culpándome. Me consuela pensar que como mínimo logramos ejecutar un plan sin fisuras y no tienen nada sólido para sustentar esas sospechas.
Ahora nos queda encontrar a Albert.
Nadie sabe que tenemos información acerca de cómo se comunica con su familia, ni que hemos descifrado todos sus últimos mensajes, sus comunicaciones con Candy, su rabia por no conseguir desvelar qué sucedió en Tailandia de verdad ni mi conexión con ello.
Porque, a pesar de haber removido cielo y tierra para demostrar mi culpabilidad, no ha podido, y eso lo llena de ira.
Durante este largo mes me he dedicado a rastrear cómo llegan los escritos en clave al periódico, pero a pesar de hackear la web del rotativo y sus cuentas bancarias, no he conseguido absolutamente nada.
Los mensajes nunca han pasado por el servidor, lo que me indica que no se han enviado por un método digital y que probablemente mi tío usa medios analógicos.